Pocas cosas resultan más estimulantes para un cinéfilo que un festival de cine. Las ciudades en las que estos se celebran ponen a disposición del séptimo arte todos sus cines, teatros y salones de actos. Además, adornan las calles y comercios con carteles y vallas promocionales, mientras que los habitantes contemplan con una mezcla de curiosidad y emoción el despliegue de medios de comunicación o la llegada de los cineastas. Todo ello lo había presenciado en San Sebastián cada mes de septiembre desde 2007. Sin embargo, no ha sido hasta este año cuando he decidido acudir a las salas de la capital guipuzcoana. Y como en la vida misma, la selección de proyecciones que llevé a cabo combinó los éxitos y los fracasos.

No hay muchas películas sobre sectas. Y las pocas que existen presentan a sus miembros como fanáticos religiosos dispuestos a asesinar a quien revele oscuros secretos sobre el catolicismo (gracias, Dan Brown). No es el caso de Martha Marcy May Marlene, cinta que el estadounidense Sean Durkin presentó en la sección Zabaltegi Perlas tras lograr el Premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Sundance. Aquí, los miembros de la secta viven alejados de la civilización, en pleno campo. Aquí, las mujeres y los hombres que la componen tienen roles muy  diferenciados y prácticamente no se comunican (incluso comen por separado). Aquí, sus miembros entran en los hogares ajenos para espiar, robar y asesinar a sus propietarios por “amor”. Y hasta aquí llega Martha, una joven veinteañera a la que la soledad y la incomprensión han conducido a lo que parece ser un túnel sin salida. Poco a poco, la protagonista consigue integrarse en tan peculiar grupo e incluso se convierte en maestra de las recién captadas. Pero las dudas le siguen corroyendo. Y decide volver a la vida, a casa de su tía, donde el miedo y la vergüenza le impiden explicar con claridad lo que realmente le ocurre. Envuelta cada vez más en una espiral de angustia y temor, Martha no encuentra la ayuda que esperaba dentro ni fuera de la secta.

Son muchas las virtudes de este filme, prácticamente perfecto: la estupenda dirección, el predominio de los planos cortos para mostrar lo que ocurre en el interior de cada personaje o el final abierto, uno de los mejores del cine contemporáneo y que provoca que el espectador siga preguntándose, semanas después, por el porvenir de Martha Marcy May Marlene. Finalmente, en el reparto, más allá de la escalofriante composición de John Hawkes como líder de la organización, sobresale una excelente Elizabeth Olsen. Su interpretación, contenida y llena de matices, debería encontrar su lugar entre las cinco finalistas al Oscar de mejor actriz.

Que los criterios de la crítica norteamericana y europea no siempre coinciden es algo conocido (Woody Allen lo sabe bien). Así que, tras la calurosa acogida de Take This Waltz en el festival de Toronto, nada hacía presagiar que la segunda cinta de Sarah Polley como directora fuera un desastre cinematográfico de tal envergadura. En contadas ocasiones una cinta ha resultado tan superficial, cursi y cansina. Como dijo Boyero, da grima esta historia sobre una joven insatisfecha con su matrimonio en la que incluso el personaje de Michelle Williams resulta desesperante. Solo la fotografía, muy almodovariana, consigue salvarse. El resto, un pastelón insoportable.

Bastante más cine encontramos en Drive, premio a la Mejor Dirección en el pasado Festival de Cannes. Un thriller de estilo europeo pero también un western moderno y urbano ambientado en un desolador y desierto Los Ángeles. Una de las películas mejor rodadas y montadas de los últimos años protagonizada por un especialista de cine que, de noche, “solo conduce”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.