Niñas de clausura

Siempre constituye una buena noticia el estreno de una película que denuncia la falta de derechos y libertades de las mujeres. Si, además, la encargada de realizar la cinta es una directora que consigue transmitir su discurso con delicadeza y fluidez, la noticia es aún mejor. En la semana del Día Internacional de la Mujer y las concesiones de la Unión Europea a Turquía, una democracia cuanto menos autoritaria, a cambio de mantener en su territorio a los refugiados sirios, Mustang llegó a las salas españolas.

Ganadora de cuatro premios César y nominada al Oscar de mejor película en lengua extranjera como representante de Francia, Mustang es la historia de cinco huérfanas turcas que disfrutan de la escuela y los juegos inocentes con los chicos del pueblo. Sin embargo, la abuela y el tío de las jóvenes no ven con buenos ojos la amistad con el sexo opuesto y deciden encerrarlas en la vivienda familiar. Un matrimonio concertado es la única salida.

La directora turca afincada en Francia Deniz Gamze Ergüven muestra las consecuencias del patriarcado y el totalitarismo religioso a través de los ojos de Lale, la nieta y sobrina menor, para quien resulta más evidente el sinsentido y absurdo de la situación. De hecho, desde sus silencios y mirada atenta, se convierte en la más firme opositora a una concepción de la vida y la mujer que viola sus derechos y le impide realizarse como persona. Si bien muchas producciones estadounidenses han recurrido a figuras infantiles para edulcorar temas espinosos, Mustang aborda las dificultades para imponerse y superar las presiones familiares, sociales y culturales con honestidad e inteligencia, sin cuestionar la capacidad del espectador.

De hecho, la gran virtud de la película es su habilidad para convertir en accesible una situación dura y difícil sin restarle la complejidad inherente. Sí, Mustang consigue un equilibrio perfecto que puede satisfacer tanto a cinéfilos como al gran público. Jamás simplifica ni cae en lugares comunes o atajos fáciles para reflejar un escenario dramático. Es una cinta sutil, que habla a todo aquel dispuesto a escuchar y conocer los efectos del machismo en las mujeres y niñas.

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Por supuesto, en la labor narrativa Deniz Gamze Ergüven cuenta con cinco aliadas de excepción. Las jóvenes Günes Sensoy, Ilayda Akdogan, Tugba Sunguroglu, Doga, Zeynep Doguslu y Elit Iscan, la única intérprete del quinteto con experiencia previa delante de las cámaras, ofrecen actuaciones naturales y gracias a su introspección logran dibujar personalidades diferenciadas con claridad. De todas formas, el peso de la película recae sobre la hermana menor a la que da vida Günes Sensoy. Su rostro soporta numerosos primeros planos y no da un paso en falso durante todo el metraje.

Una puesta en escena sencilla, con la cámara cerca de los actores y sin apenas exteriores para introducir a la audiencia en la cárcel que habitan las protagonistas complementa una narración fluida que, junto con la reivindicación de los derechos y libertades de la mujer, añade un canto final a la educación como instrumento para superar los radicalismos. Fácil de ver, no de olvidar.

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