Todo empieza con una noticia que resalta en mi escritorio entre todas las demás de la jornada. Clickeo en el titular. Abro la noticia. Y me encuentro frente a frente con un artículo irrisorio a la par que curioso. Jeremy Scott, tachado de racista por el diseño de unas sneakers. Así como uno lo lee, puede proceder a ni siquiera leer el artículo completo y dar por supuesto que el señor Scott es un xenófobo de cuidado y, en mentalidades extremas, hacer una bizarra asociación de conceptos, y ligar la palabra nazismo al tema. Vamos bien.

Esto me lleva a hablar de un apartado de máxima importancia en el arte. La polémica. Y no siempre inherente a ella pero sí muy habitualmente, la provocación. Porque desde que el arte tiene estatus de arte como tal, con toda la parafernalia que necesita y le rodea, la polémica ha estado presente y estará. Que sea más o menos agradable someterse a ella, eso es un juicio personal que cada cual debe hacer. Allá cada uno con su masoquismo.

El asunto es que la polémica de Jeremy Scott es totalmente buscada. A parte de absurda. Se le tacha de racista y de hacer apología de la esclavitud por presentar unas deportivas con cadenas al tobillo. Scott lleva presentando modelos extravagantes y polémicos toda su trayectoria. De la colección en la que la comida basura era estampado universal nadie se quejó, y personalmente, tenía mucho más de crítica y retorcida que este par de playeras. Pese a que Adidas defendiera a capa y espada la elección de su diseñador fetiche y de que recalcase día sí día también que en absoluto había nada de discriminatorio en ese diseño, la empresa de las tres rayitas prefirió cubrirse las espaldas y eliminar el modelo del mercado. Ugh.

El modelo en cuestión está inspirado en una serie noventera de dibujos animados posteriormente convertida en muñecos, que fueron un gran éxito de ventas, llamada Pet Monster. Que levante la mano quien encuentre el tono racista ahora. Entonces es cuando enfurezco y pienso en las polémicas. Y en cómo muchas veces uno está de la noche a la mañana en el ojo del huracán, sin saber exactamente por donde le da el aire. Ni cómo, ni por qué. El Twitter de Jeremy Scott, tras enterarse de la noticia, fue un retwiteo constante de mensajes de apoyo e incredulidad, muchos de ellos incluso por parte de la comunidad afroamericana. ¿Alguna mano levantada todavía?

Un estudiante de primero de Bellas Artes aprende según llega a la facultad que la provocación es muy barata. Pero que también es un arma de doble filo. Y que provocar y polemizar, es todo un arte, del que no es tan fácil salir victorioso. En el siglo XIX, Monet fue abucheado por su “Desayuno en la hierba”. El cuadro presenta a un grupo de cuatro personas, dos hombes y dos mujeres. Una de ellas, mira descaradamente al espectador. Está desnuda, mientras sus acompañantes están completamente vestidos. Puedo entender y entiendo, las virulentas críticas que despertó en su momento. Pero no olvidemos que hoy en día está considerada como una de las obras clave en el desarrollo de la pintura moderna. Punto de reflexión.

De ahí que me resulte estúpido y ridículo el asunto de Scott. Una polémica totalmente provocada por grupos que, como en el siglo XIX aquellos que se escandalizaban por el desnudo provocativo y erótico en la obra de Monet, no supieron ver más allá de lo humano y puramente artístico en ello. Igual que pasó con Galileo, igual que pasó con Picasso, igual que pasó con Voltaire, igual que pasó con la Dietrich. Polémicas hay a todos los niveles, en todos los ámbitos y para todos los gustos.

Hoy en día consideramos polémico que Madonna nos enseñe una teta en un concierto. Que en ARCO se presente a Franco dentro de una nevera. Los tiempos cambian creo, y las provocaciones están abiertas a un público muy grande. Debería ser cada día más complejo sorprender y provocar. Pero siento decirles señoras y señores, que estamos involucionando. Somos una sociedad cada vez más fácil de ofender, somos los mayores hipócritas que la historia ha visto, y nos encargamos de hacerlo latente cada día. Evitemos la provocación tonta, y la polémica rebuscada. La sinrazón y la crítica barata, el enseñar por enseñar, el vender lo invendible. Y el ofenderse por todo, el encontrar segundos, terceros y cuartos sentidos que no llevan a ningún lugar. El censurar por censurar. El buscarle tres pies al gato.

Porque bien es sabido que quien se pica, ajos come.

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