Un festival austero

Nadie esperaba que la 61 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián superara a la de 2012 en presencia de estrellas. Hace un año se conjuraron los astros (el leve aumento del presupuesto y que el certamen se convirtiera en sexagenario también ayudaron) y varios de los intérpretes hollywoodienses con mayor proyección se acercaron a la capital guipuzcoana. Sin embargo, en 2013 el festival ha perdido 200.000 euros de sus ajustadas cuentas, 7,3 millones de euros, y no ha cumplido una cifra tan redonda. Resultado: sequía de estrellas. A Hugh Jackman y Carmen Maura, flamantes premios Donostia, solo les acompañaron en la alfombra roja Annette Bening, Michelle Yeoh, Oliver Stone y Terry Gilliam. Pocos más. De todas formas, y a pesar de que la presencia de actores y actrices garantiza el foco mediático, lo fundamental en un festival de cine es, como su nombre indica, el séptimo arte. El problema es que tampoco las películas proyectadas en la sección oficial destacaron por su calidad.

Fue el caso de la ganadora de la Concha de Oro, la venezolana Pelo Malo. En su tercera cinta como realizadora, la artista plástica Mariana Rondón presenta la historia de Junior, un niño venezolano de nueve años que desea alisarse su rizado pelo para hacerse la fotografía que debe entregar en el inicio del curso escolar. Este y otros comportamientos hacen pensar a su desempleada, desorganizada y viuda madre que su hijo es homosexual. La premisa podría haber dado lugar a un corto interesante y original. Sin embargo, para un largometraje de hora y media el guion, la materia prima, resulta escaso. Pasan los minutos y la historia no avanza, sino que se convierte en un círculo vicioso de escenas vacías e inútiles para la narración. Y es que ese es el principal problema de Pelo malo: apenas hay acciones y los personajes no experimentan transformación alguna, ni explícita ni implícita. Constantemente se vuelve sobre planos casi idénticos: viajes en autobús, estancias con la abuela de Junior o comidas en el hogar. Nada aportan a una historia demasiado pequeña. Quizás Rondón quiere evidenciar con ellos la dificultad del ser humano para cambiar y aceptar al diferente, aunque no parece lo más probable.

pelo-malo

En cuanto a la dimensión social, el filme muestra el modo de vida en los barrios más deprimidos de Caracas, aunque siempre en un segundo plano bastante distante. Quizás lo más destacable sea el personaje de la amiga de Junior, a través del cual el espectador conoce algunos aspectos de la cultura popular local y del profundo sentir religioso de un importante sector del pueblo venezolano. Son estos fragmentos los que dan vida a una cinta que languidece a medida que avanza el metraje. Es cierto que algunas escenas vuelven a la mente de la audiencia pasados los días, pero el conjunto carece de fuerza y atractivo.

Con premio, sin premio

Entre lo más aplaudido de la competición, sobresalió la española La herida, de Ricardo Franco, que logró el Premio Especial del Jurado y la Concha de Plata a la mejor actriz para Marian Álvarez. Según todas las críticas, Álvarez interpreta a la perfección a una mujer con Trastorno Límite de la Personalidad. Igualmente, recibió elogios y la Concha de Plata al mejor actor para el oscarizado Jim Broadbent la británica Le week-end, que trata la crisis de un matrimonio de sexagenarios. No fueron pocos los que detectaron en ella ecos de la trilogía de Antes del amanecer. También agradaron las últimas propuestas de Bertrand Tavernier, que con la sátira política Quai d´Orsay logró el trofeo al mejor guion, y de David Trueba, que con Vivir es fácil con los ojos cerrados se fue de vacío. Menos unánime fue la reacción de la prensa especializada ante la mexicana Club Sandwich (premio a la mejor dirección), la española Caníbal (mejor fotografía) y, en especial, Enemy, del canadiense Denis Villeneuve. En opinión de no pocos críticos, merecía ser la vencedora del certamen. Según otros tantos, era una pobre imitación de las cintas de Lynch y Cronenberg.   

De todas formas, como es habitual en San Sebastián, algunas de las mejores películas se vieron en la sección Zabaltegi. En ella se proyectó el estupendo documental estadounidense Cutie and the Boxer, del director Zachary Heinzerling. La cinta repasa con maestría el matrimonio del artista japonés asentado en Nueva York, Ushio Shinohara, y de su mujer, Noriko. La conclusión del filme es a la vez bella y terrible. La vida de estos dos creadores ha quedado destrozada por el arte. Sin embargo, no habrían sido capaces de vivir sin el arte.  

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.