7 de Julio del 2012. ROCK IN RIO. Madrid. PEPUCOMAG tiene acreditación.

El asfalto parece derretirse sobre mis pies, el calor no cesa y la cerveza parece ser lo único capaz hacer soportar este alarmante calor. Me encuentro en los aledaños del ‘Santiago Bernabeu’, son las 17:30 y llevo algo más de diez minutos esperando al autobús que me llevará a la ciudad del «rock». Ya falta menos.

La hora prevista de entrada al público es a las siete, pero tras recoger mi acreditación, pasar el control de seguridad y tragar mucho polvo en ese desierto llamado ‘Arganda del Rey’, me encuentro dentro la ciudad del «rock» una hora antes del comienzo del festival.

Puestos de comida, publicidad de bebidas alcohólicas y coches, casetas de merchandising, fuentes enormes que lanzan chorros de colores, castillos hinchables, una enorme noria e incluso una tirolina que cruza el público en frente del escenario… Me hace dudar ¿estoy realmente en Rock In Rio o en una feria a las afueras de Madrid? Es como si la música hubiese pasado a un segundo plano.

Son las 18:30 cuando llego a la sala de prensa. Dos miembros de seguridad custodian la entrada: dentro hay una zona-relax, ordenadores portátiles, neveras con refrescos y bocadillos, pantallas gigantes para ver los conciertos, estadísticas y documentos acerca del festival. Todo para los periodistas y fotógrafos.  Charlo con la responsable de la sala, me comenta que tengo «prohibida la entrada al foso del Escenario Mundo y a la zona mixta». Acto seguido, me da la llave de mi taquilla para guardar mi cámara y demás objetos personales. Son las 19:00 y está todo listo para que de comienzo el último día del Rock In Rio.

Me coloco en la entrada para tomar fotos a aquellos fanáticos que guardan horas de colas para estar en primera fila. Parece ser que todo está descontrolado y optan por hacer un cordón policial hasta llegar al escenario. Poco dura esa medida preventiva, puesto que los más valientes han echado ya a correr y tras ellos, una marea de fans, la mayoría de los Red Hot Chili Peppers.

El primer grupo encargado de abrir esta noche de rock serán los afincados en Nueva York, Gogol Bordello. Con actitud punk y el rock presente en todos sus temas, este grupo con grandes influencias gitanas, hizo vibrar al público desde la primera hasta la última canción. El show estuvo repleto de bailes al más puro estilo «cabaret» acompañados de instrumentos como violín, acordeón e incluso bongos. El ucraniano Eugene Hütz cantante/guitarrista y líder de la banda, apareció con un ropaje algo estrafalario y portando una botella de vino. Tras una hora de diversión y sobretodo de un continuo movimiento y baile, llegaba el turno de los californianos Incubus.

Eugene Hütz cantante de Gogol Bordello

El público toma un respiro. Escasos treinta minutos para meter algo al estómago y disfrutar de una cerveza. Se acerca el momento. La banda californiana Incubus liderada por el «guaperas» Brandon Boyd aparece en escena a la hora prevista. Comienzan fuerte. De primeras suenan Privilige, Megalomaniac y Adolescents en las que podemos apreciar a un más que sobrado de voz Brandon. De lejos, vemos al gran Jose Pasillas con su gorra plana y su batería llena de broches dorados haciendo las delicias del público. Llegando al ecuador del concierto, suenan clásicos de los discos ‘Make Yourself’ y ‘Morning View como Pardon me?, Circles, Are you in? y Drive. Poco tardó Brandon en quitarse la camiseta y disparar así los gritos del sector femenino. Quizá por eso sea que las cámaras se dirigen más al líder treintañero que al virtuoso guitarrista Mike Eizinger… Himnos como Love Hurts y Anna Molly, acompañados de los coros un gran público, sonaron en la recta final del concierto. Con el pelo recogido en forma de moño, dos grandes tambores y un yembe, el vocalista Brandon y sus chicos dan por finalizado el concierto con el tema instrumental Sick Sad Little World. No hay tiempo para bises, una pena ya que el público está muy entregado. Esperemos que no vuelvan a tardar tanto en volver.

Brandon Boyd líder del grupo Incubus

Escasos minutos después del final de Incubus, daba comienzo el plato fuerte de la noche, los Red Hot Chili Peppers. Por los altavoces se escuchaba un saxofón. Poco duró el sonido del instrumento, y es que los RHCP se retrasaban diez minutos de la hora prevista y los primeros silbidos empezaban a oírse. En un abrir y cerrar de ojos, se empezó a escuchar el sonido de los californianos. La gente estaba enloquecida.

Anthony Kiedis, cantante del grupo, salió a escena con su peculiar gorra con la palabra OFF! inscrita, su chaqueta frac, camiseta blanca y deportivas New Balance. Entró con su fuerza característica cantando Monarchy of Roses, tema de su último disco, ‘Im With You’. A continuación llegarían clásicos del álbum ‘Californication como Around The World y el esperado Californication. En medio de estas dos, sonó Snow y con ella un mensaje de paz del bajista Flea que decía: «Hola Madrid! ¿Como estás, amigos y amigas? Nosotros queremos todo amor en todo el mundo. Por ustedes en este noche, ahora, en este momento.» Se atrevió con un castellano un tanto extraño, pero que sacó sonrisas entre los asistentes. Poco duró Anthony con su torso cubierto, haciendo alarde de sus característicos tatuajes y lo bien que le sientan los años.

Anthony Kiedis cantante de los Red Hot Chili Peppers

El ritmo bajó y siguieron sonando canciones del nuevo álbum. Vimos a un Josh Klinghoffer (sustituto del mítico John Frusciante, quien abandonó la banda hace ya algún tiempo) más suelto, más atrevido en los solos y moviéndose de un lado al otro del escenario. Nada que ver con el mismo Josh que comenzó la gira. Prueba de ello fueron canciones Look Around o Factory of Faith donde el guitarrista dio rienda suelta su imaginación con grandes solos e incluso acompañando en las voces. Pasados sus minutos de gloria, llegaba el turno de Flea: era hora de que el majestuoso bajista nos dejase boquiabiertos… y así fue. Con una introducción de bajo y batería al más puro estilo «funky» llegaba Throw Away Your TV, tema extraído de su disco ‘By The Way’. Cabe mencionar que el recital se pudo seguir por pantallas gigantes en las que se podían ver píldoras de colores o a ellos transformados en personajes de cómic. Tras un momento algo tierno entre Anthony y el público en la canción Under The Bridge, llegaba el final con un apoteósico By The Way donde todo el público acompañó en los coros. Los RCHP abandonaron el escenario mientras los oyentes no se cansaban de gritar «OTRA! OTRA! OTRA!».

Flea y Josh Klinghoffer bajista y guitarrista de Red Hot Chili Peppers

Los casi cincuentones e incombustibles californianos accedieron y volvieron. Apareció el batería Chad Smith vestido con la camiseta de la selección española y su característica gorra hacia atrás y, junto a él, Mauro, el percusionista del grupo. Ambos nos deleitaron con un solo de batería y percusión mientras Flea hacia el pino por el escenario. Terminaron con fuerza y tocando himnos de los ’90 como Suck My Kiss y Give It Away que contagiaron a los asistentes con sus saltos y giros. Casi llegando a las dos horas de concierto, los RHCP se despidieron de Madrid entre fuegos artificiales.

La noche la cerró Deadmau5, productor y Dj canadiense de música electrohouse. Su espectacular puesta en escena con ese juego de luces y su característica cabeza de ratón, mantuvo despierto al público durante toda la noche.

Tras dos días de actuaciones que poco tenían que ver con el nombre de su festival (La Oreja de Van Gogh, Maná, Pitbull o David Guetta creo que son buenos ejemplos), el Rock In Rio 2012 cerró sus puertas haciendo honor a su nombre.

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