El Juego de Tronos vasco

Dicen que Juego de Tronos es la serie que más expectación está causando de todas las habidas hasta ahora, y ciertamente hay que decir que no merece menos. Quien quizás merece más, eso sí, es nuestra propia historia, y no la de George R.R. Martin. El escritor, equiparado a la figura de Tolkien, ha creado un impresionante universo de reinos, espadas, caballeros y también (hay que decirlo) de una actividad afectiva-sexual frenética. Es verdad. Aunque como suele decirse en estos casos, la realidad supera a la ficción. O al menos casi la iguala, y mucho más cerca de lo que creéis. Así, hubo un tiempo en que francos, árabes y los propios vascos estaban en continua lucha por nuestra tierra, y el Reino de Pamplona era el más rico y poderoso de Europa, y su rey, ¡sí! ¡hablaba euskera!

Lógicamente no hay reinos ni reyes sin corte, y aunque la capital era la actual Pamplona, la corte estuvo, entre otros sitios, en el monasterio de Leyre. Y aunque un monasterio no parece el mejor sitio para ser la capital del pecado, a bien seguro que lo era en un tiempo donde perder el tiempo no se llevaba, y cuando la gente no estaba rezando, seguramente estaba haciendo todo lo contrario. Y pasar a alguien por la espada se podía “arreglar” delante de un altar en razón de unos minutos.
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Castillo de Olite (Navarra)
Pero ante todo era lugar y tiempo de guerra constante e impredecible, así un rey de Pamplona tan pronto iba hasta Bayona a contener una invasión vikinga, los moros intentaban levantarle el reino avanzando desde el sur, de forma que tenía que volver a galope por la montaña y el valle navarro a defender su tierra antes de perderlo todo.
Por supuesto en la historia  de este reino tampoco han faltado los dramas familiares, desde Sancho el Fuerte que fue a enamorarse perdidamente de la hija del califa cordobés, hasta el caso de Sancho el Mayor, quien olvidando la vieja costumbre vasca de legar todo al primogénito, repartió su reino entre sus cuatro hijos, que terminaron luchando por sus ambiciones entre ellos mismos traicionando la voluntad de su padre.
Esta tierra nuestra ha sido testigo de infinidad de historias de las que quizás no se nos ha hablado mucho o de las que tampoco hemos querido saber demasiado. Desde Bermeo hasta Roncesvalles, desde Vitoria hasta Gernika, por mencionar algunos puntos, casi cada palmo de tierra tiene algo que enseñar y contar sobre esto y mucho más. Prácticamente no hay pueblo a lo largo de nuestra geografía en cuyas praderas no podamos ver unas casas antiguas altas de piedra, que seguramente habremos identificado alguna vez como caseríos particularmente elegantes, ¿verdad? Pues esos caseríos, mejor llamados casas-torre, en la Edad Media, eran escenario de guerras entre bandos que intentaban conquistarse mutuamente, y construían estas casas de altas muros para protegerse y evitar las envestidas de los enemigos que acechaban constantemente. Ya fuesen francos, musulmanes… ¡o incluso otros vascos!
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Casa-torre en Gordexola (Bizkaia)
Cortes, reyes, cruces, invasiones, traiciones… ¿quién necesita ciencia ficción teniendo un pasado así? Vale, es cierto que no hay dragones y caminantes blancos, pero ¡qué demonios! ¡esto ocurrió de verdad en muchos de los pueblos y paisajes que conoces desde siempre!
Museos, paseos, libros de historia… e incluso novelas y alguna producción de ETB, hay muchas formas de asomarse a todo esto que aquí os contamos y mucho más. Para abrir boca os recomendamos Señor de la Guerra, de Toti Martínez de Lezea, un relato más de tantos como este. No os va a decepcionar.
Y por supuesto no os hemos contado el final de esta gran historia nuestra de siglos y siglos, preferimos que lo descubráis vosotros mismos.

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