No se recuerda un solo año en el que el sintagma “cine español” haya logrado separarse de la palabra “crisis”. Y si bien es evidente que la industria del séptimo arte nacional no puede competir con el superpoderoso Hollywood ni con otras cinematografías de nuestro entorno como la francesa (por número de producciones, tamaño de la industria, ayudas a los rodajes o recaudación y apoyo del público), lo que ha ocurrido este último año resulta desolador y muy preocupante.

En primer lugar, las subvenciones al cine han bajado de los 90 a los 50 millones de euros en solo dos años. Es sabido que estas no siempre se han utilizado de la forma más acertada ni se han conseguido de la manera más honesta, pero reducirlas al mínimo no es la solución. ¿Y si se estableciera un mayor control del destino y gestión de ese dinero? Asimismo, el IVA de las entradas ha aumentado del 8 al 21%, lo que ha supuesto una subida aproximada de 1 euro en el precio que se paga por acceder a las salas. Lo que ha supuesto, según datos de la FECE (Federación de Cines de España), una caída del 5,3% en la recaudación desde que la medida entró en vigor, en septiembre de 2012. Pero no todo es negativo. La cuota del cine español hasta el 21 de abril de 2013 ha aumentado algo más de 5 puntos hasta el 15,9%. El dato sorprende, pero no tanto si se tiene en cuenta que el crecimiento se ha debido, fundamentalmente, a la cinta de terror Mamá, con un tercio de producción nacional, y al acontecimiento que supone el estreno de una cinta de Almodóvar. Por lo tanto, la industria española aún depende de unos pocos títulos para no hundirse. Y mientras tanto, la ley de mecenazgo cultural sigue sin concretarse, la taquilla registra mínimos históricos (el pasado fin de semana se recaudaron 3,8 millones de euros entre todas las películas exhibidas en las salas del país) y Alta Films anuncia su inminente cierre y la clausura de gran parte de sus salas de exhibición, los cines Renoir, que, en el caso bilbaíno, tuvieron una efímera existencia. Con todos estos datos no sorprende que cineastas y cinéfilos contemplen (y teman) la desaparición del cine español. Como industria, pequeña o mediana. Como puestos de trabajo. Como venta de la tan comentada imagen de España en el extranjero. De momento, ninguna cinta nacional ha sido seleccionada para el festival de Cannes. Ni dentro, ni fuera de competición. ¿Significativo?

Alacrán enamorado, poco mordedor

De todas formas, las películas aún se estrenan en los cines comerciales. Y el público responde de manera poco entusiasta. Resulta desesperanzador que en la sala solo se encuentren dos espectadores. Más aún si se tiene en cuenta que Alacrán enamorado, el más que probable último estreno de Alta Films, no es precisamente cine de arte y ensayo.

La nueva cinta de Santiago A. Zannou adapta la novela homónima de Carlos Bardem sobre un grupo de neonazis. Julián (Álex González) decide romper con la banda y centrarse en el boxeo. Por supuesto, por el camino se cruzará el amor. Suena a visto y oído. Y es que ya se ha visto y se ha oído. De todas formas, la cinta se sigue con agrado, en especial, debido a la intensidad con la que los intérpretes dan vida a sus personajes. Según han comentado los propios protagonistas, en la calidad de las actuaciones tuvo mucho que ver la labor de Zannou, que llevó a sus actores al límite. Ello se percibe en la pantalla, especialmente en el caso de Álex González y de Carlos Bardem, un perdedor entrañable. Javier Bardem, por su parte, convence como el líder de la banda fascista, aunque recuerde más de lo deseable a sus malvados de Skyfall y de No es país para viejos. En cuanto a los demás aspectos de la cinta, los diálogos sobre racismo e inmigración suenan a tópico y resultan algo superficiales, mientras que la factura de las escenas de acción recuerda más a producciones televisivas que cinematográficas. Tampoco es del todo acertado el uso de una música repetitiva y, muchas veces, innecesaria. 

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