La culpa de todo la tiene Yoko Ono.

El museo Guggenheim de Bilbao acoge la obra de la artista japonesa hasta el 1 de Septiembre. Tras pasar el umbral de los 80 años, Ono presenta “Retrospeciva” , una recopilación artística que reúne más de cinco décadas de creación.

La alargada sombra de la polémica no desaparece en torno a esta mujer, de quien en muchas ocasiones se ha hablado a la ligera. “Retrospectiva” es una propuesta arriesgada y heterogénea donde la música y la escultura invaden las salas del museo. Escenas de desnudos, obras colaborativas, poemas en japonés… Yoko Ono juega con todos los sentidos para componer un producto de gran impacto emocional.

 

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La exposición cuenta con alrededor de doscientas obras, presentando un carácter multidisciplinar que abarca desde el dibujo hasta la videocreación. La experiencia para el visitante es la de emprender un camino lleno de pausas y sorpresa.

Ella misma parece una persona sorprendente. Lejos de esa imagen tímida que existe en la memoria colectiva, Yoko Ono es una artista extrovertida y extrovertiente. La rueda de prensa de presentación se convirtió en un escenario. El periodista debía de acercarse a un micrófono a escasos metros de ella desde donde, más que preguntar, era invitado a la interlocución.

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Desde PEPUCOMAG, tuvimos la oportunidad de exponer el problema de una ciudad que, al menos en el arte, es más conocida por su continente que por su contenido. Su visión del tema es más transcendental y expuso cómo el arte nace en un punto para ser extendido al resto del mundo con una misión pacificadora. De modo que defendió con filosofía la labor del Guggenheim de Bilbao que además, según enfatizó, le parecia mucho mayor que la del de Nueva York. Tras grandes alabanzas a la ciudad bilbaina, que definió como inspiradora, se supo granjear al conjunto de los reporteros y demás oyentes.

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Y así es su obra, sencillamente trascendental y cautivadora. Puede ser la experiencia la que le ha dotado de la capacidad de crear en el visitante un sentimiento de pertenencia con la obra de YOKO ONO.

Sus obras son en gran medida sobrias y sencillas. Presenta escenas con objetos cotidianos colocados de forma peculiar, sillas en las paredes y un desordenado orden. El juego de colores se basa principalmente en el contraste blanco-negro. El metal principal es el bronce, en elementos cotidianos como gafas (las clásicas de cristal redondo popularizadas por Lennon)  y cucharas. El juego con los objetos crea una semántica hipnotizante.

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Cabe destacar un espejo broncíneo, mellado y con orificios de los que hace brotar pintura roja. El reflejo, el tiempo, las heridas, sangre derramada, la agresión de un disparo. Lejos de querer interpretar con precisión; el mensaje parece hablar del dolor que causa la reflexión, que permite que se abran las cicatrices de los hechos pasados.

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La aportación al arte de YOKO ONO no se entiende sin la interacción. Parte de las obras van acompañadas de una señalización especial que indica al visitante que puede participar ellas.

El primer contacto de Yoko Ono con el público es una cortina de bolitas azules que, aun siendo molesta para el acceso, no hay que olvidar que es parte de la obra.

En uno de los espacios nos encontramos con un olivo del que pendían notas. Junto a él, etiquetas en blanco y un bolígrafo. Tras la exposición en varias ciudades, se recogerán todos los mensajes de quienes hayan querido participar.

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Más inquietante es otra obra que presenta un laberinto de cristal en cuyo centro hay un teléfono. Desde la apertura hasta el 1 de Septiembre Yoko Ono llamará a ese teléfono para hablar con quien se halle en ese momento al otro lado de la línea.

Y es que lo suyo es la performance, el actuar, comunicarse. El museo ha habilitado un espacio donde se pueden ver vídeos de la Plastic Ono Band o escuchar la discografía completa de la artista. También hay películas en la que ella es protagonista o directora.

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Es una exposición muy completa. Cada obra tiene un recuerdo de su proceso de creación. Y pese a lo que puedan pensar algunos sectores, Yoko Ono es una artista de primerísimo nivel.

Cómo no, durante el posado ante los fotógrafos, bailó y ofreció su versión más amable y cercana.

 En lo que se refiere a esta magnífica exposición hay algo cierto…

La culpa de todo la tiene Yoko Ono.

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