La última semana de octubre de 2016 ha sido una semana importante para todos aquellos que seguimos necesitando un ordenador, ya sea portátil o de escritorio, en nuestro día a día. Aunque la era post-PC es algo ya tangible, las necesidades profesionales siguen mandando en este aspecto, y hay cosas a las que una tablet todavía no llega.

Primero Microsoft, y luego Apple, presentaron su nuevo punto de vista hacia el futuro de este producto. Apple solía ser la “rompedora” con productos nunca vistos antes, pero la era de Tim Cook es más conservadora, con pequeños cambios siempre a mejor, y presentó su nuevo Macbook Pro, con una barra táctil en el teclado adaptable a la aplicación que se use en el momento. Un acercamiento del laptop al mundo táctil sin llegar a lo evidente (pantalla completa táctil) con las desventajas que ello significa (imprecisiones, postura incómoda, adaptar sistema operativo…).

Microsoft, en cambio, en un evento remarcablemente entretenido presentó un producto totalmente nuevo enfocado al escritorio en la línea de lo que llevamos viendo en sus últimos años con la Surface, un híbrido entre portátil y tablet que se ha ido haciendo mejor con cada generación.

La Surface Studio es la oda de Microsoft hacia el sector creativo, con ideas buenas y soluciones excelentes. Una pantalla LCD ultra fina con resolución más allá del 4K y una representación del color impecable y un ordenador que es simplemente la base del monitor y con potencia más que suficiente para el sector profesional (exceptuando entornos 3D y edición de vídeo muy avanzada, donde puede que Studio sufra algo más).

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Esta pantalla LCD es, por supuesto, táctil, y aprovecha todas las ventajas de Windows 10. Pero como podéis imaginar, una pantalla vertical táctil no es precisamente cómoda, y mientras esté en esa posición, Studio será un ordenador de escritorio convencional con teclado y ratón.

La magia de este producto se encuentra en su versatilidad. Una serie de peanas y engranajes muy bien resueltas hacen que sin apenas aplicar fuerza podamos bajar el monitor hasta ponerlo casi tumbado, exactamente a 20 grados, para poder escribir o dibujar directamente en él, como si de una Wacom se tratara. Esto hará las delicias de ilustradores y creativos. Microsoft está claramente enfocando sus nuevos productos hacia este sector y no tanto al de la productividad.

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Lo que más me agrada es el mimo por el detalle y la tecnología invisible de la que presume. Un concepto así de arriesgado podría resultar en catástrofe, pero Microsoft ha hecho un trabajo brillante. El monitor aguanta cualquier fuerza que se le aplique cuando se encuentra tumbado, pero a su vez podemos volver a subirlo sin apenas esfuerzo. La cantidad de píxeles en pantalla permiten que podamos acercarnos mucho al monitor y aún así poder seguir trabajando con precisión.

No han sacrificado absolutamente nada para hacer de la experiencia algo excelente. No es un simple experimento o concepto a medio resolver. Es una idea ambiciosa resuelta de manera impecable, un producto redondo en el que el único fallo que puedo verle es Windows, un sistema operativo que yo personalmente no soporto aunque cada vez es mejor. No me cabe duda de que Microsoft está yendo por el buen camino, intentando hacer de la tecnología algo invisible que simplemente se adapte a lo que necesitemos en cada momento.

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