Kitchen, Banana Yoshimoto

Kitchen fue a parar a mis manos por pura casualidad. Entre los muchos libros que bailaban ante mis ojos en las estanterías, me decanté por este por burdos motivos como el color de la portada, la foto impresa en ella, el grosor de sus páginas o el tamaño de letra. Sólo quería una lectura ligera que me pudiera acompañar en el metro.

Banana Yoshimoto fue en 1988 la joven autora de esta, su primera novela, con tan sólo veinticuatro años. El libro fue su obra final de literatura y fue muy bien recibido por la crítica: le hicieron merecedora del premio Kaien en 1987 y del Izumi Kyoka en 1988, los dos premios literarios más importantes de Japón. Además, también fue recomendada como Mejor Artista Nuevo en la 39º edición. Yoshimoto, es una de las escritoras de literatura contemporánea japonesa más importantes, tanto dentro como fuera de su país.

En la gran mayoría de las ediciones, el libro consta de dos partes: Kitchen, una novela corta, y Moonlight Shadow, un cuento.

Kitchen BY

Algunos libros te llenan el corazón de ilusión y alegría; te sacan una sonrisa bobalicona mientras los lees. Este no pertenece a ese grupo. Más bien diría, casi, todo lo contrario. Una sensación de melancolía me abrazó al doblar la última de las páginas. ¿Por qué tomarse, entonces, la molestia de leérselo? Para empezar, porque no es ninguna molestia. Es un placer compartir las reflexiones de una joven Yoshimoto que hace más de 25 años y desde la otra punta del mundo, Tokyo, escribía unas páginas y unas historias que nos resultarían tan actuales y cercanas.

Kitchen nos cuenta la historia de la joven Mikage, quien, tras la muerte de su abuela, se queda sóla en el mundo con veintipocos años. No consigue dormir por la noche en una casa que ahora le resulta demasiado grande y el único lugar en el que encuentra un poco de paz es en la cocina. Un día, un joven amigo de su abuela, Yuichi, aparece en su puerta y Mikage acaba por ir a vivir con este y su madre, que resulta ser, en realidad, su padre antes de su proceso de transexualización.

Moonlight shadow habla sobre temas muy parecidos. Una jovencísima Satsuki pierde a su novio, su mundo parece colapsarse y comienza a caer en una especie de espiral autodestructiva. Un encuentro fortuito con Urara, una misteriosa joven que también parece haber perdido a alguien, le devolverá, poco a poco, la ilusión y las ganas de vivir. El relato contiene elementos sobrenaturales (de los que, personalmente, no soy demasiado fan) que, sin embargo, no dejan de ser útiles como metáforas para comprender el significado final del texto.

Mahoko Yoshimoto, mejor conocida por su nombre de pluma, Banana Yoshimoto.

Mahoko Yoshimoto, mejor conocida por su nombre de pluma, Banana Yoshimoto.

En resumen, creo que Kitchen es la conmovedora primera obra de una escritora que demostró una gran capacidad de introspección a una temprana edad. La muerte, es sólo el punto de partida de ambos trabajos. ¿Cómo lidiar con una pena tan honda como el fallecimiento de un ser muy querido, de nuestro pilar en la tierra, cuando apenas hemos cumplido los veinte años? ¿Cómo soportar la terrible sensación de soledad que nos martillea por dentro hasta crear un agujero en la parte baja del estómago? Tanto Mikage como Satsuki nos enseñan que, día tras día, las penas acaban por hacerse más pequeñas. El primer paso es aceptar el dolor como parte necesaria del estar vivo, del ser humano. Sólo así podremos comprender que, tan sólo con aguantar un poco más, con esperar unas horas y ver el sol nacer, mañana, otra vez, el día se llenará de luz y el dolor irá disminuyendo lentamente.

Amar otra vez cuando una cree que jamás volverá a hacerlo, ilusionarse con las banalidades de la vida cotidiana, las despedidas, la pérdida, el efecto muchas veces abrumador de los recuerdos, la tragedia, lo fortuito de la vida, el duelo, la amistad. Y la omnipresencia de la comida en la gran mayoría de las escenas que nos describe, como elemento de unión y sanador.

La novela acaba sin apenas darnos cuenta. Dos tardes son suficientes para engullir sus páginas y, al llegar al final, una se siente ligeramente más sabia. Te invaden las ganas de saber qué pasó después con los personajes; les echas de menos. Supongo que esa es la clave de un buen libro, que el lector quiera seguir conociendo más y más.

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