Crónica DCODE 2016

Por Cristina Carnero

Fotos: Diana Abdou

Expectación y nervios se respiraban ante la heterogeneidad del planteamiento que nos tenía preparado el DCODE para despedir el verano por todo lo alto. La jornada matutina se vivió en el escenario Complutense, donde los más pequeños inauguraban el festival bailando con sus padres y Petit Pop.

Seguidamente, Nothing but Thieves interpretó su álbum homónimo ganándose un hueco en nuestra lista de descubrimientos y recomendaciones.

León Benavente, uno de los mejores directos del ámbito nacional, supo sobrellevar el infortunio con el horario y la intensidad del sol del mediodía, bordando la interpretación de su último trabajo, “2”. Contaron con sus fieles, que dieron todo -literalmente todo, sudor incluido- coreando al unísono temas como ‘La Ribera’, y siguiendo el peculiar y exquisito estilo vocal que caracteriza a la banda. De diez.

 

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Cogimos cariño a este pequeño recinto, que siguió ofreciendo más talento nacional con una BambiKina que se dejó cuerpo, alma y voz metiéndonos en vena el espíritu folk/country de ‘Referencias’.

Por coincidencia de horario, tuvimos que dejarla a medias para seguir disfrutando de un folk más rockero. A las cuatro, estrenaban escenario principal los británicos Bear’s Den, responsables de aglutinar un ligero pero notable incremento de asistentes a pesar de la hora.

A las cinco, el gran salvador, M. Ward, hizo olvidar el intenso e insistente calor con la magia y elegancia supina que desprende con su guitarra. Su destreza y excelente trayectoria, con nueve álbumes a la espalda, reunieron a un público más veterano, y colocaron al de Portland y sus magníficos solos como guinda de madurez del festival. Una delicia.

Jimmy Eat World entraron y salieron de escena con la energía explosiva que los caracteriza. Su rock alternativo con tinte emo revolucionó a la audiencia desde los primeros acordes de ‘Bleed American’ hasta cerrar con ‘The Middle’.

El esperado momento de Oh Wonder fue el más dulce del festival. Su debut en nuestro país hizo que el calor cediera el protagonismo a otro tipo de calidez; la del dúo británico, que conquistó al público con la delicadeza de su único álbum.

La dosis de dulzura culminó con la aclamada llegada de Eagles of Death Metal. A pesar de un sonido un tanto deficiente, la dureza del rock en estado puro combinado con la carisma descarada de Jesse Hughes, fueron la clave para uno de los conciertos más potentes y vitoreados por los allí presentes.

Atardecía, y la capital nos regalaba uno de sus famosos cielos: de tonos rojizos y digno de mención. Con él, arrancaba Zara Larsson y su ejército de bailarines tanteando una de las actuaciones más festivas a ritmo de pop, con temas como ‘Lush Life’ o ‘Never Forget You’.

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La noche comenzaba con el aterrizaje de quienes podrían coronarse como los reyes del terreno festivalero. Love of Lesbian, que habiendo encabezado el cartel de prácticamente todos los festivales nacionales -con alguna rara e insólita excepción- no podía faltar a la cita de clausura estival.

El repertorio del quinteto tiñó el ambiente con un mix de emociones, desde la máxima euforia, a las más emotivas, como fue con “1999”, dejando una estampa de brazos alzados y envolventes entre el confeti.

Un ambiente más relajado, se vivió con los irlandeses Kodaline, quienes quizás habrían concordado mejor su estilo, más romántico, con la atmósfera del atardecer madrileño. Aún así, supieron jugar sus cartas con ‘Love Like This’, ‘All I Want’ o ‘Raging’.

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Sin poner en duda la indiscutible maestría de Bunbury, un público fiel hasta la médula hace ganar mucho. Por ello, a pesar de echar de menos algo más de espontaneidad en en su actuación, fue una de las más sentidas del festival por su cercanía y por revivir algunos temas de Héroes del Silencio.

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Jungle, con un repertorio un tanto monótono, logró salvarse gracias a su calidad y buen rollo. Mientras tanto, a tan solo a unos metros, los gallegos Triángulo de Amor Bizarro llenaban el escenario Complutense.

No estamos seguros de que las piernas diesen para más, pero la puesta en escena de 2manydjs reactivó todas las energías de una masa que hizo temblar el césped del campus y que quedó con ganas de más. A continuación, pudo haber saciado su hambre, pero la sorprendente y floja intervención de Mark Ronson no cumplió con las expectativas para cerrar un DCODE, que aunque bueno, esperamos que para su próxima edición sea mejor.

 

Su propuesta más variopinta, con miras a congregar -como mínimo- un sold out al igual que su predecesora edición, sorprendió con una baja participación. No nos ha dejado mal sabor de boca, pero el festival madrileño se ha quedado a mitad de camino para llegar al sobresaliente. Eso sí, hubo música y disfrute para todos.

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