El cine bizarro de Caóstica

El festival internacional de la organización, celebrado cada año en mayo, se encarga de mostrar cintas fuera del circuito de cine común

¿CyberHawaiianBizarreParty? ¿SputnikLaikaVirginParty? ¿Guateque Ninja? Estos y muchos más nombres estrambóticos son los que conforman los divertidos eventos cinematográficos que realiza Caóstica. Esta empresa, formada por un grupo de amigos hace 13 años, comenzó a gestarse en un pequeño bar de Indautxu conocido como ‘El Caos’. El panorama que imperaba en Bilbao por aquel entonces en torno a festivales de cine y salas alternativas era más bien escaso, y tanto los documentales como los cortometrajes eran algo meramente secundario.

En este contexto nació Caóstica, una entidad que mediante su Festival alternativo pretendió desde sus inicios apoyar al cine “más fresco y menos institucional”. Xabier Uria, David León, Iñigo Portillo y Brais Rodríguez, lo definen como “el proceso de algo enfermo y cosas que son paranoias denigrantes”. Poco a poco y con paso firme, la organización creció hasta lo que es hoy: un referente para la industria del celuloide. Nos reunimos en su oficina, en las inmediaciones de San Mamés, para conocer más de cerca su trabajo.

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Comencemos hablando de los cortos que se presentan cada edición del Festival… ¿Son obras realizadas por jóvenes alumnos o de profesionales reconocidos?

No. Al principio era un poco el entorno. Estabas empezando y ponías carteles en el barrio, pero era más gente conocida o amigos. Desde hace años el Festival tiene ya un carácter internacional y cada vez llegan más obras de fuera. Los medios de distribución son cada vez más fáciles para moverlo. Antes era un trabajo propio, ahora hay plataformas como Octofest y Obibeta donde es más fácil subir los cortometrajes. Con solo un click ya tienes la posibilidad de que te cojan o no, y eso cada vez hace que haya muchos más cortos internacionales.

¿Cómo se lleva a cabo la organización y la logística de estos acontecimientos?

Como ya tenemos una serie de sitios en los que llevamos tiempo trabajando, primero planteamos las fechas y la idea que tenemos de la fiesta y demás, y a partir de ahí nos vamos repartiendo un poco el trabajo. Llamamos primero al ayuntamiento para los temas de permisos y disponibilidad de los espacios públicos para esos días, y luego hablamos con una empresa que es la que pone todo el sistema audiovisual: la pantalla, sonido, sillas y demás. El sitio donde solemos hacer fiesta es el Bilborock, que se solicita primero porque tiene mucha demanda. Por eso tenemos la fecha prevista con seis meses de antelación.

Este año tenemos un inconveniente con la final de la Copa del Rey ya que va a coincidir con el festival el 30 de mayo, y por eso estamos un poco en el aire. Pero generalmente en octubre ya les cogemos la fecha para mayo. Siempre es la última semana de mayo o primera semana de junio. Mientras se acerca la fecha del evento se habla con los patrocinadores para ver si se mantienen los acuerdos y también se van viendo cortos para su posterior selección. El año pasado llegaron 600 videos en total entre cortos y animación. En la primera ronda nos quedamos con 10 y después elegimos otro grupo de 70. A continuación votamos y seleccionamos aquellos cortos que pueden encajar con la idea del festival, para así configurar los días de proyección. La longitud de cada uno no puede ser de más de dos horas y tienen que ser agiles, amenos y divertidos.

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¿Cuáles son vuestras fuentes de inspiración para cada edición?

Hay una serie de conceptos que utilizamos siempre y de ahí vamos construyendo las fiestas. El mejor ejemplo es la ‘cyber-hawaian-bizarre-party’, es decir, el rollo de robots y maquinitas como instalaciones que sueltan frases, algunos de los cuales son portátiles y proyectan cosas. Luego está el concepto de bizarro, tanto el anglófono que habla de lo extraño e inquietante como el castellano que tira más hacía lo valiente, atrevido y arrojado. Hay que estar muy descerebrado y echarse para adelante para hacer ciertas cosas, porque entras ya en un estado extraño y enfermizo.

Nos basamos en conceptos que visualmente a muchos nos gustan, como el rollo comunista que ya tiene una determinada estética y que si le das una vuelta queda atractivo. El símbolo de la fiesta Hawaian fue el ‘Tiki’ y se construyó en el Bilborock una piscina, palmeras con bolas y un volcán que echaba confeti. La última fiesta que hicimos para Zinebi fue la ‘Redneck Zinema Party’, y transformamos el recinto en un granero con paja, neumáticos, música sureña, típico granero de Luisiana… Esas son las cosas que nos gustan.

Contarnos un poco qué se va a hacer este año…

Aún no está decidido, pero como es el número 13 queremos darle un toque especial con algo relacionado con el terror porque siempre ha estado vinculado. Ahora nos pondremos estas semanas a definir tanto la temática como las bases del festival. Tanto las fechas como los detalles más específicos se irán concretando en la página web, la cual actualizaremos cada semana.

Actualmente colaboráis con Zinebi, así como con otras organizaciones…

Hay dos eventos que organizamos siempre que son Caóstica y las ‘Jornadas Traking’, celebradas en febrero. Estas no son tan divulgativas pero sí que muestran un poco a diferentes personas que son importantes dentro de la cultura interdisciplinar transmedia. Dentro del Área de Cultura del Ayuntamiento de Bilbao también organizamos el evento ‘Gizaninea’. Esta actividad habla de los aspectos y de las diferentes problemáticas sociales a través del arte y el campo audiovisual. En vez de tener las típicas charlas de personas que hablen sobre el problema de las drogas, la prostitución y la exclusión social, lo hacemos a través de cortometrajes o exposiciones y de gente que da charlas de otra forma.

Este año hemos tenido a Pedro García Aguado y a Francisco Castaño hablando de la problemática de la educación hoy en España y de los padres a sus hijos. Por otra parte también llevamos seis años colaborando en el evento BLV-Art y con ‘Caóstica Kids’, donde intentamos poner cortometrajes de animación para los niños. Durante años hemos trabajado con la Asociación Bidesari llevando cortos pequeños que quedaban del festival para que los proyectasen a los presos de Basauri. También tenemos la Deusto Bussines School, dónde una vez pusimos cuatro cortometrajes con el tema de la superación personal. Y por último proyectamos cortos esporádicos en muchos sitios como por ejemplo la Plaza de la Cebada de Madrid, en Castro Urdiales, Bermeo y en fiestas de Bilbao.

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Para terminar, nos gustaría conocer vuestra opinión acerca del cine en el País Vasco…

Como negocio en el sentido de una estructura de trabajo estable está un poco débil. Sí que pensamos que existen buenos medios y profesionales y bastantes sitios para poder grabar muchas historias diferentes, pero que se ruedan menos películas en Euskadi. En los últimos ocho años se habrán rodado unas 30 películas, muchos más telefilms y películas pequeñas para televisión. El problema principal es el dinero, porque se han caído proyectos guapos como los “Últimos días de Picasso”. Lo que hay aquí son más productos pequeños y al final eso da de comer muy poco y mal. A nivel de largometraje hay muy pocos, con lo cual debería de buscarse una solución.

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