Denuncia desenfocada

En los últimos tiempos, ha caído uno de los tabúes más resistentes, duraderos y, por supuesto, dolorosos para las víctimas y, en ocasiones, su entorno familiar y de amistades. Nos referimos a los abusos sexuales a menores en el seno de la Iglesia Católica. Durante años, siglos incluso, resultó impensable acusar a la autoridad eclesiástica, intocable y todopoderosa, de violar a niños. Los afectados callaban en público y, muchas veces, en privado. Los rumores circulaban por las poblaciones. Las denuncias nunca se formalizaban.

Pero los tiempos, aunque lentamente, cambian y la llegada de Francisco a la Santa Sede parece haber acelerado el ritmo de caída del tabú. De todas formas, ya antes de que Bergoglio fuera proclamado papa, varios casos habían llegado a la esfera pública. Especial repercusión tuvieron los abusos en Irlanda, país católico por excelencia. Ahora el director inglés John Michael McDonagh realiza su particular denuncia de los hechos en Calvary, su segundo largometraje tras la notable El irlandés.

Brendan Gleeson as ?Father James? in CALVARY. Photo by Jonathon Hession. Copyright © 2014 Twentieth Century Fox.

El padre James Lavelle (Brendan Gleeson) es un sacerdote humilde y honrado que observa con una mezcla de lástima, incomprensión y hastío los conflictos que enfrentan a sus feligreses y vecinos. Pero su vida se altera cuando un fiel anónimo le amenaza de muerte por los abusos a los que fue sometido durante su infancia. Como Lavelle es una buena persona, la Iglesia Católica quedará aún más sorprendida cuando cometa el asesinato, le explica el creyente. Además, le matará un domingo. ¿No tiene gracia matar a un cura en domingo?, le pregunta el fiel con sorna.

En esta prometedora, extrema y potente escena inicial ya están presentes los elementos que caracterizaban el anterior trabajo de John Michael McDonagh, así como los de su hermano menor, Martin, celebrado dramaturgo y muy competente realizador como ya demostró con Escondidos en Brujas. Humor muy negro y hasta macabro, situaciones surrealistas y personajes a medio camino entre la ingenuidad, el desencanto y la violencia.

Sin embargo, y a pesar de que esos aspectos hacen apariciones esporádicas en el resto del metraje, la película pronto toma una dirección rutinaria y desganada que evidencia el escaso contenido del guion. El padre Lavelle decide pasar su anunciada semana final paseando por las calles y locales de su pueblo irlandés, donde se encuentra con peculiares vecinos. En parte despedida de la existencia terrenal, en parte investigación que más tarde se demuestra innecesaria (el padre conocía de antemano la identidad de su potencial asesino), esta sucesión de escenas parece olvidar el conflicto y denuncia planteados en el inicio para dar paso a un costumbrismo con escasos alicientes y bastante convencional, pese a unos personajes extremos y, en principio, atractivos.

Brendan Gleeson as ?Father James? and Orla O?Rourke as ?Veronica? in CALVARY. Photo by Jonathon Hession. Copyright © 2014 Twentieth Century Fox.

Solo al final McDonagh da la impresión de retomar el supuesto hilo conductor de la trama, una denuncia de los abusos en la Iglesia desenfocada y dispersa, en una escena histérica y no del todo coherente con la introspección del resto del metraje.

Al menos, Brendan Gleeson regala otra interpretación próxima a la perfección como un cura resignado ante su destino y entorno, pero también asustado y con dudas sobre las decisiones adoptadas y la fe profesada. Todo ello, con más silencios que palabras en un rostro expresivo que muestra contención y matices sin esfuerzo aparente. Tampoco se debe ignorar la bella fotografía de las costas irlandesas. Pero ni siquiera ellos logran salvar del tedio Calvary.

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