La experiencia es un grado

     Los veteranos y enérgicos señores de Montreal salieron a ganarse el pan en toda regla. Digo señores en el sentido más elegante de la palabra, pues tanto su puesta en escena como su actitud fue la de tales. Sudando la gota gorda desde el primer acorde y con una actitud hacia el público digna de tomar nota para todos los grupos venideros. Y es que en una época llena de tipos duros que escupen a su público, los canadienses se deshacían en halagos con su público, con Bilbao y con lo agradecidos que estaban por estar tocando para todos ellos.

Una puesta en escena impresionante pero nada pretenciosa; conté tres telones que fueron cambiando conforme íbamos entrando en calor. Chuck su batería, clavaba cada golpe a la par que no dejaba de darlo todo desde la parte de atrás del que en ese momento era su escenario. Dave el bajista, digno de ver: tiraba la púa al aire, la cogía con la boca y la lanzaba con ésta al público. Sébastien y Jeff muy compenetrados y con un par de cambios de guitarras solamente a pesar de que este último cuenta con unas 300 piezas en su ajuar. Pierre, el vocalista, micro en mano todo el rato, cantó como sólo él sabe todos esos clásicos que tanto coreaban sus fans mientras no dejaba de desgastar la suela de sus Vans.

Simple Plan en la sala Santana 27 (Bilbao)

Simple Plan en la sala Santana 27 (Bilbao)

El Jazz Bass de Dave sonaba con un cuerpo y una distorsión sutil pero necesaria para su rock americano y ambas guitarras bastante limpias y con arreglos muy cuidados. Tanto la voz principal como los coros iban muy bien empastados y al final te encontrabas coreando los temas aún si era la primera vez que los escuchabas. La única pega fue que a pesar de la fuerza que imprimía Chuck en cada golpe de batería, al sonido en general le faltaba pegada.

Tal es la calidad como personas de esta banda que, durante el concierto, Jeff, su guitarrista, bajó las escaleras mientras tocaba para entregar en mano unas cuantas púas a un par de fans que estaban en primera fila en silla de ruedas, de quitarse el sombrero vaya. Lo mismo hizo Pierre, el cantante que cuando lo vio, bajó y les dedicó unos cuantos versos cara a cara.

El repertorio escogido para la velada fue todo un repaso a su carrera (nada más y nada menos que 16 años) intercalando temas de su último disco “Taking one for team” recién salido del horno, y por el que aseguraron haber trabajado muy duro durante tres años. Aunque sí que es verdad que cuando realmente se encendía la sala era cuando sonaban los más míticos como “Welcome to my life”, “Summer Paradise”, “Crazy”, “I´m just a kid” o “Perfect”. Incluso se atrevieron a hacer suya una canción del difícilmente versionable Bruno Mars y también en este terreno cursaron correctos. En la ya citada “Summer Paradise”, lanzaron desde el escenario unos balones de playa gigantes convirtiendo la sala en un pequeño recreo vacacional para todos sus asistentes. Cerraron el encuentro con una versión de su famoso tema “Perfect”, para el cual dejaron las tablas vacías para Pierre y su guitarra acústica, mientras la empezaba a cantar con el público y los demás miembros de la banda esperaban su momento para salir a la vez y darle la estocada final al espectáculo.

Habiendo acabado ya de tocar, se quedaron un rato más para agradecer a todos los presentes su asistencia, para regalar púas, baquetas, toallas, botellas de agua… Toda una lección de cómo afrontar un concierto englobando una buena puesta en escena, un buen sonido y una actitud digna de ser amada ya te guste la banda o no y es que, en este caso, las canas encima del escenario se demuestran con este saber estar.

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