Holanda es el país del libertinaje por excelencia, y hasta Ámsterdam, su capital, se desplazan cada día miles de turistas para descubrir la ciudad de los excesos. Ámsterdam es de esas ciudades que enamoran nada más pisarlas,  que parecen estar en plena decadencia y de las que cada uno de sus rincones está cargado de esencia. Enamora recorrer las calles, perderte por sus canales, o simplemente quedarte sentado admirando la dulce Venecia del Norte.

Lo bueno de Ámsterdam es que puedes recorrerla caminando, no es necesario sacarse abono de transporte, porque caminar por sus calles es muy fácil, eso sí, hay que tener cuidado de todo, de bicicletas, de coches, autobuses, tranvías… el primer día, al menos yo, me sentía continuamente desorientada, no sabía hacia dónde mirar ni en qué momento cruzar la carretera. Al principio me daban un poco igual las bicicletas, de lo malo era lo que menos lesión podía causarme si me atropellaba, hasta que al día siguiente de mi llegada me enteré que si tienes un accidente con un ciclista la culpa la tienes tú, ¡aunque el susodicho que se desplaza sobre la bici vaya despistado o mandando mensajes por el móvil!

Si quieres  realizar una visita guiada por la ciudad, merece la pena acudir hasta la Plaza Dam, centro neurálgico de la ciudad y donde antes residía el Rey, porque cada día se ofrecen visitas gratuitas y que resultan bastante interesantes (lo de gratuitas es un decir, piden la voluntad en función de la profesionalidad del guía).

En Ámsterdam hay miles de museos para visitar, desde el ya archiconocido Madamme Tussauds, hasta el Van Gogh, Rembrandtt o la casa de Ana Frank, este último siempre con colas impresionantes, pero que según me han dicho, no es recomendable visitar. Si os gusta el arte y los museos el mejor es sin duda el Museo Nacional (que tiene un nombre en holandés muy raro), que quizás sea, después del Louvre, el mejor museo de Europa, por la gran colección de arte que concentra.  Ámsterdam, y Holanda en general, no se caracteriza por el culto, la religión por excelencia es el protestantismo, y merece la pena visitar alguna de las iglesias para ver lo diferentes que son a las españolas.

Si queréis salir a tomar algo, el Barrio Rojo es el lugar ideal, siempre cargado de ambiente y las terrazas de los Coffee Shops llenas hasta los topes. Además podéis ver los famosísimos escaparates donde las prostitutas-o señoritas de la calle- exhiben sus dotes para llamar la atención de los clientes. Es curiosa la historia del barrio rojo, me contaron que además se mantiene gracias a las mujeres que se dedican al negocio del sexo. Ellas deben pagar impuestos y el alquiler de su escaparate por seis horas, cuanto más abierto al público sea el espacio, más barato es el alquiler y por tanto sus servicios (hay una historia aún más interesante que descubriréis si acudís a la capital holandesa). Cuanto más estrecha sea la calle, más caro y más espectaculares las mujeres. Son calles siempre repletas de hombres –y mujeres- algunos curiosos, otros en busca de placer.

Otro de los lugares que merece la pena es el Mercado de las Flores, más de un centenar de puestos en los que poder comprar tulipanes, la flor que mejor representa a los Países Bajos. Además son muy baratas y al venderse en bulbos, puedes traerlas a España y cuidarlas en tu casa. A mi personalmente no me gustan mucho las flores, pero hay muchos amantes de estas plantas que se volverían locos viendo bolsas de 100 bulbos de tulipán por solo 7 euros.

Comer en Ámsterdam tampoco es caro, hay una callecita, al final del mercado de las flores, justo en frente de la Torre del Reloj, famosa en la ciudad y que desemboca en la Plaza Rembrandt, que ofrece una amplia variedad de restaurantes ‘fast food’. Mi favorito fue sin duda el Wook to Walk, solo apto para amantes de los noodles, ya que es lo único que ofrecen pero en una gran gama, y por apenas 5 euros tienes una cantidad enorme para degustar, os lo aseguro, yo no podía terminarlo nunca. Aunque si no os gusta la comida asiática, siempre podéis recurrir a Mc Donalds, Burger King o Subway. Por supuesto también hay ofertas de restaurantes, pero los precios siempre se elevan.

Cerca de Ámsterdam hay varios pueblos interesantes pesqueros que se puede visitar, hay que comprar un ticket de autobús que dura todo el día en la Estación Central, vale 12 euros, pero en un solo día se pueden visitar los tres que a mi parecer, resultan más interesantes: Vollendam, Marken y Zaandam, pueblo conocido por sus enormes molinos.

Y ya grandes ciudades Rótterdam, en mi opinión nada recomendable, cuesta 26 euros el billete ida y vuelta y tampoco tiene mucho para ver. Las casa cúbicas, para a quien le guste la arquitectura y una iglesia que en su interior tiene un bar, puede resultar impactante, pero visto lo visto tras unos días en Holanda en referencia a la religión, tampoco sorprende demasiado, aunque posee el centro comercial más grande de Europa. Una ciudad que si merece la pena visitar es La Haya, es bonita, tiene encanto… simplemente por pasar un día recorriendo sus calles. El billete es 21 euros ida y vuelta.

Y tras un breve pero intenso repaso por uno de los pequeños rincones de los Países Bajos, ¡animaros a visitar Ámsterdam!

Una Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.