Una obra poco monumental

Sobre el papel, todo indicaba que Monuments Men sería una gran película. En primer lugar, la historia. Aunque la II Guerra Mundial se ha tratado en el cine hasta la saciedad, el nuevo filme dirigido por George Clooney ofrecía una perspectiva diferente, apenas abarcada por el séptimo arte más allá de algún documental. Y es que Monuments Men (Los hombres de los monumentos, en castellano) se basa en un libro de Robert M. Edsel sobre la historia real de varios civiles que marcharon a Europa para recuperar las obras de arte robadas por los nazis. A una premisa atractiva, se le sumaba un gran reparto, en el que se incluían nombres como Matt Damon, Bill Murray, John Goodman, Cate Blanchett, Jean Dujardin o el propio George Clooney como líder del grupo. Además, no se puede obviar el buen pulso del intérprete como realizador, demostrado en cintas tan relevantes e interesantes como Buenas noches y buena suerte o Los idus de marzo. Sin embargo, los astros no se han alineado como deberían y Monuments Men está lejos de ser una película ideal.

Por supuesto, nadie duda de las buenas intenciones del director. Su propósito era homenajear y dar a conocer la labor de todos los individuos que arriesgaron sus vidas durante la II Guerra Mundial para proteger la cultura de la civilización occidental. La propia voz en off de Frank Stokes, el personaje interpretado por George Clooney, se encarga de repetir, quizá de forma excesiva, la importancia del arte para las sociedades. El problema es que el homenaje parece ejecutado desde la más total y absoluta indiferencia, lo cual no deja de resultar sorprendente si se tiene en cuenta que para sus filmes como realizador, la estrella de Hollywood escoge historias que le resultan atractivas y lo implican por completo. En pocas palabras, no se trata de un trabajo de encargo impuesto por un estudio. Y sin embargo, todo el metraje de Monumenst Men transmite un aroma a obligación, a castigo del que Clooney desea librarse lo antes posible.

Y es que la cinta no logra que el espectador se involucre en la historia, empatice con los personajes o reconozca la grandeza de su labor que, sin duda, fue grandiosa. Al contrario, falta intensidad y fuerza para atrapar al público. Así, el aburrimiento impregna gran parte de las dos horas de metraje de Monuments Men. Las terribles (pero significativas) consultas al reloj o variaciones de postura en la butaca aparecen demasiado pronto, y lo hacen para quedarse hasta el fundido a negro. Hay humor y ciertos momentos de tensión que hacen el viaje menos largo, pero en absoluto lo convierten en entretenido o apasionante.

Sin duda, uno de los problemas de la película es su caótica estructura, con permanentes saltos espaciales que impiden desarrollar la narración con la coherencia o continuidad necesarias. Quizás Clooney debería haber renunciado a mostrar tantos personajes o, al menos, no tendría que haberlos dispersado tan pronto por distintas zonas del continente europeo. Al seguir a tantos individuos, los cambios de escenario tienen un efecto similar al de los cortes publicitarios: rompen el hilo narrativo.

Matt Damon

Clasicismo y buenos actores

También se aprecia cierta falta de profundidad y desarrollo en los personajes. No obstante, en este caso, el saber hacer del reparto suple esa pequeña carencia. La galantería de George Clooney y Matt Damon combina a la perfección con la vis cómica de Bill Murray y John Goodman, sin olvidar el misterio de Cate Blanchett en una breve aparición que recuerda a la que realizó en la infravalorada El buen alemán. La intérprete australiana roza el Oscar por su fantástica Jasmine en la última cinta de Woody Allen, pero en Monuments Men demuestra que no hay papeles pequeños. Más allá de su presencia en pantalla, se debe destacar el excelente acento francés que imprime al inglés de su personaje, inspirado en la historiadora del arte Rose Valland, una de las mujeres más condecoradas en la historia de Francia.

Otras de las virtudes de la cinta son la ambientación y fotografía, repletas de clasicismo, tal y como sucede en la mayoría de los filmes dirigidos por Clooney. Sin embargo, las bondades no logran imponerse ante un guion mal estructurado y confuso, ni ante una dirección impersonal y desganada. Una lástima, porque Monuments Men tenía los ingredientes para convertirse en una gran película. Pero la receta ha fallado.   

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