Unas gafas con luces y un uniforme que parecía sacado de una mezcla entre Mad Max y Robocop, era la indumentaria para liderar a toda una generación durante los 90, y ya de paso ser uno de los estandartes de La Ruta del Bakalao. Chimo Bayo (Valencia, 1961) hizo saltar a todo el levante con su Exta sí, exta no incluso a la Tía Enriqueta. Han pasado 25 años desde que estrenara Así me gusta a mí, ahora en pleno revival acaba de publicar su primera novela No iba a salir y me lie (Editorial Roca).

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“Hoooola señor Corrrso, tengo el récord de 15 entrevistas en un día y medio en Madrid, estamos muy contentos con la acogida y la repercusión, y aquí estoy, a tu servicio, dispara” abre así Chimo Bayo, denoto que va a ser una entrevista divertida y que tendré que tirar poco de mi batería de preguntas…

“Tuve la suerte de conocer a Emma Zafón (periodista y co-autora del libro) este año, que es el 25 aniversario del Así me gusta a mí porque tenía este año dos proyectos importantes; actuar en el Festival Arenal Sound, y sacar dos canciones: Diablo y la otra tendrá que ser después de la Navidad porque con todo lo del libro se ha tenido que atrasar” responde emocionado.  Le comento que es una novela que a cualquier amante de los beat, probablemente le gustará, y responde: “Yo veo un germen entre Trainspotting, Torrente y la Ruta del Bakalao” dice entre risas, y argumenta: “Los personajes están llevados al límite, es muy entrañable, es una novela que lleva a los personajes a un nivel absolutamente histriónico y fuera de los límites de cualquier persona” cuenta orgulloso.

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Las otras dos manos del libro fueron las mismas que cogieron el teléfono para comentarle la idea, “cuando te llama una persona diciendo que lo tiene y que lo traduce de un día para otro, pues le dije ven que hablemos” resume el DJ. Para el valenciano es el mejor regalo que le puede hacer un hijo a un padre esta Navidad, “y te aseguro que te dejará salir dos días más” aconseja.

La novela tiene como eje una estigmatizada Ruta del Bakalao, a cualquiera que le pregunten por ella la relaciona de una manera injusta con el abuso de las drogas y el desfase. No fueron pocos las entes que encontraron en el DJ y sus secuaces un chivo expiatorio. Pero Chimo Bayo está curado de aquello, “la gente que echa la culpa a los demás de las cosas que hace no la respeto, parto de esa base. Cuando alguien sale a una discoteca con 22 años o así y te echa la culpa a ti de ponerse hasta el culo, pues me da muy poca entidad moral esa persona” y de forma seria afirma: “Ninguna canción mía ha incitado a nada“.

A esa gente, que le criticó, cuestiona si a día de hoy lo que ha venido ha sido peor que aquella época, pero no quiere generalizar ni entablar un discurso políticamente correcto y enseguida comenta: “si al final es una gilipollez, cada uno tiene la libertad de hacer lo que quiera, yo tengo la suerte de haber recibido una educación clásica y ser transgresor, pero sobre todo muy educado“, y rompe una lanza a favor de aquellos jóvenes que madrugaban para ir de fiesta por la Ruta porque “se sentían diferentes, especiales, gente que no tomaba nada” y para los más despistados sentencia: “En esta novela no estamos fomentando nada malo, hablamos para gente mayor de edad, que sean conscientes de el libre albedrío, que no es un derecho sino una obligación” concluye el artista.

De piloto de motocross a pinchadiscos

¿Y cómo se pasa de piloto de motocross a DJ?– ironías, paradojas del destino o estar en el lugar y en el momento adecuado, como que a raíz de un accidente y para no molestar en las discotecas con sus muletas, le metieran en la cabina del DJ residente a “mirarle como un florero”; éste se esfumara, y que durante un par de horas dejaran a Chimo cuidar del rebaño de la discoteca. Esas dos horas pasaron a ser un verano, y ese verano; se convirtió en “sesiones dobles de tarde y noche autodidacta y hasta hoy” relata.

Después de todo el éxito noventero decidió descansar a principios del 2000 durante siente años, “la música no me gustaba se había acelerado mucho, se había perdido el alma de la música, no la mía–apostilla– y me dediqué a hacer TV y Radio que también me gusta mucho. Luego en 2007 volví por petición popular, en un festival de Barcelona el F.E.A, ahí me di cuenta que había un montón de gente joven que se había reciclado, y me metí en la vorágine con la música que a mi me gusta y yo practico”.

Revival con los herederos ruteros

Vuelta a la mesa de mezclas  con punto álgido este verano en el Arenal Sound “en el que fui trending tropic, que eso para mí fue importante, que vengan los hijos de los que venían a verme, que se vuelvan locos viendo a Chimo Bayo, porque sus padres lo veían, eso me crea una sensación de que soy como parte de la familia: Yo les digo no sois mi publico, sois mi familia” comenta emocionado y recalca “la acogida fue muy chula, me lo pasé genial viendo a la gente joven, digo; mira si es que sus padres la estaban bailando conmigo… yo soy una persona muy sentimental en este sentido, creo que es lo que me mantiene cuerdo en este trabajo y siendo una persona sensible y con empatía, eso con el tiempo hace que la gente te comprenda y te vea una persona de corazón” afirma el DJ emocionado y con los pies en el suelo “todo es efímero, lo que hay que hacer es mantenerse fiel a las convicciones de uno mismo, y sobre todo a la cuestión artística”.

La Tía Enriqueta y Bombas-Bombas en la Guerra del Golfo

No puedo dejarle escapar sin hablar de la Tía Enriqueta…–¿Quién es?– soy yo–responde… silencio vacío… y se parte. La Tía Enriqueta es un canto a la juventud mental resume, “mujeres de 80 años como la Tía Enriqueta, que es una historia real, de una mujer que cogía la bicicleta y se iba a por pan al pueblo de al lado, que estaba a tres km, volvía, hacía la comida para la familia… era muy activa, es un canto al estado mental de cualquier persona, ser joven y eso te transmite una felicidad y una fuerza diferente. Hay gente de 25 años que parece que tenga 80” argumenta. Termino preguntándole si es leyenda o no, lo del Bombas-Bombas– ¿qué pasa?– con la Guerra del Golfo, “no, no es leyenda, conectaron así de improviso en un árido desierto y de repente el narrador dijo– ¡bombas, bombas!– yo me desperté sobresaltado y pregunté –¿qué pasa, qué pasa?–”. Y de ahí la canción. Sublime.

Finaliza con un villancico y un alegato: “Esta Navidad un mazapán, un mazapán cuartito pam-pam, y cómprale la novela a tu padre, que ya está bien de corbatas obsoletas y de zapatillas de andar por casa que no tienen carisma, hay que regalar Cultura, hemos peleado mucho por que la Ruta del Bakalao sea un movimiento social, con el hedonismo de masas en la que la gente buscaba el placer. Fuimos una generación que cambió el ajuar por el Hu-há”. Ahí tenéis.

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