La primera vez que vi a Carmen Lomana en televisión fue en un programa de madrugada de Antena 3 que trataba sobre la vida de los ricos. Lo presentaba Luján Argüelles que acompañó a la Lomana al último desfile de Valentino en la Semana de la Moda de París de 2008. Lo que más me llamó la atención de esa señora rubia con dificultades para pronunciar fue una de las habitaciones  de su casa llena de vestidos. “No tengo armarios, tengo habitaciones”, dixit. Y no paraba de sacar trajes de Valentino, Chanel y Dior. Entonces la Lomana no era nada conocida aunque ella decía, mientras sacaba un traje de Oscar de la Renta, que le había encantado a Linda Evangelista cuando se lo vio puesto en una fiesta. Diré que me llamó la atención aquel día y me puse a investigar sobre su vida. Encontré poca cosa y eso me gustó. Me interesa más la vida de la gente así cuando no son tan conocidos. Gente que te puedes encontrar en la calle, en una tienda cara o en los toros. Sin necesidad de decir a nadie lo que le ha costado su traje. El oscurantismo y el misterio es siempre más divertido. El año pasado la vi en una tarde de toros en San Sebastián, bronceada con Doritos y encantada de que la siguiesen y le sacaran fotos. Cuidado con Lomana que seguro que os la encontráis hasta en el Mercadona.

Me gustó hasta que salió en Comando Actualidad diciendo verdaderas patochadas sobre ricos y pobres. Luego le siguieron varios programas donde contaba su vida adornada y bucólica. Y lo que me pareció la repanocha fue su rivalidad con Naty por un novio que supuestamente habían compartido. Entonces me dejó de gustar. Lomana consiguió lo que quería: salir en la tele y que se hablase de ella. La invitaban a más fiestas, de las que se decía que se colaba. Bailó con la Esteban –se hicieron amigas y se llevó a Andreíta a merendar-, enseñó glamour a chonis y canis en una escuela y anunció hamburguesas.

El problema de Lomana es que se ha quedado sin repertorio y eso es un gran problema si lo que quieres es salir en la tele. Tampoco ha conseguido hacerse un hueco entre las pititas de toda la vida ni encabezar las listas de las más elegantes. Como dije en mi columna anterior, la pitita no nace, se hace. Y menudas son ellas para aceptar a advenedizas que no tienen nada que aportar. Esta Semana Santa ha estado invitada en Sevilla donde se ha plantado la mantilla como un helicóptero –es decir, con menos gracia que Mariló Montero cocinando- . Pero da igual, ella se pone para la foto. La hemos visto con un cronista social del ABC Sevilla que es lo más de lo más. Mario Niebla del Toro, señorito andaluz y director de la revista Escaparate. Os tendré que hablar de él.

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