Tres días largos y aburridos

Desde el inicio de su carrera como realizador, las películas de Jason Reitman se han caracterizado por un acertado equilibrio entre la comedia más amarga y el drama más real. Una combinación destinada a radiografiar el modo de vida actual a través de individuos más o menos comunes. Si en Juno el humor se imponía con claridad, en Up in the air dejaba cierto espacio a la tragedia. En cuanto a Young Adult, el espectador no podía evitar sentir pena por la patética existencia de Charlize Theron. El sarcasmo impregnaba todo el metraje. Por tanto, a la vista de esta evolución es posible que Una vida en tres días, su última película que ahora llega a las salas españolas, sea consecuencia lógica de su trayectoria. O no tanto. Y es que en este nuevo filme no hay una sola gota de humor. Se impone un tono serio y duro para adaptar la novela de Joyce Maynard sobre una mujer divorciada (Kate Winslet) obligada a cobijar en su hogar a un prófugo de la justicia (Josh Brolin) del que termina enamorada. Todo ello contado desde los ojos de su hijo adolescente.

No obstante, a juzgar por el resultado final, convendría que Jason Reitman regresara a la tragicomedia y dejara el drama para otros directores. O escogiera mejor las obras literarias que decide adaptar. Porque el principal problema de Una vida en tres días es la pequeña, frágil y vacía historia en la que se basa, y de la cual no ha conseguido extraer el más mínimo jugo. La simple sinopsis resumida en poco más de una línea es todo cuanto el espectador encontrará en esta fallida cinta. Ante semejante vacío, Reitman no puede sino imponer un ritmo pausado que intenta camuflar, sin éxito, las enormes carencias del guion. Quizás como cortometraje el filme hubiera funcionado, pero como largometraje de dos horas, Una vida en tres días muestra las rotas costuras de su libreto desde la primera media hora. La cinta no va más allá de la presunta amenaza que implica Brolin y de un enamoramiento improbable que, eso sí, Reitman (o más bien sus actores) consigue hacer creíble. En consecuencia, el aburrimiento alcanza al espectador demasiado pronto, resignado a soportar una cinta que se hace demasiado larga. No mejora la situación el recurso a un sentimentalismo inédito en la carrera del director, que apenas mantiene a flote un barco prácticamente hundido desde su salida de puerto.

LABOR DAY

En este pobre guion, más propio de un telefilm, resulta frustrante que Reitman no aproveche las pocas oportunidades que la historia le brinda para crear una obra de mayor calado. ¿Acaso no podría haber explorado la fina línea de separación entre el bien y el mal? ¿La relatividad ética y moral? ¿No habría sido interesante profundizar en la soledad de su protagonista femenina? Son elementos que convertirían Una vida en tres días en un trabajo más trascendente. Sin embargo, el director norteamericano opta por el sentimentalismo propio de las películas de sobremesa que, por momentos, impregna incluso la fotografía y el montaje.

Pero no todo son defectos en el último trabajo de Jason Reitman. Entre las inesperadas virtudes, destaca su vertiente didáctica. Sí, quien vea Una vida en tres días aprenderá a cocinar un excelente pastel de melocotón gracias a una (¿extraña?) escena de cinco minutos en la que el trío protagonista prepara el dulce. Así se comprende que el American Pie Council (Consejo del Pastel Americano) se haya encargado de promocionar la película en Estados Unidos. Tampoco se deben obviar las pequeñas clases de bricolaje que ofrece Brolin en varios momentos del metraje. El actor arregla puertas o fija piedras en los muros del jardín con maestría mientras la audiencia se pregunta en qué momento Reitman pensó que las lecciones de gastronomía, así como de mantenimiento del hogar contribuirían a la narración cinematográfica.

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Los actores se salvan

Si queremos hablar de las auténticas virtudes de Una vida en tres días solo queda recurrir a sus dos protagonistas. Kate Winslet encarna con maestría y tacto a un ama de casa resignada y sin aspiraciones vitales. No es nada nuevo en la carrera de la británica, que ya ha interpretado roles similares en Juegos secretos o la miniserie Mildred Pierce. Aun así, vuelve a demostrar que es una de las mejores actrices de la actualidad. Por su parte, Josh Brolin borda su enigmático y peligroso personaje y se convierte en una presencia inquietante bajo la cual se atisba cierta ternura. Sin embargo, los esfuerzos de los actores no son suficientes para salvar una película olvidable y fallida. 

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