“Lo políticamente correcto nunca hizo una buena novela”

El murmullo inunda el auditorio de conferencias del centro Azkuna, el murmullo de unos asistentes, expectantes del recital filosófico con el que nos brindaría el escritor Ernesto Mallo cuya compañera en el escenario sería Lourdes Iglesias que intentaría (sin mucho éxito debido a los regates sobre el tema del escritor argentino) guiar una conversación sobre la trilogía del Comisario Lascano y su último libro “La conspiración de los mediocres”,  dichos regates sirvieron para que Ernesto nos ayudara a entender la Argentina del siglo pasado bajo dictaduras donde transcurren sus tres novelas. Todo comenzaría con una breve introducción de la mano de los organizadores y un poema interpretado como una canción por  Inun.

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Fuente: Ieltxu Rodríguez

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Fuente: Ieltxu Rodríguez

Ernesto comenzó con una proclama a la cultura y su importancia dentro de los países. Ernesto afirmó “La cultura es lo mejor que se puede hacer para el progreso de los pueblos” y continuo con una historieta de Churchill que en el contexto de la segunda guerra mundial le preguntaban sobre bajar el presupuesto de cultura por los problemas económicos causados por la guerra a lo que Churchill respondió “Entonces para que hacemos la guerra” a lo que Ernesto añadió que lo hacían por la defensa de su cultura, lo más importante que tenían. Termino dándonos su personal definición de cultura de la cual decía es la manera en la que una comunidad resuelve sus problemas.

La dinámica continuó igual, Lourdes lanzaba una pregunta relacionada con el libro y Ernesto rehuía de hablar de él, pues Ernesto prefería mostrarnos la forma que tenia de entender el mundo y como ese mundo transformaba sus libros. Cuando la pregunta trataba sobre la creación de los personajes de los libros, Ernesto nos contestaba con la dualidad de las ideas, como del mismo caldo cultural y social del siglo XX pudo salir gente como Hermann Göring, Hitler, Heinrich Himmler… y al mismo tiempo Thomas Mann, Sigmund Freud, Albert Einstein añadiendo que no somos buenos o malos, somos buenos y malos y volviendo al eje central de su alegato volvió a poner a la cultura en el punto de mira por que de esta depende, de cómo se manipule como será la sociedad.

Todo un gran discurso en el que no faltaba el humor, la crítica al liberalismo al que le achaca los problemas actuales y su venganza, como el mismo remarco a aquella dictadura Argentina de la que estuvo prófugo. Ernesto nos contaba lo cerca que estuvo de acabar en la cárcel en dos ocasiones,  en una de ellas se encontraba en un Café en el que se había citado con un señor que le entregaría un dinero para que pudiera seguir en la clandestinidad, el problema es que al escritor argentino le buscaba cualquier cuerpo del estado relacionado con la Dictadura. Dos coches de la policía pararon en la puerta del café, de los cuales se bajó un teniente que fue directamente hacia ellos, fijando su mirada en el escritor que con un leve gesto de cabeza digo “Están en la otra mesa”. Por la seguridad que mostró en ese momento el teniente se dirigió a la otra mesa tiempo suficiente para que Ernesto huyera del café.

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“Escribo novelas que a mí me gustaría leer, por eso creo que la gente puede interesarles” decía Ernesto sobre sus novelas y entre risas y historias la charla fue llegando a su fin, poco nos contó de su libro el escritor argentino pero sin duda nos coloco todo el contexto histórico de la dictadura en la que se sitúan sus libros y nos hizo participes de la venganza de su pluma contra la tiranía y la represión.

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