Una adolescencia hipnótica y perturbadora

François Ozon disfrutó mucho con la experiencia de dirigir a actores jóvenes en su anterior película, la excelente En la casa. Tras años de trabajo con intérpretes de más edad, el cineasta francés sentía la necesidad de regresar a un tema muy presente en los inicios de su carrera: la adolescencia. Sin duda, el cambio valió la pena. Al aplauso de la crítica se le sumó la Concha de Oro en el festival de San Sebastián, el Premio del Cine Europeo al mejor guion y varias nominaciones a los César, entre otros reconocimientos.

Por tanto, no sorprende que el realizador retrate una vez más a la juventud actual en Joven y bonita, trabajo con el que compitió en el pasado festival de Cannes, si bien no estuvo presente en el palmarés del jurado liderado por Steven Spielberg. Frente al tono más vital y sarcástico de En la casa, su nueva obra opta por un enfoque duro y descarnado, aunque no faltan algunas gotas de humor que funcionan como válvula de escape. La propia historia impone un tratamiento más serio y severo, pues en esta ocasión Ozon presenta el relato de una niña acomodada de diecisiete años que se prostituye. Las similitudes con Belle de jour, el clásico de Buñuel, son evidentes. No obstante, mientras el maestro aragonés realizaba un estudio de la mujer en la alta burguesía, Ozon se sirve de la misma premisa para profundizar en la adolescencia de hoy y de siempre. Al fin y al cabo, las etapas de la vida no cambian tanto de un tiempo a otro.

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El director retrata el paso de la infancia a la edad adulta con una cámara experta que recoge unas imágenes hipnóticas, poderosas y sugerentes al servicio de un guion muy bien definido y acotado. El galo sabe lo que desea contar al espectador y no se desvía por carreteras secundarias: se trata de mostrar la inquietud e incertidumbre de la adolescencia, la necesidad (casi obligación) de transgredir las normas y hacer algo diferente al resto de las personas. Isabelle, la protagonista del filme, opta por prostituirse para mostrar su enfado con el mundo, pero tal y como aseguró el director francés durante la presentación ante los medios, podría haber escogido el camino de las drogas o cualquier otra alternativa. Aunque decepcione a muchos, Joven y bonita no es un estudio sociológico acerca de los adolescentes que venden su cuerpo, sino un profundo y completo análisis sobre la etapa vital más complicada y con más cambios del ser humano.

Sin duda, para mostrar dicha complejidad era necesaria una actriz de talento, capaz de combinar la frialdad exterior del personaje con sus convulsiones internas. Ozon la ha encontrado en Marine Vacth, joven modelo sin apenas experiencia en el séptimo arte que en Joven y bonita se enfrenta a su primer papel protagonista. La prueba la ha superado con honores. La intérprete lleva el peso de toda la película y en ningún momento muestra signos de agotamiento. De hecho, los casi constantes primeros planos de su rostro no parecen suponerle esfuerzo alguno. Al contrario, transmite con aparente facilidad la agitada y confusa vida interior que tiene lugar tras una máscara de apatía. La cámara la adora y ella adora a la cámara. El espectador entra en su mente y comprende su inestabilidad.

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Las canciones de Françoise

Junto con las interpretaciones, se debe destacar la acertada selección musical de la película, con varias canciones de Françoise Hardy que parecen expresamente escritas para la cinta. Como corresponde a las mejores bandas sonoras, las letras de Hardy contribuyen a exponer el estado de ánimo de Isabelle; ayudan a contar su historia. Tampoco se debe obviar el invisible y fluido montaje que, junto a la fotografía, define el tono hipnótico y perturbador de la cinta.

En definitiva, François Ozon vuelve a demostrar su capacidad para rodar imágenes sugerentes y poderosas que atraen e inquietan al público por igual. Sin juzgar a sus personajes. Quizá a Joven y bonita le falta la grandeza de títulos más ambiciosos sobre la transición a la edad adulta como La vida de Adèle, pero, ¿acaso no son las pequeñas historias las que construyen y definen nuestras vidas? 

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