Cuestión de prioridades

Colas que dan la vuelta a la manzana, novedades que quitan el hipo y el sueño a más de uno, adoración hacia las grandes marcas… No se paran a pensar en que el producto por el que están impacientes en adquirir y que creen perfecto es una mezcla de marketing y persuasión, es un «te damos esto ahora ya que no te podemos ofrecer lo básico». Y es que es esto precisamente lo que pasa, la tecnología avanza sin haber perfeccionado todavía lo básico. Pongo a continuación dos ejemplos:

Se dice que la mejor pantalla es la que más píxeles tiene; yo no acepto eso.

La reciente puesta en escena del nuevo iPad y su salida al mercado junto con la presentación de, según dice Apple, «resolucionarias» novedades me ha dado qué pensar en el mundo de las tablets y tecnología general. Pienso en esto sobre todo cuando en mi día a día utilizo estos aparatos y no llego a entender del todo por qué el consumidor se contenta con lo que le dan y no ve más allá de lo que lee en prensa.

Este nuevo iPad cuenta con la mejor pantalla del mundo. Sus pixeles son apenas perceptibles al ojo humano y esto hace que incluso supere la resolución de cualquier televisión Full HD que tenemos en casa. Lo que me da que pensar es en los criterios que se utilizan para decir que una pantalla es mejor que otra. Según lo que Apple dice y lo que  el rebaño acepta la mejor pantalla es la que más densidad de pixeles tiene; pues yo no pienso eso.

¿No os molesta cuando estáis fuera de casa y el sol pega directamente en vuestras pantallas? En vuestra casa y, ojo, con buenas condiciones de luz las pantallas son una maravilla y cada euro invertido en pixeles se rentabiliza pero, ¿dónde queda todo eso cuando vais paseando y tenéis que poner la manita para poder apenas ver algo? Samsung con sus últimos móviles de gama alta está intentando solucionar esto y poco a poco se va acercando a lo que busca, por aquí es por donde creo que tiene que ir la evolución de las pantallas. Pero si Apple nos dice que mucho pixel es muy bueno aunque luego no veáis ni un pimiento al aire libre, nosotros decimos «sí» automáticamente sin pararnos a pensar.

Pantallas táctiles, preciosas, cada vez con mejor respuesta pero volvemos a las mismas: al salir de casa nos arrepentiremos de haber toqueteado el móvil sin vergüenza y que ahora sólo podamos apreciar nuestras preciosas huellas dactilares. Otro problema que, como las empresas no nombran, nosotros ni nos lo planteamos. Exigimos diseños bonitos, cada vez más finos, exigimos prestaciones pero no parecemos querer lo más básico, que una pantalla se vea bien a la luz del día. Mientras el sol y mi huella dactilar sigan interponiéndose en el cristal, ni tres ni treinta millones de pixeles harán que me sorprenda.

Aumentar la capacidad  de los procesadores creyendo que asi aumentará la velocidad no es la solución.

Lo mismo pasa con los procesadores y ese afán enfermizo por aumentar sus núcleos. En este caso Apple es el ejemplo a seguir. Los procesadores son esos chips que deben tener  toda la potencia suficiente para poder manejar nuestro móvil o tablet de una manera rápida, fluida. La tendencia de las marcas actuales es aumentar sus núcleos, aumentar su potencia a lo bruto y no es la solución. Los productos de Apple, con procesadores mucho menos potentes en teoría llegan a ir más fluidos que productos con ultra-procesadores y todo ello por la optimización del sistema. Hablo de ello más concretamente en la comparativa que hice de Android e iOS.

Como conclusión, no tiene que ser oro todo lo que reluce. Tenemos que pensar mejor y exigir lo que realmente queremos, tener criterio y no conformarnos con lo que mejor nos venden. Vivimos uno de los mejores momentos tecnológicos de la historia y obviamente todo avance es bienvenido, pero no todos son revolucionarios.

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