La familia ha sido uno de los temas más recurrentes en la historia de todas las artes. El cine no es una excepción y, de hecho, varios directores han logrado obras maestras del celuloide al tratar una realidad que ninguna persona puede evitar y que acostumbra a generar no pocos problemas. Hay familias más conflictivas y desestructuradas y otras más tranquilas. Como evidencia la llegada a las salas de Stoker (ya en cines) y de Cruce de caminos (estreno en septiembre), el séptimo arte suele decantarse por las primeras.

La sombra estilizada de una duda

Cuando un realizador con una personalidad cinematográfica tan definida como la del surcoreano Park Chan-wook (conocido sobre todo por Old Boy, cinta con la que logró el Gran Premio del Festival de Cannes y de la que Hollywood prepara un remake para finales de año) decide rodar en Estados Unidos es normal que se despierte cierto recelo entre el público y la prensa especializada. Son muchos los directores que han perdido sus señas de identidad al entrar en el mundo de los grandes estudios. Casos recientes como el del alemán Oliver Hirschbiegel y su anodina versión de La invasión de los ladrones de cuerpos lo demuestran. Sin embargo, Park Chan-wook no ha sido víctima de esa tradicional maldición. Cuando presentó la película en el FANT 2013, el Festival de Cine Fantástico de Bilbao, aseguró que los directivos de Fox Searchlight le propusieron el trabajo porque les gustaba su estilo de dirección. Y mantenerlo es loque ha hecho en Stoker. Impregna de violencia, tensión, erotismo (la escena del piano es de lo mejor que se ha visto en las salas este 2013) y sexualidad sofisticadas un guion del actor Wentworth Miller (Prison Break) que apareció en la Black List de 2010, la lista de los libretos sin producir que más interés despiertan entre los ejecutivos y productores estadounidenses. Las historias más interesantes, pero no las mejores. Y es que la debilidad de Stoker es un guion mínimo, más propio de un telefilme de domingo por la tarde que de una cinta de autor. El padre de India Stoker (Mia Wasikowska), una adolescente introvertida y que mantiene una tensa relación con su madre (Nicole Kidman) fallece el día de su 18 cumpleaños. Esa misma jornada llega a casa su tío Charlie (Matthew Goode), un hombre misterioso que muestra un enfermizo interés por India y que atrae a su recién enviudada progenitora. La historia, claramente inspirada en el clásico de Hitchcock La sombra de una duda, no habría dado mucho más de sí en manos de un cineasta convencional. Pero Park Chan-wook no lo es y, por ello, ha sabido convertir un culebrón en una apasionante y cautivadora reflexión sobre el mal, sobre si este es genético, hereditario o, simplemente, se contagia, tal y como comentó en el FANT 2013. Para llevar a cabo dicha reflexión, su hábil dirección se acompaña de unos elaborados efectos de sonido, así como de unas excelentes fotografía y banda sonora. Por no mencionar la labor de edición y la de los propios intérpretes. Nicole Kidman demuestra una vez más que se encuentra en plena forma y que todavía tiene mucho que dar al séptimo arte. No obstante, las auténticas estrellas de la función son Matthew Goode y Mia Wasikowska, cada vez más consolidada como la mejor actriz joven del momento. Que los reconocimientos de la industria llamen a su puerta es solo cuestión de tiempo. Todos estos elementos consiguen realzar una cinta de atmosfera opresiva que atrapa al espectador desde el primer hasta el último minuto. Y lo deja reflexionando durante días sobre lo que ha visto. Las imágenes y personajes de Stoker no se olvidan con facilidad.

Cruce de caminos paralelos

El estadounidense Derek Cianfrance ya mostró su interés por la familia en 2010, cuando dirigió una cinta pequeña sobre la formación y ruptura de un matrimonio compuesto por Michelle Williams (nominada al Oscar) y Ryan Gosling. Se titulaba Blue Valentine y por problemas económicos de la distribuidora que compró los derechos en un primer momento, se estrenó en España el pasado mes de febrero. El mismo año en el que llega su nuevo trabajo, Cruce de caminos.

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En esta nueva cinta, todo es mucho más grande. Cianfrance se ha propuesto realizar la gran película sobre la familia americana del siglo XXI. Y no lo ha conseguido del todo. Porque la tarea que se plantea posee unas dimensiones descomunales que le han obligado a realizar tres mediometrajes unidos en una sola película. Pero las tres historias no despiertan el mismo interés ni mantienen un ritmo narrativo constante. No pasa de la corrección el segmento protagonizado por el ladrón y motorista al que da vida Ryan Gosling, cada vez más encasillado en personajes intensos, torturados y de pocas palabras. Bastante más atractiva resulta la sección protagonizada por Bradley Cooper. Policía y padre de familia, polo opuesto del personaje interpretado por Gosling, es aquí donde Cianfrance esboza su tesis: el entorno familiar en el que nacemos determina por completo nuestras aspiraciones y posibilidades vitales. Todo se hereda, incluso el camino de nuestra existencia. El último capítulo, centrado en dos adolescentes de los que poco se puede decir si no queremos aguar el visionado de la cinta, se alarga en exceso debido a que el director quiere asegurarse de que el público ha comprendido sus ideas sobre la familia. Cianfrance duda de la capacidad intelectual de su público; lo que a menudo sucede en el cine comercial, trasladado a una película de autor. De todas formas, no por ello Cruce de caminos deja de ser una cinta entretenida y con buenas actuaciones, aunque lejos de la obra icónica y trascendental que su autor pretendía construir.

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