La desaparición de Eleanor Rigby

“La desaparición de Eleanor Rigby”, a priori da para thriller o tributo a Paul Mascarne de cuando grabó el sencillo junto a “Los Cucarachos”, pero no señores, Ned Benson nos presentó un díptico donde narra el dolor de una pareja tras un hecho que condicionó sus vidas y las fases por las que lo trampean. Las dos partes en las que estaba dividida la película (Him y Her) desde ambos puntos de vista durante 90 minutos, fue fragmentada a una sola cinta de casi dos horas, y es de ésta de la que os hablaré mis queridos pepucomagenses.

Una vez visionada la película lo primero que uno piensa es, cómo sería o qué resultado final tendría respetando la idea original, pues aunque el montaje final es más que correcto, hay algunas fisuras en la narración que retumban en mi cerebro cuestionándome si quizá lo mejor sería haberlo dejado tal y como estaba planteado, pero no hay tiempo de debatir conjeturas. La película, por favor.

La base y trasfondo del film como os he dicho, es el dolor y las fases, en este caso; tristeza, rabia y aceptación por las que pasan basándose en el amor de pareja. El tándem elegido para representar esas vivencias es James McCavoy y Jessica Chastain, junto a los padres de ambos de forma secundaria pero contundente, especialmente John Hurt haciendo de profesor casi jubilado e Isabelle Huppert haciendo de francesa afrancesada, bohemia y para mí un poco irritante y excesivamente estereotipada. Además de una Viola Davis en la que se ampara Eleanor Rigby a la hora de intentar superar su dolor.

eleanorrigby

Todo comienza de forma idílica, una pareja de neoyorquinos treintañeros felices, que se les ve completamente alineados por la flecha de Cupido, hasta que de repente, zas, mazazo duro y real como la vida, -el hecho trágico- que más adelante sabremos. cambio de escena y vemos a Eleanor que se tira por el puente, punto de inflexión. A partir de ahora es una constante ausencia amorosa, sobre todo por parte del personaje que interpreta la Chastain que tras su intento de suicidio entra en una espiral depresiva, intentando buscar un escape al dolor de la pérdida de su hijo, hecho que mediante sutiles pinceladas vamos intuyendo. Conor, por su parte trata de sacar a flote su restaurante mientras su matrimonio queda en “stand by”. Todo son piezas en el aire que se tratan de juntar mediante la mística amorosa para volver a estar como al principio, pero eso ya es imposible, las piezas han sufrido un deterioro importante, están modificadas de tal forma que no pueden encajar simétricamente, la única solución que les queda es tratar de ir puliéndolas poco a poco hasta que intenten quedar lo más parecido a antes, pero es evidente que jamás tendrán su forma original y que se verá la aspereza de las mismas o las marcas del pasado.

Estas marcas son la poca comunicación que tienen ambos tras -el hecho trágico-, es por ello que deciden separarse forma temporal, y todo es tirar de la máxima “donde hubo fuego, cenizas quedan” el amor como solución a los problemas, dos personas que en el fondo se aman pero que no pueden estar juntas, una lucha por volver a la felicidad del principio, una lucha por superar el dolor, afrontarlo, esto último importante, pues si bien él se escuda en su restaurante ella simplemente desaparece y se refugia en su familia. Con una realización que refleja esa ausencia, tristeza, dolor y rabia por parte de ambos, se puede afirmar que es el “quiero y no puedo”, o  sí.

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