Este artículo que a usted se le presenta como futura lectura, o lectura que vive en tiempo gerundio vaya, pretendía ser un análisis particular sobre la remarcable muestra que se está ahora mismo llevando a cabo en el Museo de Bellas Artes de Bilbao. Fernando Botero (hasta el 20 de Enero de 2013) en su máximo esplendor con unas obras que son magníficas. Todas y cada una de ellas, no hay pintura que aburra o no capte la atención de uno. Celebración.

Pero mi atención, tan huidiza e hiperactiva, este miércoles cayó en la cuenta de algo más, que es de lo que aquí vengo a hablar. No de mi libro, no se vayan a pensar. Y en el caso de que lo tuviera, claro. Antes de meterme en camisa de once varas, me siento en la obligación de desalentar totalmente a cualquier persona que quiera ver una exposición en el Bellas Artes un miércoles, en un horario comprendido entre las 5 y las 8 de la tarde (hagan un hueco por la mañana, la diferencia en la calidad de la visita es abismal). Bien que sea el día en el que la entrada es gratuita, y que la pela es la pela. Entiendo y comparto. Pero así no se puede ver una exposición. No se debe.

Teniendo en cuenta que el espacio del museo no es tan amplio como otros, las aglomeraciones de gente en el mismo suelen resultar mucho más densas por lo general. Primer punto en contra. Luego está la imposibilidad de pararse frente a una obra y focalizar toda la atención en ella, debido a la cantidad de “paseadores” que visitan el museo. Ahí, como el edificio que un día ponen frente a tu casa, eliminando cualquier posibilidad de ver el mar. Segundo punto en contra. Y claro, las aglomeraciones como bien es sabido, traen ruido. Y no hablo de un clásico murmullo, de algún que otro comentario a un volumen indebido. No. Hablo de un público que se olvida del hecho de que está en un museo, y comenta, con actitud de cerveza en mano, lo graciosa que es la señora gorda y biroja que el señor Fernando Botero ha pintado. Que graciosa es, pero entienda, que ni yo ni los que estamos en la sala queremos oír el comentario. Si no observar la obra, con tranquilidad, con tiempo, apreciando cada detalle, y sin tener que estar pendiente de que a los niños que juegan a mi lado, se les escape la pelota de papel que (muy hábilmente, la verdad) han utilizado para jugar a un improvisado fútbol-sala. No, no y no.

Y las señoras azafatas. Qué decirles de esas señoritas de traje impoluto, con el hanger siempre visible, y la actitud de perro de caza siempre latente. Déjenme decirles que no facilitan nada la visita al museo. Que sean ustedes tan tacañas con sus sonrisas como yo con mi cartera en tiempos de crisis, puedo pasarlo. Nadie está obligado a ser amable, aunque sí correcto, no se olviden. Lo que no tendría por qué aceptar es que ustedes persigan. Y todo, para evitar que no se tomen fotos, que encuentra uno a golpe de click en Google. Les puedo jurar que mis intenciones son muy lejanas a las de lucrarme con estos archivos. Más bien la función es plenamente didáctica, e inspirativa. Pero a ustedes les va la vida en ello. Luego que a nadie se le ocurra preguntarles sobre la trayectoria del artista, o ya ni siquiera por la localización de cierta sala en el museo. He recibido una respuesta nula a todas estas preguntas, lo que me hace plantearme cuál es la función real de este concepto de persona. De este ente de la bordería. Considero que un gesto amable y agradable nunca está de más, y que incluso memorizarse el dossier de la exposición es un extra que, créanme, ayudaría a que se valorase más y mejor su trabajo, y favorecería a la imagen del museo, que es entidad pública que todos pagamos. Y al decir eso me deshago de todo tono irónico, y les hablo sin acritud alguna.

Aún así, no quiero que con esto piensen que mi visita no fue entretenida. Jugar con el móvil bloqueado en la mano y provocar todas sus sospechas es de lo más divertido que se puede hacer en un museo, después de jugar al escondite en las obras de Richard Serra. Aún las recuerdo, como hienas en busca de carnaza, siguiéndome con un disimulo almodovariano. A ritmo de mambo. Imagínense. Sacar una foto era la experiencia prohibida. Pero señores, yo el acoso y la persecución, no los tolero. Eso sí, los niños futbolistas empezaron y acabaron el partido sin recibir la más mínima de las amonestaciones.

Pero nada hay como la astucia y el ser un poco zorro. Y en este caso acabó el partido, sin tarjeta ni expulsión, con el marcador a mi favor. Dani 1, Azafatas 0.

2 Responses

  1. Pedro

    Hay que ser tonto, chavalote, que vas de ingenioso y resultas más simple que nadie. Esa rabia tan contenida que tienes seguro que es porque te falta recibir, enanajo. En fin, que las reglas son así por algo aquí y en China, y te aseguro que a las azafatas les viene todo desde arriba. Te crees que por un capricho de un niñato mayúsculo como tú se van a arriesgar a perder el trabajo? Dani Lozano, que corto eres, amigo.

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    • Dani Lozano García

      Querido Pedrin:

      Tonto hay que ser para no captar en absoluto el tono del artículo. Estudiando Bellas Artes, puedo asegurarte y te aseguro, que aunque no muy a fondo, sí conozco el funcionamiento de un museo. Sí tengo y conozco, las razones por las cuales no se pueden sacar fotos. Y sí sé, a que mí, no me va la vida en sacar o no sacar una foto. Y, AMIGO, todas estas cosas no has sido tú el que me las ha descubierto. Al igual que tampoco has sido el primero que me ha descubierto lo que una crítica ofensiva es y supone. Has llegado a leer este artículo, y has opinado. Por lo tanto, mi deseo se ha cumplido.

      Te atreves, desde el bendito anonimato que tu conexión ADSL te da, a llamarme “niñato mayúsculo”, cuando tú, AMIGO, has caído en el insulto y en la simpleza de una crítica burda. Y mamarracha, muy mamarracha. Me consideras simple. Porque claro, inventarte un mail para dejar un comentario anónimo en internet… no es simple en absoluto. Para nada. Bien podría haberte considerado como spam, que a grandes rasgos toda la mierda que expulsa tu comentario lo es. (¿Igual es que ambos recibimos menos de lo que deberíamos?) Pero he preferido invitarte a salir del anonimato. A que tú, que por ciertos rasgos que he visto en tu comentario, tú que me conoces, tengas la suficiente braveza de ir de frente. Valiente.

      Me considero afortunado de tener un lugar online donde poder expresarme una vez al mes, mediante artículos de OPINIÓN. Te recomiendo que, si no disfrutas con mis escritos, optes por no leerlos. Tocacojones en la oscuridad sobran en el mundo.

      Te mandaría un saludo, pero prefiero no hacerlo.

      Dani Lozano.

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