En el underground transpirarás de lo lindo, podrás colarte en un autobús de dos pisos sin problemas y conocerás a más españoles que en España. Así es Londres.

Si visitas Londres y a) nunca has estado antes b) no tienes un mapa de la ciudad c) no has montado en otro metro que no sea el de Bilbao, estás perdido (sea cual sea de las tres tu respuesta).

No os voy a dar indicaciones para visitar el Big Ben, el Tower Bridge o la abadía de Westminster. Estoy aquí para avisaros, para alertaros, para que no os asustéis de «las sorpresas» que os depara la capital inglesa si decidís visitarla.

Para nosotros, los bilbaínos, Londres es una ciudad «excesivamente» grande. Estamos acostumbrados a nuestro botxo y a movernos andando. Ir del Casco Viejo hasta Moyua dando una vuelta una tarde de viernes, o quizá alargar el paseo e ir hasta San Mamés. La gente que vive en Londres -prefiero no llamarlos londinenses, luego explicaré esto- no está tan acostumbrada a andar: coge el metro para todo. Una, dos o tres paradas, da igual el recorrido; ellos cogen el metro, circulan con prisa y no pueden ir andando. Parece ser que el underground es «su mayor tesoro». Pero si todavía no conoces Londres y vas por primera vez al metro, verás que de tesoro no tiene nada. Va rápido, lo único; llegas pronto a los sitios; entre parada y parada apenas hay medio minuto de distancia. Quizá el metro de Bilbao vaya más lento que el de Londres, pero no hay comparación.

Cuando hablo con Ander, un chico bilbaíno que decidió ir a Londres a probar suerte, me dice que «al metro te acostumbras». Y habla del sudor y del calor. El contraste de frío de la calle con el exceso de calor que hace en el underground, te agobia y te hace sudar. Un español en el metro de Londres comenzará a quitarse los guantes, la sudadera, la chaqueta, todo. Sin embargo, «cuando llevas alguna semana viviendo en Londres pasas de quitarte el abrigo, y vas en el metro sin inmutarte de la temperatura que hay, como el resto de viajeros». Ander llegó hace un mes escaso y ya está algo agobiado. No sabe cuándo volverá a casa, pero de momento sonríe a la vida y aprovecha la oportunidad.

El metro de Londres es parecido al de París, al de Madrid, al de otra ciudad antigua y con historia… pero mucho más viejo. Está sucio, hay humedades, tiene un techo muy bajo, y hay demasiadas escaleras que no son mecánicas. Riadas de gente recorren las distintas paradas de metro de Londres a diario: desde que se abre a las 6 de la mañana hasta a las 12 que cierra. (Y no, los sábados por la noche cuando vuelves de fiesta y quieres volver a casa rápida y cómodamente NO hay metro).

Además del metro, tenemos los maravillosos autobuses rojos de dos pisos, que si te descuidas te atropellarán a la primera de cambio. Difíciles de esquivar, complicados de parar y realmente fácil de colarse en ellos. Si te subes con seguridad a uno -por favor, estate atento a la dirección que marca la pantalla delantera del vehículo, no te vayas a equivocar de sentido, como me ha pasado a mí varias veces…- y le dices al chófer «Hi, I have travel card» solo te pedirá que se la enseñes, no se parará con atención a mirar la fecha. Por eso, si tienes la ocasión de pasar varios días en Londres, aprovecha y haz esta jugada. Si cuela, podrás recorrerte Londres en autobús pagando solo la travel card de un día -se saca en el underground y vale alrededor de 6 £- y si no, tendrás que ser honrado y pagar el billete ocasional.

Las distancias en Londres son diferentes que en cualquier otra ciudad. Son calles que no acaban, avenidas con 400 números como poco. Por poneros un ejemplo, ¿cuánto tardarais en recorreros la Gran Vía Bilbaína? Tardéis lo que tardéis, estoy segura de que es mucho menos que en recorreros media Oxford Street. Oxford se compone de una calle Oxford antigua y una nueva, que llega hasta Picadilly Circus, la famosa plaza con la estatua de Eros en medio y paneles de neón, como los de New York. Picadilly es a Londres lo que la Puerta del Sol a Madrid y siempre está llena de gente. Oxford Street tiene diversidad de marcas juveniles donde comprar de forma económica: Topshop, Jane Norman, French Connection, River Island… Tiendas que no tiene Bilbao y que cualquier aficionado a las compras quiere visitar -y arrasar-. En sus alrededores está el Soho donde se encuentran los pubs y discotecas que dan color a la ciudad.

Oxford, ahora decorada con un exceso de luces y guirnaldas navideñas, está absolutamente llena de gente que sale y entra del metro -sobre todo en hora punta, a las 7 de la tarde-, de tiendas y de restaurantes. Lo que decía antes de «los londinenses que no son londinenses» podría explicarse con este ejemplo: tan solo una de cada tres personas que vive en Londres es realmente inglesa. Demasiados turistas, muchos asentados en la hermosa ciudad (¿todavía no había mencionado que Londres es una ciudad hermosa?) y otros en pueblos de las afueras, pero poca gente de Londres transita Oxford en hora punta. Empresarios, magnates del negocio, modelos o estudiantes, aparte de la cantidad innumerable de turistas que cruza la ciudad a diario. Por eso decía que, quien vive en Londres, sea de allí o de fuera, está acostumbrado a coger el metro, para no «perder el tiempo» atravesando calles tan transitadas.

Dejando el tema del transporte a un lado, centrémonos en los mercadillos y la comida. Candem, conocido por todos, es la zona vintage más comercial de Londres. Hasta hace pocos años era un mercado apenas transitado, pero ahora tiene demasiadas camisetas de publicidad, excesivos puestos iguales sin competencia ni originalidad. Portobello -situado en el magnífico y tranquilo barrio de Nothing Hill– es el mercadillo celebrado los sábados al que acuden fanáticos de las antigüedades a comprar. Cosas de segunda mano, y delicias que solo encontrarás un día por semana. Y luego está Brick Lane, en Liverpool Street, calles y sótanos -que muy pocos conocen- de mercancía vintage y gente extravagante. No daré pistas de dónde comprar aquí… tendréis que ir a descubrirlo. La comida para llevar caracteriza a estos mercadillos: envases de 4 a 7 £ en los que puedes mezclar manjares indios, mexicanos, italianos o asiáticos.

Siento dejarme cosas por el camino -como la opción de ir vestido como te dé la real gana sin que nadie te mire por la calle o el encontrarte con famosos y ardillas corriendo por el Hyde Park– pero mi artículo tiene límites.

¡Ah! Y en mi último viaje a London hace un par de semanas vi cómo varias ratas pequeñitas (sí, ratas) salían a coger algo de comida al andén del metro. Tan campantes, tan tranquilas. Los turistas les hacían fotos y se reían. Está bien saber que las ratas inglesas viven ahí: no bajaré nunca a las vías del underground.

3 Responses

  1. Oier

    Muy buen artículo, Ángela. Me encanta Londres. He estado ya tres veces pero volvería. Se respira un ambiente especial en esa ciudad. Un placer volver a ver esta maravillosa city desde tus ojos!.

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