Tarzán en la playa

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Idea original y redacción por Jorge León Fernández

Una tarde de verano caluroso, excitante, y a la vez bochornoso había un chaval -del que no diré ni su nombre ni su edad para proteger su identidad-, más solo que la una, leyendo un periódico en el chiringuito de la playa en una isla paradisíaca. La tranquilidad era un poco incómoda, se le estaba haciendo el día aburrido, estaba de vacaciones, y la tarde decepcionaba.

¿A qué estoy esperando? ¡a una noche de furor!

El verano apretaba con altas temperaturas en la isla, pero en la playa corría el viento, las páginas del periódico las pasaba el aire: -Caso Bárcenas-. Las páginas del periódico le adormecían al chico por su falta de interés. Las hormonas femeninas, masculinas y las ganas de fiesta se empezaron a juntar en un corro de esos de campamento, en el que todo el mundo grita de la emoción, enfrente del chiringuito a 50 metros. Había chicas, y chicos hablando de comprar entradas para esa noche en una de las discotecas más concurridas.

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Las hormonas se le dispararon a este chico y una pregunta fácil de resolver pasó por su cabeza -¿A qué estoy esperando? ¡a una noche de furor!- no tardó ni cinco minutos en dejar a Bárcenas, coger aire y presentarse allí delante de esos jóvenes que serían un poco más mayores que él, para conversar sobre nuevos planes. El calor apretaba, los biquinis, las pieles morenas y las bocas abiertas de estos hablando hacían presagiar una noche de sexo y lujuria. Una segunda pregunta le examinaría al chaval el sentido común -¿Quiero una noche de sexo desenfrenado y salvaje?-.

Dios existe, y eran dos

El chico, tras pasar la tarde con sus nuevos amigos, se hizo pasar por periodista famoso, estos le invitaron a su casa a beber por la noche y las hormonas se iban disparando a medida que se acercaba el gran momento, demasiadas miradas ahogaban sed sexual, muchas risas tontas, y tarde flirteando. Esta pasaría a una noche de bailes, copas, frenesí, pitillos y conversaciones de todos los colores. De la discoteca a casa de sus dos amigas había poco más que un paseo lleno de fantasía erótica por el camino. El chico utilizaba su gran lengua -o labia- para conversar y producir un ambiente de humor caliente, para relajar a su vez el ambiente de éxtasis hormonal. Este joven se encontraba con dos chicas y alejado de la multitud, dispuesto a cometer uno de sus primeros pecados capitales y de realizar uno de sus ansiados deseos de adolescente: un trío.

Tarzán se hacía hombre, hace horas leía el periódico tan tranquilamente en la terraza de un chiringuito, ahora estaba con dos chavalas él solo. Increíble. Solo ha hecho falta un periódico, y curiosidad. Las dos chicas mandaron y mantuvieron el control, eran dos y el chico era solo uno, un polvazo en un dos contra uno. Para este periodista era el sueño de una noche de verano con un ambiente exótico y un trío matutino en las paradisíacas playas, con Tarzán ardiendo en el infierno. -Dios existe, y eran dos-.

Una Respuesta

  1. un dandy goloso

    una vez más Don Tigre se convierte en León… la furia de King Kong no es nada con la chita que lleva nuestro Tarzán… quien sabe si la vegetación salvaje de la selva africana se comerá el empire state…

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