Esencia y carácter entre tranvías, fado y empedradas calles

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Portugal y más concretamente Lisboa atrapan, eso es así. No se si será por sus calles, por su gente, por su esencia o por su carácter. Quizás por todo a la vez. O tal vez porque me declaro amante de las ciudades decadentes. La cuestión es que desde que llegué a la parada de Rossio – en el centro de la ciudad- este verano supe que me iba a llevar un muy sabor de boca. Y no me equivoqué.

Lisboa respira alma por sus cuatro costados. Una ciudad construida sobre siete colinas y en la que no te cansas, mejor dicho, sí te cansas de subir cuestas y cuestas. Os confieso que después de esos días en la capital lusa me replanteé mis arduas ganas de apuntarme a un gimnasio este año. Quizás descubrí que el deporte no es para mí.

La capital, que parece vivir la postguerra más decadente, rebosa ambiente y amabilidad. Intrincadas calles en las que descubres el Portugal más arraigado entre tranvías y calles empedradas. Fachadas de las que podrías enamorarte una y mil veces. Decenas de bares, vale sí, quizás al principio ni los defináis como tal, más bien como antros. Pero os aseguro que son bares en toda regla. Bares en los que siempre te reciben con una sonrisa sus dueños. Dueños, de los de toda la vida, que apenas entienden el español pero que ponen todas sus ganas por las que acabes con la barriga bien llena. Decenas de lugares en las que escuchar fado mientras te tomas una cerveza fresquita tras una larga jornada con un abrasador y húmedo, muy húmedo, calor lisboeta. Gente mayor sentada a la sombra en la puerta de la casa. Gatos. Muchos gatos. Y cuestas, ¿lo había dicho ya?, muchas cuestas. Por si no quedaba claro. Así es Lisboa.

calles de lisboa

somewhere

Al llegar hay que tener en cuenta una cosa: puede que te digan que un lugar está a diez minutos de distancia, pero mejor piensatelo dos veces, porque tras dos párrafos de entrada creo que sabes lo que te espera. Cuestas. Pero de todos modos, yo siempre lo digo, las ciudades se conocen andándolas, así que dejémonos de holgazanería y pereza y hagamos un poco de glúteos y piernas, que nunca viene mal. Además el transporte urbano dentro de la ciudad es bastante caro… creo que es alrededor de dos euros el billete. No lo sé con exactitud porque tampoco lo utilicé demasiado. Lo que si recomiendo es realizar la ruta del tranvía 28, el más antiguo de la ciudad y que te teletransporta a otra época. Un pequeño tranvía de madera que se ha convertido en toda una institución para los lugareños y en todo un foco de atracción para los turistas.

Lisboa está dividido en siete barrios, uno por cada una de sus siete colinas: la Baixa, Graça, Barrio Alto, Chiado, Belem y la Alfama. Al menos estos son los más conocidos.

Chiado y Barrio Alto, a pesar de ser colindantes, son extremos opuestos. Barrio Alto es el más pintoresco de todos, representa la Lisboa alternativa y podríamos considerarle el Malasaña portugués. Sus calles adornadas con graffitis y ropa tendida guardan en su interior los mejores lugares para escuchar fado de toda la ciudad. Además por las noches se transforma en uno de los lugares con más marcha de toda la ciudad. Por su parte Chiado podría ser considerado como Montmatre en París. Un barrio elegante y bohemio que, según me he informado, fue reconstruido tras el incendio en 1998.

barrio alto

Frente a Barrio Alto se encuentra el barrio de la Alfama, con el castillo de San Jorge en su cúspide dominando y guardando la ciudad. La Alfama, por su parte es el más antiguo de Lisboa y a su vez el más típico y en él se celebra cada sábado la Feria de la Ladra, un mercadillo donde encontrar todo tipo de artilugios y artículos vintage a precios irrisorios, como en el Rastro de Madrid vaya. Además es como un pequeño pueblo cobijado del bullicio de la gran ciudad. Allí todo el mundo se conoce y se saluda, lo que le convierte en uno de los barrios más seguros de la capital portuguesa.

Belem es otro de los barrios que no te puedes perder. Más que por lo que vas a visitar, que será el convento de los Jerónimos, en el que ya os aviso que solo vais a ver un claustro como muchos de los otros que tenemos en España y la Torre de Belem, desde donde podréis ‘admirar’ unas vistas que dejan bastante que desear, tenéis que ir por probar los deliciosos pasteles de Belem. Unos pequeños pastelitos de nata, cuya receta está tan bien guardada como la de la Coca-Cola. Reconoceréis el lugar porque tiene un toldo azul y porque siempre tiene una fila de gente que espera con ansia su turno. Entrad dentro, os sorprenderá que se mantiene como desde sus inicios, es un lugar precioso además de enorme, aunque a veces también hay que hacer fila para poder sentarse. Es el precio que hay que pagar por comer esta delicia. ¿Su precio económico? 1,05 euros por pastelito. Hay muchos más lugares donde comerlos en Lisboa, pero ninguno como este. Aunque hay un sitio cerca de la plaza de Chiado que reconozco que también están bastante ricos.

torre de belem

Hablando de comer, frente a la pastelería de Chiado se encuentra uno de los lugares más típicos de Lisboa. Casa da India, un lugar diferente y con muchísimo carácter. Siempre abarrotado de gente y en el que tendrás que compartir mesa con otras personas. Pero qué mas da. El bacalao a la brasa esta riquísimo, un plato abundante – que yo no me pude terminar – y a un precio más que razonable. Ya que nos ponemos a hablar de gastronomía el licor de cereza es el licor portugués por excelencia. En la plaza del Rossio, hay un lugar en la que te lo sirven por vasitos, sabréis reconocerlo, porque cómo no, hay que esperar fila.

Uno de los lugares con, bajo mi punto de vista, las mejores vistas de toda la bahía de Lisboa y la ciudad, es desde la cúspide del Cristo Rey, una réplica diez centímetros más pequeña que el Cristo Redentor de São Paulo. Está en el barrio de la Almada. Además en el mismo día podéis acercaros hasta Cacilhas – un lugar que a mí me sonaba muy divertido porque ellos lo pronuncian Casillas. Sí sí, como nuestro Iker Casillas – y de ahí acercaros a Costa da Caparica. Kilómetros de playa con muchísimo ambiente. Y muchísimo viento. La sombrilla nos duró media hora, cronometrado.

atardece

En la próxima entrada encontraréis un recorrido por los sitios más bonitos y con encanto que puedes visitar en los alrededores de Lisboa. ¡Espero que os animéis a visitar el país vecino!

PD: siento las fotos, apenas podía llevar la cámara por una lesión cervical y la mayoría las hice con la analógica.

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