Fuente: Cristobal Balenciaga Museoa
Cristóbal Balenciaga (Getaria -Guipúzcoa- 1895- Jávea -Alicante- 1972), el mito de la alta costura, tiene desde hace dos años el museo que alberga su mayor obra. Getaria, el pueblo marinero que le vio nacer, le rinde homenaje en un edificio moderno y vanguardista que recoge su legado en la alta moda del pasado siglo. Con la mirada puesta en el futuro, Cristóbal Balenciaga Museoa pretende convertirse en el mayor difusor de la figura del modisto en el campo de la moda a través de distintas actividades que tiene previstas la Fundación que lleva su nombre. Entre ellas, la creación de un centro internacional de diseño de alta costura y un centro de documentación y archivo bibliográfico. A punto de cumplirse tres años desde su inauguración, ha recibido más de 143.000 visitas convirtiéndose en uno de los lugares más visitados de la costa guipuzcoana.

Fuente: Cristobal Balenciaga Museoa

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Cristóbal Balenciaga Eizaguirre nació un 21 de enero de 1895 en Getaria. Hijo de una costurera y un pescador, se introdujo en la moda realizando un vestido a la marquesa de Casa Torres, clienta de su madre y mecenas en sus inicios. La aristócrata quedó sorprendida con el traje que el joven Cristóbal le hizo con apenas 13 años. Balenciaga se formó con el tiempo, educando su visión y buen gusto, mientras observaba cómo se cosían los trajes en las sastrerías de estilo inglés de San Sebastián. Sus hermanas le ayudaron a financiar la apertura de sus primeras tiendas que bajo el nombre de Eisa abrió en San Sebastián, Madrid y Barcelona. El modisto de la realeza y la alta sociedad española tenía veinte años y se llamaba Balenciaga. El comienzo de la Guerra Civil le obliga a cerrar sus locales y marcharse a París, dónde abrió su primera tienda en la Avenida George V. El éxito de su primera colección es el inicio de una carrera brillante que se cimentó con la admiración de dos “pesos pesados” de la alta costura del siglo XX: Coco Chanel y Christian Dior. La primera dijo: “Es el único de nosotros que es un verdadero couturier”, mientras que el segundo sentenció: “La alta costura es una orquesta que sólo Balenciaga sabe dirigir. Nosotros, el resto, seguimos sus indicaciones”. La rivalidad con este último fue tan patente que el de Guetaria decidió presentar sus creaciones en París una semana después para crear mayor expectación.

Fuente: Cristobal Balenciaga Museoa

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Los años gloriosos de la carrera de Balenciaga fueron las décadas de los cincuenta y sesenta, su etapa de mayor creatividad. Así surgieron el traje saco, el vestido túnica o el baby doll. En 1968, cuando crea el uniforme para las azafatas de Air France, la mujer a la que había vestido ya no era la misma. No eran necesarias cuatro o cinco pruebas para crear un vestido, no se cambiaban tres veces al día de traje. La alta costura parecía tener los días contados. Al menos en la manera en el que Balenciaga la concebía. Su retiro fue en la costa alicantina donde se refugió y disfrutó pintando, una de sus grandes pasiones. Retomó el hilo y la aguja para realizar el vestido de novia de Carmen Martínez-Bordiú, nieta de Franco, para su boda con Alfonso de Borbón en 1972. Balenciaga, el mito de la alta costura del siglo XX, fallecía en Jávea el 24 de marzo de ese mismo año. Sus cuerpo está enterrado en el pequeño cementerio de Getaria donde hoy, más que nunca, vive la esencia del mito.

Fuente: Cristobal Balenciaga Museoa

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