Estás leyendo la tercera entrega de mi viaje a Corea del Sur. La aventura comenzó en el primer artículo, seguido del segundo.

Los coreanos tienen la curiosa costumbre de cruzar los brazos en forma de aspa a la altura de su pecho cada vez que pronuncian la interjección “no”, con el fin de incidir en la naturaleza negativa de lo que están expresando. Se trata de una señal útil, pues aunque no entiendas el idioma, ese impetuoso lenguaje corporal evidencia sin lugar a dudas un sentido de negación. Personalmente no vi ninguna otra señal que indicara lo contrario, es decir, una que sugiriera aceptación o “luz verde”, pero estoy convencido de que si la hubiera, todos los coreanos (entiéndase surcoreanos) la aplicarían para dar la bienvenida al mundo a su espléndida capital. Y es que, la convulsa historia del país que ya dábamos cuenta anteriormente se compensa con la hospitalaria capital surcoreana, Seúl, una ciudad vasta, vibrante y tecnológica que satisface hasta el más recóndito capricho que uno pudiera tener.

Vista montículos

Geográficamente, interesante es la estampa que la ciudad ofrece al esparcirse en las explanadas de una multiplicidad de montículos que conforman el país. En este sentido, ¿no os recuerda vagamente a Bilbao? Fuente: IMAGEN ORIGINAL

En el debate de si la gastronomía debería considerarse manifestación artística, opino que sí, y las típicas barbacoas que en Corea acostumbran a preparar es una excelente muestra de ello. Sentados directamente sobre el suelo o en sillas (al gusto del consumidor), la mesa presenta integrada una brasa (o varias, en función del número de comensales) donde se asarán los ingredientes. El protocolo a seguir es sencillo, a la vez que divertido: los camareros traen la carne escogida (ternera, cerdo…) y la colocan encima del grill donde seremos nosotros quienes la cortemos con unas tijeras cedidas. Una vez cocinados, para que no se enfríen, los tacos de carne se apartan en los costados de la brasa. Mientras tanto, repartidos sobre la mesa, hay varios recipientes repletos de hojas de lechuga (de varias clases), cebolleta, kimchi (típica col fermentada del país, con sabor picante y olor característico), salsas, chile picante (solo apto para superhéroes), setas (que también se les daba un repaso en la brasa) y, por supuesto, un bol de arroz. Y, por último, al grano: directamente con las manos, se sujeta una hoja de lechuga al que se le añadirán los ingredientes ya señalados. Se envuelve todo como si de una fajita de tratara y a la boca.

Típica barbacoa coreana

La mesa dispuesta para la típica barbacoa coreana. Se trató de una deliciosa cena entre varios de la univerdad. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Entre otros establecimientos de comida, permitidme hacer una pequeña alusión a Pizza School, una pizzería (creo que pertenece a una pequeña franquicia) en la que no tenían inconveniente de añadir a la masa todo aquello que uno deseara, desde espaguetis hasta patatas fritas. Admito que fui fan y que de vez en cuando me devolvía a los sabores occidentales.

PizzaSchool Seoul

El Pizza School que estaba cerca de la universidad de Myongji. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Con el genio del hambre calmado, es hora del turismo. La Torre N de Seúl escala al número uno de esta reseña por su omnipresencia: era visible prácticamente desde toda la ciudad. Funcionalmente una torre de telecomunicaciones, pagando una tasa uno podía subir a la cima acristalada donde se expandía toda la ciudad. Incluso en las cristaleras habían indicaciones numéricas de los kilómetros que separaban Seúl con el resto de los países. Creo recordar que entre España y Seúl había unos 9.900 km en avión. Detalle imposible de evitar fue la inmensa cantidad de candados que los enamorados colocaban en las vallas a los pies de la Torre N. Era tal la cantidad de cerrojos multicolor que incluso embellecía el óxido del vallado metálico.

Torre N

Foto de la Torre N. Además del comentado mirador acristalado, un restaurante giratorio ocupa uno de los anillos. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Torre N

Nuestro reflejo en la cima de la Torre N, gozando de las vistas de la ciudad. Esperamos a que anocheciera para disfrutar de la luz artificial de Seúl. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Torre N

Selva de candados a los pies de la Torre N. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Si el Amazonas es el pulmón del planeta, se dice que Cheonggyecheon es el oxígeno de Seúl. La historia del lugar es bastante azarosa: resumidamente, fue un arroyo que debido a la industrialización del país la transformaron en una carretera contaminante. En 2003 comenzaron las obras de restauración para retornar a su naturaleza acuática anterior, bombeando agua incluso del imponente río Han para recuperar el original arroyo. La restauración de Cheonggyecheon formó parte esencial del movimiento de promover un diseño urbano ecológico. Después del logro, las mejoras fueron notables: disminución del uso del coche, incremento de la fauna y flora en el lugar y la regulación de la temperatura de la ciudad.

Cheonggyecheon

Una de las pequeñas cataratas de Cheonggyecheon, en el pleno centro de la capital. Está permitido el acceso de los viandantes a través de unas aceras dispuestas para ello. Cuando el tiempo lo posibilita, los nativos suelen aprovechar para pasear por aquí en la hora del almuerzo. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

Como colofón al día, qué mejor forma de despedir al sol que disfrutando del arcoíris que unos chorros de agua, proyectados desde el puente Banpo, generan. Atravesando el río Han, se trata de una estructura con medalla Record Guiness, pues es el puente con fuente más largo del mundo, con casi 10.000 bombillas LED. Los coreanos no se olvidan tampoco de lo ecológico: el agua es bombeada directamente desde el río y reciclada de forma continua. Asistiendo al evento nocturno, el cual no dura mucho más que un cuarto de hora, uno se da cuenta de que es una atracción tanto para los turistas como para los nativos. En cuadrilla, con la pareja o solo, tomando unas cervezas y con un sándwich, se trata de una manera agradable de disfrutar de los efectos cromáticos del agua.

Banpo Moonlight Rainbow Fountain

Banpo Moonlight Rainbow Fountain. Fuente: IMAGEN ORIGINAL

El cuarto artículo, el que se publicará el mes que viene, dará fin a esta aventura. Aprovecharé para cerrar este ciclo explicando uno de los fenómenos más interesantes de Seúl: la convicencia pacífica de múltiples religiones y sus lugares de culto. Templos budistas, catedrales católicas y mezquitas serán las protagonistas del texto siguiente, además de alguna otra sorpresa.

Continuará…

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