El pasado mes de octubre se celebró la Semana de la Moda bilbaína. El lugar, diversos establecimientos de la polifacética Bilbao. El espacio principal fue el centro comercial de Zubiarte, donde hubo personal shoppers y asesores de imagen gratuitos. Un evento multitudinario donde los ciudadanos de Bilbao y alrededores estuvieron ansiosos por dejarse aconsejar en lo que a moda se refiere. Al mismo tiempo, la ciudad recibió con los brazos abiertos la cuarta edición del festival JET LAG. Una fiesta de dos días repleta de creación, moda, sorpresa y espectáculo; ideas y aplausos.

La velada comenzó el 30 de septiembre con espectáculos callejeros de Kalemonsters, graffitis Urban Knitting y performance 100% Fragmentados. El ambiente de Bilbao La Vieja era muy bueno. La gente, como si de una bocanada de aire fresco se tratara, acogió con admiración a todos los grupos que participaron. Ideas que nadie entendía, música dispar, prendas demasiado nuevas para sus ojos… Bilbao siempre sorprende a los suyos.

Yo vi cada espectáculo desde dentro, desde el backstage –pequeño y estrecho donde los haya- de la iglesia reformada de Bilborock.  Llevaba un par de horas de ese viernes ahí metida, desde las cinco de la tarde exactamente. Había asistido a clase, comido e ido corriendo hasta allí. Debíamos estar tres horas antes del desfile de moda Miradas Urbanas. Allí nos esperaban los creadores de aquel “evento de estilo”: Maitane Galarraga, la diseñadora y dueña del Estudio Cultto -en la calle Dos de Mayo-, y Jon Txomin Enciondo, el fotógrafo y diseñador. Éramos catorce personas -chicos y chicas- dispuestas  a desfilar con su nueva colección de ropa. Tejidos delicados con imágenes de Bilbao vistas a través de caleidoscopios. Colección Prisma, se llamaba. Idea singular y precisa.

Pude ver en primicia las pruebas de sonido del grupo Two Mules and a Rainbow, que tocarían en directo a las 22.30 de la noche. Eso me animó aún más para realizar nuestro desfile con energía. Hacia las 19 horas, la iglesia de Bilborock comenzaba a llenarse. Nosotros, los modelos, atendimos las instrucciones de Maitane y Jon. No puedo decir que “nos peinaran” ya que nuestro cabello estaba hecho un nudo en la parte superior de la cabeza. Cómo único maquillaje, los ojos de negro y lentejuelas pegadas por la cara -que nosotros mismos nos encargamos de colocar- con una espesa crema Nivea. Calor, nervios, miedo de caernos o torcernos el tobillo… deberíais haber visto lo que llevábamos como calzado: unas cuñas de madera de unos 15 cm. de alto, sujetas a nuestros dedos con cordones. Muy primitivo pero original.

Desfilamos como si participáramos en una secta. Muy serios y muy lentos. Todos vestidos con tejidos que nos llegaban hasta los pies, caminando muy despacio debido a los zapatones que llevábamos. El público sintió escalofríos, pero nosotros lo pasamos de maravilla. Mucho humor, sonrisas cómplices y fiesta top-secret en el camerino de Bilborock.

Eitb nos grabó para retransmitirlo en su canal. Podría haberme caído al suelo y hacer reír al público, pero preferí no hacerlo. Los de Euskadi Directo nos hicieron repetir el desfile. Lo hicimos riéndonos y en una calle en cuesta.

El 1 de Octubre siguió la fiesta. Volvieron a lucirse Kalemonsters y Urban Knitting, y como novedad participaron Oasis Floracústicos y Bilbao Photo Walk, maratón de fotografía moderna. Nuevas distracciones y disfraces extravagantes con sonidos de txalaparta de fondo. Yo volví a desfilar, pero comparado con el día anterior, todo resultó más aburrido: el desfile de Moda Mapa, constituido por 16 diseñadores con modelos customizados. A las 22 h. darían un concierto The Pinker Tones, pero yo no me quedé a verlos. Había tenido suficiente emoción de altura en dos días.

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