La gran resaca del carnaval

Un saludo de parte de la Llama. Hoy me gustaría hablar de otra fiesta tradicional que honramos y deshonramos a partes iguales: el carnaval, una tradición que ha ido desde el mismísimo mundo antiguo hasta nuestros días, dejando escenas tan entrañables como patéticas. A lo largo de la historia, el carnaval ha sido un tiempo para la permisividad, el descontrol e incluso para la promiscuidad, y había quien decía que en la noche del Carnaval todo vale… Ni qué decir tiene que en alguna de estas tradiciones hoy en día suspendemos de calle, y es que ya no se tiene respeto por nada. De permisividad, eso sí, vamos sobrados.
Desde la Edad Media este desparrame es el último homenaje antes del miércoles de ceniza que marca el principio de la cuaresma, la muerte, la resurrección del Señor… en definitiva, un tiempo para portarse bien. En esto también suspendemos, claro.
Esto es un disfraz a la antigua

Esto es un disfraz a la antigua

 
Lo que no se puede negar es que la cosa ha perdido algo de glamour, ¿cómo hemos pasado de la máscara veneciana a acabar con el disfraz de ducha de Daniel Sam en Karate Kid? Lo que no se puede negar es que hemos ganado en diversión, desde luego. A día después de la gran noche todavía hay calles que dan la sensación de acabar de salir de una catástrofe natural, con el añadido de que todavía hay gente intoxicada disfrazada generalmente de mujer de pelo en pecho intentando volver a casa, y es que estas fiestas siempre son una prueba de supervivencia. Los decanos de los carnavales habrían estado orgullosos.
Un disfraz a la moderna

Un disfraz a la moderna


Lo mejor es que por esta o por aquella la cosa aún no ha terminado. En Bilbao, haciendo todo a lo grande, cómo no, encuentran excusas para participar en todo esto tres fines de semana seguidos, distribuyendo el caos por diferentes áreas geográficas de la inmensa capital. Casi poca cosa comparación con las dos grandes capitales carnavaleras ibéricas, Tenerife y Cádiz, que entre una y otra, empiezan en enero y terminan en marzo. Cómo lo leéis. Si hay gente que con una noche de desenfreno termina con días de resaca, no quiero ni imaginarme a cuanto equivaldrá el caso de gaditanos y tinerfeños…
El día después de un carnaval

El día después de un carnaval

Eso sí, la gran ventaja de los carnavales es que cualquiera puede pasar desapercibido entre la multitud, ¡hasta una llama! (¿no?), así que yo aprovecho para hacer un poco de vida normal con la turba. Ya sabéis, si veis una llama, no os alteréis, y si os alteráis, al menos no la raptéis y la abandonéis en un tranvía, gracias.
¡Buena suerte a todos para lo que queda de carnaval! Enhorabuena a los supervivientes, y recordad, como manda la tradición, nos vemos el miércoles en misa, que últimamente a algunos se os olvida ir…

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