Desde Washington con amor

El fin de semana pasado fui a ver la película El Mayordomo (The Butler). En la cartelera de nuestro pequeño y humilde cine (casi como los de antes, me encanta, ¡me encanta! Y es que el charm de ir al cine se está perdiendo completamente en las grandes superficies, tantas elecciones (y holliwoodienses en un altísimo porcentaje, por si no fuera suficiente), las bombillas fluorescentes al salir, adolescentes ruidosos en masa pasando la tarde…y de los precios tanto de la entrada como de las palomitas mejor ni hablamos; por no hablar tampoco de esta magnífica forma de ocio juvenil en centros comerciales repletos de multinacionales de comida rápida (y basura, obvio)) se disputaban al público esta y Gravity, pero la última no me acabó de convencer…tras ver el trailer media docena de veces…no sé qué más nos pueden contar George y Sandra. Algo me dice que es una de esas películas que por recibir tanta propaganda acaban decepcionando. En cualquier caso, queda pendiente por ver, ya os contaré.

Pero centrémonos en el tema que nos atañe.

La película huele a Oscar. Según tengo leído en no recuerdo ya donde, grandes actores se han ocupado de formar parte del elenco; aún bajando su caché. Todo el mundo quiere formar parte del gran homenaje a Cecil Gaines (interpretado por Forest Whitaker): desde Mariah Carey en un brevísimo papel como madre del protagonista, hasta la gran y poderosa Oprah Winfrey.

He querido hacer una muy pequeña investigación acerca de quién fue en realidad el adorable mayordomo que trabajó con férrea disciplina y dedicación al servicio de la Casa Blanca durante nada más y nada menos que 34 largos años y al servicio de 8 presidentes. ¿Quién fue realmente Cecil Gaines? Su verdadero nombre fue Eugene Allen (1919-2010, descanse en paz) y, al contrario de lo que nos cuentan en la película, empezó trabajando en la despensa y, con los años, e imagino que una gran dedicación y afán de superación (me creo esta parte), acabó ocupando el mayor y más prestigioso rango entre los sirvientes del hogar de los presidentes estadounidenses como maître principal. Además, tuvo un único descendiente, por lo que el personaje de su revolucionario hijo Louis es parte de la imaginación de los guionistas.

Eugene Allen y Forest Whitaker en El Mayordomo. Fuente: TheSlateGroup, S.L.

Eugene Allen y Forest Whitaker en El Mayordomo.
Fuente: TheSlateGroup, S.L.

De cualquier manera, no digo esto a modo de crítica, sino como información adicional que pueda resultar de interés al entusiasta cinéfilo lector. La vida de Eugene sirvió de inspiración para la película y, ya de paso, los jefes del cotarro aprovecharon para meter todo el tema de los Civil Rights Movement. Un gancho seguro y un tema muy de actualidad. De triste actualidad. Sólo tenemos que ver los telediarios y empaparnos del ostracismo, violencia, discriminación e injusticia al que siguen siendo sometidos muchos hombres y mujeres de raza negra o de cualquier origen étnico-racial minoritario. Bien sea en los mismos Estados Unidos que parecen nuuuunca aprender de sus errores, bien sea en la gran Federación Súper-democrática Rusa donde los homosexuales y los inmigrantes son siempre recibidos con grandes alabanzas. Y si son de clase socioeconómica baja, a pocos sólo les falta ponerse la mascarilla para no contagiarse. Marx debe de estar revolviéndose en su tumba. Aunque mejor lo dejamos, que me enervo y me desvío.

thebutler02_principalGaleriaApaisada

Louis, el hijo revolucionario de Cecil Gaines.
Fuente: Hearst Magazines, S.L.

El director del filme, Lee Daniels, ya nos tocó el corazoncito en 2009 con temas similares de discriminación y falta de oportunidades con la preciosa Precious (valga la redundancia). Y de Forest Whitaker, protagonista indiscutible en este largometraje repleto de estrellitas como ya mencionaba anteriormente, sólo podemos decir que su talento ya quedo claro en El Último Rey de Escocia (2006), por la que fue nominado a múltiples premios y papel por el que le otorgaron un Globo de Oro y un Oscar entre otros muchos galardones, ahí es nada.

“¿Y la película, qué?”, os estaréis preguntando. Bonita, nadie podría afirmar lo contrario. Me atrevo a decir que al espectador exigente la cinta puede dejarle frío e insatisfecho. Aún así, es cuanto menos emotiva. Llamando a la melancolía y, en mi caso al menos, y a pesar de estar bastante, bastante lejos de haberlo vivido (física y temporalmente), a tiempos pasados donde grandes personajes históricos como Martin Luther King dieron mucha guerra y, bienvenido sea el jueguecito de palabras, también mucha paz y mucho amor. Entretenida y con regustillo a clase de historia, elogiando las bondades de los diferentes presidentes y mostrando la cara oscura de otros. Eso sí, que no se nos olvide juzgarlos con objetividad y recalcar que El Mayordomo no deja de ser una producción de gran presupuesto, americana y dispuesta a arrasar tanto en taquilla como en la alfombra roja. Además, tal y como está el país, a Obama no le vendrá nada mal calmar un poco las aguas turbulentas y recordar que: a) él es el primer presidente negro de la historia de los Estados Unidos de América (“de color” que se dice por ser políticamente correctos) y, por lo tanto, b) es también la voz de la esperanza y del cambio (WE CAN! decíamos muchos allá por el 2008).Vamos, que Whitaker & Co., en los 132 minutos que dura la peli, a algunos también nos dan que pensar en temas sociopolíticos varios. Y ¡ojo!, que a mí Obama me cae simpático y creo que más que un país y un mandato lo que se tiene entre manos es una auténtica putada. Su política de exterior, sanitaria y armamentística es otra cosa mariposa.

25613

Fuente: Hearst Magazine, S.L.

Como pincelada última, quisiera presentaros otra pequeña reflexión sobre la evolución de los personajes. Os invito a que prestéis atención a este aspecto en particular. Como en otras muchas películas (y esto no le ocurre sólo a quien pasará a formar parte de los libros de historia, sino a prácticamente todo mortal sobre la faz de la tierra), vemos como, bien sea por el momento vital, la energía menguante, la desilusión o los propios hechos históricos, Louis (recordemos que encarna al hijo de Cecil Gaines) va deshinchando su ego y, junto a él, sus grandes ansias de cambio y de revolución, optando por caminos más ortodoxos. Mi pregunta es: con la edad, ¿nos convertimos en cobardes o en realistas?  Y de forma similar, otro fenómeno que ocurre tan a menudo como las plantas florecen en primavera. Me refiero a como hacia el final de la vida, cuando tenemos los días contados, nos volvemos más benévolos con nosotros mismos y con los nuestros. El perdón, la reconciliación, el amor incondicional hacia un hijo y hacia los padres. No nos elegimos y de igual manera no podemos elegir querer o no a quien nos dio la vida o para quien nosotros la creamos. El Mayordomo es, por lo tanto, también una lección de humanismo e igualdad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.