La nave del misterio aterriza en Bilbao

“Bienvenidos a la nave del misterio”. Así rezaba un cartel a la entrada del teatro Campos Elíseos con motivo de la exposición del programa televisivo de misterio Cuarto Milenio entre los días 19 de mayo y 2  junio.

No sé en qué estaba pensando cuando decidí acudir a la exposición, siempre que veía el programa no conseguía dormir, pero me hice el valiente y fui.

Caras de Bélmez.

Caras de Bélmez.

Desde la entrada hasta la salida, desde el comienzo hasta el final, el teatro se sumía en un ambiente oscuro y escalofriante que acompañaba perfectamente a las figuras y relatos expuestos.

Muchos eran los temas que se abarcaban en el teatro y todos y cada uno de ellos tenía una cierta dosis extrañeza e incredulidad. Desde chamanes de distintas civilizaciones hasta alienígenas avistados por todo lo largo y ancho del mundo, pasando por relatos infantiles que esconden una trágica historia.

Todo convergía en una mezcla perfecta de ficción y realidad, con mucha más veracidad de la que a algunos nos gustaría creer y reconocer. Sin duda, el hecho que más escalofríos me produjo fue una de las historias plasmada en la zona oscura, que englobaba a los vampiros, los demonios, los muñecos malditos y los fantasmas. Esta historia, titulada “La Vampira de Barcelona”, narraba los actos realizados por Enriqueta Msrtí, una anciana que atraba a niños para después vender sus grasas y huesos.

IMG-20160607-WA0023

Los ocho sospechosos de Jack El Destripador.

En la última zona de la exposición, la denominada “Mundo Insólito”, en la que destacaba todo lo legendario, lo exagerado, lo viral, lo imposible y lo alucinante, todo con su enigma o interrogante por responder, observé ciertas cosas que hasta entonces desconocía y que me dejaron en cierto modo, descolocado. Los experimentos del Dr. Asuero, quien curó a miles de pacientes del dolor del nervio trigémino metiendo una varilla metálica por las fosas nasales; los diferentes, aquellos que padecían algunas enfermedades que provocaron el miedo y la marginación a través del tiempo; los cráneos robados de algunos de los más brillantes humanos; y, lo que más despertó mi interés; los ocho sospechosos de ser Jack el Destripador.

Salí del teatro y mis pupilas se dilataron, pasé de estar sumido en la oscuridad por el afán de dar más inquietud si cabía a una exposición que hace que tengas que encender la luz del pasillo para ir al baño en mitad de la noche; a un sol un tanto prematuro para tratarse de Bilbao.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.