Ellas también crean cine

Por Nacha Abaitua

¿Sabías que apenas un 8% de los largometrajes que se producen en nuestro país son dirigidos por una mujer? En guión y producción, las películas con participación femenina no alcanzan el 20%, y no importa si hablamos de cine, televisión o documentales: la creación audiovisual en España está casi absolutamente en manos masculinas. Estos son los datos que proporciona CIMA, (Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales) una asociación que reúne a más de 200 mujeres profesionales con un objetivo común: fomentar una presencia equitativa de la mujer en este ámbito.

Que las directoras de cine en este país viven en el anonimato es una realidad. Mujeres como Antonia San Juan, Manuela Moreno, Mariana Seresesky, Susan Béjar, Mercedes Gaspar, Pilar García Elegido, Paula Ortiz, Pilar Sánchez o Isabel de Ocampo son desconocidas incluso hasta entre quienes dicen ser “grandes apasionados del cine español”.

Marta Parreño, licenciada en derecho y con un máster en periodismo, dedicada al mundo audiovisual en sus tiempos libres desde 2009 y directora de cortos como “Una flor en recepción” y ganadora del Primer Certamen Nacional de Guión de Cortometrajes Amanece que no es corto con el corto “Las piedras no aburren”, afirma: “Quizás haya menos que llegan arriba o a dirigir largos, pero yo conozco a muchísimas chicas y mujeres que ruedan cortometrajes” y sigue: “No somos pocas, lo que pasa que no se nos ve, ni se nos da bola. Pero ahí estamos creando, desde abajo.”

Los hombres tienen el mando

Estar al mando de un proyecto implica tomar decisiones, acoger una postura de liderazgo, rol que se asigna más frecuentemente al género masculino y en consecuencia, “una mujer tiene que demostrar el 500% de lo que tiene que demostrar un hombre”, dice Marta Parreño, y continúa: “Por eso solo llegarán las mejores, mientras que de entre ellos llegan los mejores, pero también los mediocres”. Ser mujer supone un freno para crecer en cualquier ámbito que implique elogios, dinero, poder o libertad de expresión. “Ellos se han cuidado muy mucho de cogerse los mejores sitios y no se van a apartar para dejar entrar a nadie. Para que una mujer destaque en el mundo del cine, tiene que ser genial”, termina Marta.

La gran pantalla es un reflejo de la sociedad, nace de la ficción, pero sobre todo de la realidad. Se trata de una industria muy cara y costosa. Una película cuesta alrededor de unos 2 millones de euros cuando se trata de una producción de coste medio. “Los inversores suelen ser hombres. Y ellos están más tranquilos cuando ese dinero y responsabilidad recae en otros hombres”, comenta Arantxa Echevarría, realizadora, guionista y productora desde 1991, directora del corto “El último bus” o “De noche y de pronto”- nominado a los Goya en 2013-, entre otros. “El ser director de cine implica convencer a financieros, a tener que liderar equipos de más de 50 personas, e implicar a mucha gente tanto en la producción como en la distribución de un film. Parece que tenemos que mostrar doblemente nuestras capacidades para trabajar como un director masculino”, opina Echevarría.

Mujeres, para lo bueno y para lo malo

“Es en producción donde sí hay más mujeres, pero en los procesos creativos estamos en desigualdad”, prosigue Arantxa. Existe una curiosa y generalizada opinión de que las mujeres son más “duras” con el presupuesto, más precavidas y atentas. Ambas profesionales, Marta Parreño y Arantxa Echevarría, dejan claro que el género no importa siempre que uno trabaje con alguien que es profesional.

A la hora de dirigir, o llevar a cabo un proyecto a partir de una idea propia, en cambio, la mujer se caracteriza por otras aptitudes.  “Lo que no puedo evitar es en algunos temas echar de menos el punto narrativo de la mujer. Vivimos, sentimos la vida de una forma diferente, y nuestro pulso es otro. Así, cuando veo personajes femeninos estereotipados y planos creados por hombres, por supuesto que me enfado.” aclara Arantxa.

“Sin ánimo de generalizar, aunque resulta inevitable, quizás las mujeres conectamos más con las emociones y de entrada ya escribimos y pensamos las imágenes en otro nivel. El cine es un lenguaje que permite plasmar el inconsciente, las partes más ocultas, el mundo de los sueños… y las mujeres tenemos un contacto mucho más directo con todo eso que la mayoría de los hombres.” Finaliza Marta.

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