Las manos detrás de la cultura

En un momento en el que videojuegos, smartphones y tablets se han convertido en las escuelas de nuestra generación, algunos –pocos y locos- crean un oasis de papel en medio de teclas y pantallas para que la pasión por la lectura no desaparezca. Libreros, escritores y editores amantes de la literatura que creen que hay una manera de enseñanza alternativa han fomentado la creación de talleres de escritura que ahora toman Bilbao. Así nacen y crecen estos espacios en los que se lee, se escribe y sobre todo, se comparte.

En una tarde completamente gris la voz serena y el temple pausado de Iñigo Larroque hacen olvidarse un poco de la lluvia y el frío que envuelven Bilbao desde hace días. Con un abrigo de paño y aires de escritor, desprende calma antes de llegar al café. Pero una vez sentados, sorprende con un discurso desenfadado sobre su vorágine académica, intelectual y amorosa que le llevo desde las Ciencias Políticas hasta la Teoría de la Literatura Comparada donde encontró su verdadera pasión. Recorre con palabras el viaje de su juventud entre República Dominicana, Granada, Polonia y París y su posterior aterrizaje forzoso en su Euskadi natal. “Tenía una terrible sensación de fracaso pero en realidad estaba muy preparado. Me sobraban las ganas de enseñar pero no sabía bien qué o cómo. Pensaba que yo tenía la capacidad de canalizar eso que tenía dentro porque sólo se hacen bien las cosas con pasión, y mi pasión es la literatura. Dentro de mí creía que  podía hacerlo bien” asegura.

Y con esta corazonada decidió ponerse en contacto con aulas de cultura de su municipio, asociaciones, grupos y universidades y comenzar a impartir talleres de lectura y escritura. “La gente se necesita reconocerdice. “Es algo importante poder ir a un lugar cada dos semanas a hacer algo que te gusta, a hablar de la vida. Además ayuda a leer de una manera más crítica, con una capacidad de análisis mucho mayor y a salir de tu vida privada”

-¿Es fácil vivir de esto? ¿Tener una continuidad?

– Es ir temporada a temporada y eso hace que a nivel de estabilidad sea más complicado, pero se sale adelante. Y por otro lado tiene muchas ventajas. La primera que como no es una enseñanza reglada, no tengo que poner notas ni hacer examen. La gente viene porque le gusta y eso como profesor te da una satisfacción muy diferente. Hay que renovarse y abrir el espectro de autores y de textos.

Pero asegura que una de las cosas más positivas de la enseñanza fuera del púlpito es la dialéctica entre tutor y alumno, en la que salen cosas muy diferentes comparadas con el aula convencional ya que se desvelan sentimientos, problemas, inquietudes y preocupaciones de todos aquellos que comparten el taller. No obstante, cada fin de curso se plantea la misma pregunta “¿Haré el año que viene lo mismo?”. Cada temporada es un reto y viene el vértigo,  pero lo cierto es que desde hace siete años de manera regular Larroque es un profesor híbrido que combina su pasión por la escritura con aprender enseñando, especialmente en su rincón en Algorta, La Casa del Árbol. Antes de irse, una última pregunta.

-Pero, ¿te gustaría publicar?

Responde un “sí” rozando la timidez y confiesa que, de hecho, ahora está a punto de terminar una obra en la que lleva muchos años trabajando. A la par que llega su segundo hijo.

“Escribir es algo que mantengo para mí. Un espacio privado donde me desarrollo y lo de publicar o no, es secundario. Todo aquel al que le guste escribir debería hacerlo siempre, manteniéndolo como un espacio secreto en construcción permanente.”

Termina la entrevista. Ya no llueve.

El Templo

La tercera generación de libreros de Librería Cámara abre las puertas de uno de los bastiones culturales de Bilbao. Este espacio situado en el centro neurálgico del botxo lleva 80 años trayendo narrativa, cuento, ensayo, poesía y todo tipo de libros especializados para los amantes de la literatura. Javier, nieto del fundador y actual regente, admite que en estos últimos tiempos el espacio que tenían de talleres ha aumentado hasta el punto de contar ahora mismo con dos de escritura, dos de lectura, jornadas mensuales de poesía y un taller de historia. “Las personas con las mismas inquietudes tienden a juntarse y a ponerse en manos de un profesional” afirma.

-¿Y cómo surge la idea de llevar a cabo estos talleres?

– Viene un poco dado por los clientes, que en muchos casos son expertos o al menos gente que sabe mucho. Entonces hay veces que estas en la librería y entra un cliente que conoces, entra otro que también le gusta lo mismo que al primero, les presentas y casi casi haces de celestina. (risas)

Así, casi por inercia, aparecen grupos de personas a las que les apasiona lo mismo y ven una opción de poder montar algo interesante y enriquecedor. A la hora de hablar con profesores o aquellos expertos que tutelen las charlas, dice que no hay ningún “protocolo” y que funciona de manera natural. “En realidad nosotros somos súper abiertos a decir que sí a cualquier dinámica cultural que lleva al libro un poco de la mano.” Y es que para Librería Cámara lo importante es fomentar esos espacios en los que se pueda hablar de temas que interesan pero en un tono más informal ya que, a pesar de que hay alguien que tutela la charla, toda se desarrolla en una mesa, con vinitos y algo para picar. “Compartir, debatir, en un tono de amigos ¿sabes? Es una labor más de disfrute. Además es realmente interesante que algunas personas que son ya expertos en algunas temáticas, pasen conocimientos a gente más joven”.

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