Querido conciudadano madrileño: habrá observado usted que en los últimos tiempos lo del transporte público en la capital de España se está poniendo un poco fastidiado. Entre los paros y huelgas cada vez más frecuentes y los recortes fantasma (digo recortes fantasma porque ningún responsable los reconoce ni los reconocerá, pero el usuario medio no es del todo tonto, y notarse, se notan), cada día se pierde más tiempo viajando a través del subsuelo. Por eso hoy estoy aquí para obsequiarle con un catálogo de actividades que puede practicar mientras su vida pasa y pasa en un vagón. La recopilación está especialmente destinada a los usuarios de Metro, pero también puede leérselo si es más de autobús, Renfe Cercanías, o incluso si no es de Madrid o no usa el transporte público (¿les he contado alguna vez cuánto echo de menos mi querido coche?), que aquí, sectarios, no somos.

Escuchar música

Todo un clásico. Disfrute de su colección musical mientras el vaivén del vagón reproduce la sensación de un inicio de borrachera de sábado noche. Si es usted discreto, puede hacer uso de unos auriculares normalitos, de los de toda la vida. A medida que crezca su ego y su ansia de notoriedad, el tamaño de los cascos aumentará exponencialmente (he llegado a ver a personas con auriculares más grandes que su propia cabeza), y eventualmente conseguirá externalizar (lo de externalizar está muy de moda últimamente) su afición por los últimos hits del momento haciendo uso de un altavoz de esos que se conectan al móvil o MP3 (¿alguien sigue usando reproductores MP3?) y que contagiarán al resto de pasajeros de su ritmo y sus sonidos saturados. De hecho, cuanto más saturados, mejor: más dará el cante, que es, al final, de lo que se trata.

Leer

O hacer como que se lee, porque seamos sinceros: ¿hace cuánto que no lee usted un libro? Por eso es muy importante acompañar esta actividad de un look intelectual que justifique el atrevimiento que supone semejante incursión en el terreno de las letras o bien portar un gadget tecnológico (¿qué tal, por ejemplo, un libro electrónico?) que le haga parecer más interesante y le permita presumir de su nivel de ‘tecnologización’. Por último, y tan sólo en el caso de que usted sea una de esas extrañas personas con verdadero gusto por la lectura (no se preocupe, hay más como usted: en este espacio le comprendemos y estamos dispuestos a consolarle y acompañarle), le recomiendo que eche un vistazo al servicio de Biblioteca de Metro Madrid. Quizá le resulte útil.

Hablar por teléfono

Usted y yo sabemos que en muchas estaciones no hay cobertura, pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que todo el pasaje se empape de la conversación (interesantísima, claro) que está manteniendo. Tan sólo elija un número en su agenda al azar, llame y dé rienda suelta a su vena más dramática. Los nostálgicos del talk-show ‘El Diario de Patricia’ se lo agradecerán. No hay nada mejor que un compañero de vagón retransmitiendo a lágrima viva la muerte de su hámster, discutiendo amargamente con su pareja a causa de un embrollado asunto de infidelidades o planeando una conspiración mundial digna de una superproducción hollywoodiense. ¡Aproveche su maldita tarifa plana, haga que sus compañeros de Metro viajen entretenidos! (Por cierto, también valen las falsas conversaciones: aunque se le corte la llamada y no haya nadie al otro lado, puede continuar con su obra teatral. Tan sólo recuerde poner el móvil en silencio por si le llaman mientras usted mantiene una supuesta agitada conversación y se descubre el pastel).

Otras actividades

Y si quiere ir más allá de los tres clásicos que le hemos propuesto hasta ahora para amenizar su trayecto, siempre puede recurrir a comer en el Metro (hay verdaderos expertos de fiambrera, cubertería completa, bebida y postre infiltrados entre los miles de pasajeros del suburbano), a intensas sesiones de maquillaje (aunque le advierto de que corre usted el riesgo de quedar pintada como una puerta) o al sexo, con conocidos o extraños: últimamente vamos todos tan apretados que a buen seguro no le costará demasiado esfuerzo encontrar algún compañero de tocamientos.

Y pase lo que pase, recuerde: ya que ha pagado un dineral por el billete, aproveche el viaje.

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