Los Goya de Vivir es fácil con los ojos cerrados

El ambiente no invitaba a la celebración. El IVA cultural se mantiene en el 21%, las previsiones indican que la cuota de mercado del cine español en 2013 se situó por debajo del 10% (faltó Lo imposible para salvar los muebles), el número de producciones continúa su descenso y, para colmo, días antes del acto más destacado del séptimo arte en España, el ministro de Cultura, José Ignacio Wert, se encuentra con problemas de agenda que le impiden acudir a la 28 edición de los premios Goya. Al menos, eso dice la versión oficial. No obstante, la industria cinematográfica nacional aparcó por un momento sus numerosos problemas (o no tanto, si atendemos a algunos de los discursos de la noche) para entregar sus galardones más importantes. Unos premios de la Academia que coronaron a dos cintas: Vivir es fácil con los ojos cerrados y Las brujas de Zugarramurdi.

Aunque no obtuvo el mayor número de reconocimientos, la triunfadora moral de la noche fue Vivir es fácil con los ojos cerrados. La deliciosa y optimista cinta de David Trueba sobre la historia real de un profesor que enseñaba inglés a sus alumnos a través de las canciones de los Beatles y que en 1966 decidió marchar a Almería para conocer a John Lennon logró seis “cabezones”. Mejor película, director, actor para Javier Cámara, actriz revelación para Natalia de Molina, guion original y banda sonora.

Para el intérprete riojano, que competía con actores del calibre de Eduard Fernández o Antonio de la Torre, era su primer Goya tras cinco nominaciones previas. “Me hace muchísima ilusión; he visto la lista en la Academia de los actores que tienen este Goya y me parece un honor increíble que yo lo pueda tener”, aseguró en su discurso de aceptación, en el que tampoco faltaron menciones a Juan Carrión, el maestro que inspiró la cinta, así como a todos los profesores del país, incluidos aquellos que inocularon en Javier Cámara “el compromiso” por la profesión de actor y la búsqueda de la “belleza” y la “excelencia”.

vivir_facil_portada

Pero si al protagonista de Vivir es fácil con los ojos cerrados le han hecho falta seis nominaciones para lograr la estatuilla, su director, David Trueba, ha necesitado hasta diez candidaturas para conseguirlo. Sin embargo, esta vez se llevo no uno, sino dos premios por su labor como director y guionista. En los discursos de agradecimiento este cineasta acostumbrado a perder se acordó de la “gente humilde que hace bien su trabajo” y reiteró el mensaje de su película: la importancia de no perder la esperanza ni las ganas de vivir. Tampoco faltaron las referencias políticas. “Es bueno recordar que en el cine español hay de todo, gente de izquierdas y de derechas”, aseguró. Por su parte, una emocionada Natalia de Molina tuvo palabras para el ministro Gallardón y su proyecto de reforma de la ley del aborto. “Yo no quiero que nadie decida por mí”, afirmó. En términos similares se manifestó Marian Álvarez al agradecer su trofeo como mejor actriz protagonista por su intenso papel en La herida, una cinta incómoda y dura que también obtuvo el reconocimiento a la mejor dirección novel para Fernando Franco, montador de Blancanieves, la gran triunfadora de la edición anterior.

terele_pavez3__318x216

Las brujas se llevan los técnicos

Si nos atenemos al número de premios, Las brujas de Zugarramurdi se alzaron e impusieron en la noche de los Goya. La cinta de Álex de la Iglesia, olvidada en las categorías de mejor película y director, consiguió ocho trofeos, más que ninguna otra película. Entre ellos se encontraban los de dirección de producción, montaje, diseño de vestuario, dirección artística, maquillaje y peluquería, sonido, efectos especiales y actriz de reparto para la gran Terele Pávez. Con el auditorio en pie, la comedianta mostró su agradecimiento a una profesión a la que ha dedicado sesenta de sus setenta y cuatro años de vida. Por cierto, el encargado de otorgarle el trofeo, Javier Bardem, no tuvo reparos en calificar a José Ignacio Wert como “ministro de Anticultura”.

En cuanto al resto de las cintas, La gran familia española, la más nominada con once candidaturas, se tuvo que conformar con el premio a la mejor canción original y al mejor actor de reparto para Roberto Álamo, que tuvo palabras de recuerdo para el recién fallecido Philip Seymour Hoffman. Tampoco le fue demasiado bien a Caníbal, que repitió el premio a la mejor fotografía obtenido en el pasado festival de San Sebastián. De todas formas, las grandes perdedoras de la noche fueron 3 bodas de más y 15 años y un día. Ambas se fueron de vacío.

Consulta el palmarés completo en el siguiente enlace

manel-fuentes-goya

¿La gala más aburrida?

Además de la fiesta del cine, la gala de los Goya es un espectáculo televisivo. Sin embargo, en esta ocasión tuvo poco de espectacular. En parte, por la labor de su presentador, un Manel Fuentes bastante forzado en sus intervenciones, simpáticas, pero nunca graciosas u originales. Ni siquiera el ya habitual recurso de introducir al conductor de la ceremonia en las cintas nominadas resultó acertado, más allá de la aparición de Chicote dando lecciones de cocina al protagonista de Caníbal. Y hubo momentos de auténtica vergüenza ajena, como el número musical, más propio de Noche de fiesta que de una entrega de premios. Así, avanzó una gala larga (tres horas), monótona, aburrida y carente del más mínimo ritmo en la que solo destacaron las intervenciones de los actores de Muchachada Nui, Andreu Buenafuente o Eva Hache y algunos (no todos) discursos de agradecimiento.

1391989476880

Tampoco la realización, torpe y chapucera, estuvo a la altura. Tras cuatro ediciones en las que los Goya se habían parecido a los Oscar más de lo que hace solo una década se podría haber imaginado, este 2014 los errores fueron constantes y notorios: cámaras dentro del plano, imágenes borrosas, movimientos bruscos y un permanente sonido de ambiente que solapaba parcialmente las intervenciones de los presentadores. Fueron algunos de los errores de una gala que, con toda probabilidad, será la última de Enrique González Macho como presidente de la Academia. Más nervioso de lo habitual, pero también más contundente, lamentó el mal año del cine español, criticó la subida del IVA cultural y subrayó la falta de apoyo institucional. “Hoy en día hacer una película es casi un acto heroíco”, aseguró. Pero su intervención tampoco fue suficiente para mejorar la audiencia de los premios Goya menos vistos desde 2009, con 3,5 millones de espectadores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.