REDACTOR COLABORADOR: Miguel Santaolalla

Un gran contenedor metálico desciende a las 10 y cuarto de la noche entre sonidos de sirenas y aplausos. Desciende, poco a poco desde el cielo, con la mirada de miles clavadas en él.

Cualquier persona ajena pensaría que nos encontramos en el puerto de alguna gran ciudad, pero en este caso no hay no hay mar  ni amarres y ese contenedor, que desciende poco a poco desde el cielo. Son Extremoduro y están dispuestos a descargar todo su material defectuoso sobre en BEC de Bilbao.

 

Cuando el container tocó el suelo, de él emergieron Robe y su tropa, que a pesar de los años y los kilómetros, siguen saliendo a comerse el escenario. Un ‘Extraterrestre’ instrumental fue el comienzo de toda una declaración de intenciones por parte de los extremeños que acabaron por encender la mecha de los más de 20.000 fans que allí se congregaban, con clásicos como ‘Sol de invierno’, ‘Buscando la luna’ o ‘Golfa’.

Ya no había quién les parara.

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A los más fans, entregados a la causa, no pareció importarles los cambios de ritmo al revisar canciones de su última etapa como ‘Poema sobrecogido’ o ‘Locura transitoria’. Es más, agradecían, cogiéndose de la mano,  que el Robe desgranara fragmentos de ‘La Ley Innata’ con emoción.

 

Los más escépticos, opinaron que se habían ablandado con la edad y que “el rock duro no se puede permitir tanta poesía”, pero la realidad es, que a pesar de las quejas, seguían meciendo su cuerpo al son de estrofas más potentes que cualquier guitarra eléctrica.

 

Tras el clásico descanso en mitad del concierto con  su recurrente visita al backstage, Extremo volvieron con fuerzas renovadas  para intentar reconquistar a los desengañados que piensan que ya no tienen edad. No hace falta más que un ‘Jesucristo de Plasencia’ para reconvertir a cualquier hereje.  Lo hacen con ‘Salir’. Con ‘Puta’. Con ‘Mi voluntad’. Con ‘Autorretrato’.

Y de nuevo tienen una horda de creyentes aguardando a sus pies un nuevo catecismo.

 

A pesar de las casi tres horas de concierto, muchos temas se quedaron en el tintero como ‘Deltoya’ o ‘Pepe Botika’, mientras que los bilbaínos pudieron disfrutar de un regalo inédito en el setlist. ‘Canta la rana’ fue un nuevo tema que presentaron y que Robe específicamente pidió que nadie grabara para que pudiera seguir siendo sorpresa para el resto de conciertos.

Aún así, a pesar de las carencias, a pesar del calor del recinto – y a pesar de los katxis a 8€ – nadie pareció salir decepcionado. Los fanáticos salieron con su amor por Extremoduro reforzado y los descarriados volvieron al redil.

 

Y es que Robe sabe hacer eso… y hacerlo muy bien. Juntar generaciones en torno a la misma religión. La quinceañera desnortada baila al lado del funcionario con incipiente calvicie. El kalimotxero de ojos vidriosos, el cincuentón, la abogada… Todos alrededor del rock de verdad.

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