La piel tras el visor

La cámara se mueve.

Persigue una sombra que, jadeante, busca el tacto de otra.

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Sexo o sexus de origen latino, sacare, significa cortar. Cortar entendido como división del cuerpo humano en dos géneros y cuyo significado, aunque simple y natural, sigue sufriendo una concepción brutalmente restrictiva en gran parte del mundo.Y es que las fábulas que han rodeado al sexo como acto a lo largo de la historia han llevado a que lo integremos de manera tan delirante como desconocida. No obstante y especialmente a partir de la revolución sexual de los años 60 en los países occidentales, algunos retratistas decidieron dejar atrás el pudor y abordar el placer como parte de la realidad que nos rodea.

Una de las figuras más importantes del erotismo en la fotografía es el alemán Helmut Newton. En sus imágenes, Newton retrata la versión más libre y fuerte de la mujer revolucionando también grandes espacios de la moda- como las revistas Vogue o Elle- y visibilizando las nuevas tendencias imperantes de la época. Con esta visión adelantada a su tiempo, Helmut Newton apostó por ayudar a integrar la sensualidad femenina y abogó por la liberación sexual como herramienta de cambio social.

Artistas como él marcaron la pauta en la fotografía más atrevida dando paso a otros aún más políticamente incorrectos como Leigh Ledare. Este autor estadounidense centra su trabajo en temas que tratan de desprenderse de los tabúes que siguen siendo a día de hoy la exploración y la –activa- vida sexual de las personas, especialmente de las mujeres. ¿Y qué mejor manera de naturalizarlo que llevando nuestros propios impulsos a su mismísimo origen? El artista siguió esta premisa retratando durante ocho años la vida sexual de su progenitora. Madre e hijo trabajaron juntos captando las experiencias íntimas de ella en la serie “Mom” con la intención de encontrar  la reflexión del espectador y de demostrar que las respuestas que tenemos hacia el sexo están basadas en concepciones sociales.

Otra es la corriente que muestra el sexo como un camino de pistas que hay que aprender a descifrar, entender y seguir -como si de las miguitas de pan de Hansel y Gretel se tratase- para llegar al cénit del placer y del conocimiento propio. La sueca Lina Scheynius es un buen ejemplo. Maga de luz y dueña de sombras que también cuentan cuentos sin necesidad de decir una palabra, su fotografía se caracteriza por jugar con un erotismo sutil y casi aniñado en el que las imágenes parecen estar captadas por error, mostrando el lado más pícaro y natural de sus protagonistas.

 

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