San Sebastián, un año más

Un año más, San Sebastián lucha por mantener su pequeña parcela en el mundo de los festivales frente a gigantes en imparable ascenso, como Toronto, o grandes en retroceso, como Venecia. Si bien en el ámbito del cine hispanoamericano el certamen de la capital guipuzcoana encuentra pocos rivales, en el caso de las demás cinematografías difícilmente consigue asegurar un estreno mundial y, en la mayoría de las ocasiones, se ve obligado a programar en la sección oficial cintas ya proyectadas en otros festivales. No obstante, el plantel de directores que este año compite por la Concha de Oro es envidiable. Danis Tanovic, Christian Petzold, Alberto Rodríguez o Susanne Bier son solo algunos de los cineastas que verán sus trabajos proyectados en el Kursaal. En esa lista también figura François Ozon.

El cineasta francés, un habitual del Zinemaldi, ya logró el máximo galardón  hace dos años con la excelente En la casa. En 2014 se ha acercado de nuevo a San Sebastián para presentar Une nouvelle amie, adaptación de un relato de Ruth Rendell que presenta la historia de dos mujeres amigas desde la infancia. Cuando una de ellas, Laura, fallece, la otra, Claire (Anaïs Demoustier) se compromete a cuidar de su marido (Romain Duris) y su hija recién nacida. Sin embargo, la joven pronto descubre el secreto del cónyuge: se disfraza de mujer para mantener vivo el recuerdo de Laura.

Películas como Vértigo o La piel que habito se han acercado a temáticas similares desde diferentes enfoques con resultados desiguales. Hitchcock creó una de las mejores películas de la historia del cine. Almodóvar realizó una de sus obras más fallidas. Une nouvelle amie se ubicaría en un espacio intermedio. En absoluto es una gran película, pero tampoco un completo desastre.

Une-Nouvelle-Amie-Romain-Duris

Como es habitual, Ozon crea imágenes poderosas y sugerentes, montadas con maestría y acompañadas de una acertada selección musical. Pero los problemas se encuentran en el guion, que toma demasiadas carreteras secundarias sobre las que vuelve una y otra vez para llegar a una conclusión tan provocadora como interesante: la situación descrita en el filme, en apariencia tan extraña y surrealista, puede no serlo tanto cuando topamos con ella en nuestras vidas. Un discurso novedoso que, sin embargo, se debería haber expuesto de forma más acotada y sucinta para resultar creíble. De hecho, durante el visionado de la película, particularmente en el tramo final del metraje, cuando Ozon pospone innecesariamente la conclusión de su historia, el espectador tiene la sensación de que el libreto requería unas cuantas relecturas para aligerarlo y depurarlo.

Tampoco ayuda a hacer creíble la arriesgada premisa la decisión de combinar escenas dramáticas con otras cómicas que, en más ocasiones de las deseadas, caen en el ridículo y el chiste fácil. Ya le ocurría al maestro manchego en La piel que habito y, si bien la mayoría de las veces Ozon logra esquivar el absurdo con mayor habilidad que Almodóvar, en otras tantas se queda a escasos centímetros de convertir su película en una parodia.

Pero, si Ozon cae en no pocos errores como guionista, no se puede decir lo mismo de Romain Duris y Anaïs Demoustier como protagonistas. El primero parece confiar por completo en su director y no plantearse un solo momento lo arriesgado que puede resultar dar vida a un personaje como el suyo. Demoustier, por su parte, transmite la confusión y los cambios de su personaje con una sorprendente naturalidad y frescura.

La vuelta de Bille August

Lejos quedan los años en los que el danés Bille August era considerado el heredero natural de Ingmar Bergman y ganaba Palmas de Oro a pares. Sus últimos títulos parecen haber caído en el olvido tan pronto como han abandonado las carteleras. Sin embargo, el trabajo presentado este año en San Sebastián, Silent Heart,  es una vuelta al buen cine.

Paprika 1 Steen, Danica Curcic og Ghita Nørby i Stille Hjerte

El cineasta cuenta la historia de una familia reunida para despedir a su madre, afectada por la esclerosis lateral amiotrófica (aquí no se tiran cubos de agua, prefieren compartir un porro juntos), que va a poner fin a su vida con la ayuda de su marido. Por supuesto, las dudas, la incomprensión y las tensiones surgirán en poco tiempo. Todas ellas, reflejadas con sensibilidad y realismo por el director danés, que nunca cae en el melodrama, sino que opta por reflejar las relaciones humanas y la vida con enorme naturalidad.

Sin duda, debería estar presente en el palmarés, ya sea con un reconocimiento a su guion, a sus excelentes actrices (Ghita Norby, Paprika Steen y Danica Curcic) o, quién sabe, a la película en su conjunto. La historia de esta familia se recuerda pasados los días.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.