En materia cultural, probablemente sea la cartera ministerial con el pretencioso nombre de Educación, Cultura y Deporte la que más intranquilidad origina entre la población española, fundamentalmente por el aún ausente pacto educativo nacional que agita constantemente los pilares del templo del saber, con sus constantes idas y venidas en la formulación de leyes educativas (entre otros, LOGSE, LOCE, LOE y la controvertida LOMCE) y por la desfachatez del aumento tributario en los productos culturales acontecido en los denominados “años de crisis”. No obstante, aun siendo cierto que son estos debates los que ocupan principalmente las secciones culturales de los diarios nacionales, otro tipo de casuística problemática es también perceptible en este campo. El más cercano temporal y cuantitativamente (ha generado mucha tinta –electrónica y de la otra–) ha sido lo que viene llamándose el caso Sijena.

No se trata de recoger en detalle lo sucedido por la evidente falta de espacio. Empero, he aquí un breve resumen que servirá de contexto y antesala a las reflexiones ulteriores. En el caso Sijena hay que diferenciar dos frentes, en cierto modo interconexos. Por un lado, la Comunidad de Aragón, mediante el Juzgado de Primera Instancia de Huesca, ordenó la devolución de un total de 97 piezas artísticas (muebles e inmuebles) que en su momento (hace más de 50 años) el Monasterio de Santa María de Sijena (sito en Huesca) permitió traspasarlas a la Comunidad de Cataluña, repartidas entre el Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC) y el Museo de Lérida. La juez titular consideró que se trataban de bienes de suma importancia inseparables del monasterio, por lo que, a pesar de que dichas piezas se traspasaron en su día mediante una compra lícita, según la sentencia no es óbice para el retorno de las mismas. En respuesta de lo explicado, el MNAC devolvió 53 de las piezas del lote de las 97, por lo que las 44 restantes, las amparadas en el Museo de Lérida, continúan en tierras catalanas, según ellos por su destacado valor artístico, obligando por ende a activar medidas judiciales coercitivas para su devolución.

Por otro lado, el segundo frente lo constituye la actividad supuestamente contraria al Derecho atribuida a las monjas del mismo monasterio de Sijena. Aparte de las 97 piezas que en el siglo anterior estas monjas vendieron a la Generalitat, existían 23 más que también vendieron al mismo comprador (97+23), pero que pasados unos años solicitaron su devolución alegando razones sentimentales (97-23). La Generalitat accedió a dicha petición, no sin antes catalogarlas en sus registros. Ahora, tras el litigio Aragón vs. Cataluña, esta última se ha percatado de que esas 23 piezas en su día devueltas a las manos de las monjas no aparecen por ningún lado. Esta irregularidad puede saldarse con una multa ingente de dinero para las monjas. 

En realidad, este farragoso culebrón es más complicado que lo expuesto, debiéndose contemplar otros factores: el desfase de cifras en los inventarios de las obras devueltas a Aragón (una vez que las piezas del MNAC llegaron a Sijena, no había las 53 comentadas, sino 110, más del doble), la trayectoria judicial completa del litigio que se retrotrae a los años 90 y la implicación de la jurisprudencia constitucional en el intento de hallar una solución viable.

¿De qué obras estamos hablando? El Monasterio de Santa María de Sijena cobijaba un patrimonio artístico de elevadísimo valor, realidad impulsada por su patronato real (doña Sancha de Castilla). Es más, el continente del contenido es igualmente valorable, edificio de estilo cisterciense, orden cismática separada de los benedictinos en busca de una austeridad de forma (tanto espiritual como arquitectónica). Las pinturas murales de Sijena, procedentes de su sala capitular, son sin duda alguna las más afamadas, sin olvidar el fantástico retablo de la Virgen y el mobiliario litúrgico. Todas ellas fueron trasladadas a Cataluña bajo los desafortunados avatares producidos por la Guerra Civil.

Las fantásticas pinturas murales de Sijena, ubicadas en una de las salas expositivas del MNAC, simulando la sala capitular del monasterio. Fuente: LAVANGUARDIA.COM

Las fantásticas pinturas murales de Sijena, ubicadas en una de las salas expositivas del MNAC, simulando la sala capitular del monasterio de donde proceden. Fuente: LAVANGUARDIA.COM

Retablo gótico de la Virgen de Sijena. Fuente: MNAC

Retablo gótico de la Virgen de Sijena. Fuente: MNAC

En cuanto a las conclusiones que un servidor puede extraer de este embrollo, he aquí un puñado. Primero, está la cuestión de la disputa intercomunitaria. Como idea favorable a Cataluña, entiendo que, en el momento en que la compra se efectuó lícitamente bajo control de la Diócesis a la que pertenecían las monjas, es a aquella a quien corresponde la potestad de dichas piezas. De ese modo, es legítimo pensar que la Generalitat esté considerando reclamar intereses en concepto de conservación y restauración por todo el tiempo en que las piezas se mantuvieron en los museos catalanes. Sin embargo, en contrapartida, las constantes pretensiones independentistas catalanas supongo que agitan y encrespan a los aragoneses, siendo conscientes del hipotético caso de que su patrimonio pueda ser víctima de los destinos políticos nacionalistas.

Segundo, la realidad que compone la desaparición de esas 23 piezas que las monjas vendieron, regalaron o perdieron se traduce en la nefasta cultura de preservación y protección del patrimonio patrio. Con la intención de conseguir liquidez monetaria, es probable que dichas piezas catalogadas por la Generalitat y devueltas a las monjas cayeran en el mercado negro, un destino no poco habitual en el mundo artístico, sobre todo para los artículos de origen medieval y de la Edad Moderna. Se es urgentemente necesario, por tanto, mecanismos de actuación y control tanto para intentar recuperar las desafortunadas obras caídas en tales fangosas circunstancias como para evitar que se den casos parecidos en la actualidad.  

Tercero, el desfase de número en el inventario del MNAC pone de relieve que los trabajos museísticos no se efectúan con la precisión que se debería. Los responsables en el caso afirmaron que “es normal, porque los inventarios no siempre coinciden y donde se registra una pieza luego son dos”, normalizando una conducta que, en primera persona, la califico como una desvergüenza. Bien porque se han seguido criterios diferentes de catalogación (con la consiguiente interpretación desigual de sus inventarios), bien por la desgana o la no profesionalidad de sus técnicos (ya sean por alumnos becarios, en prácticas, usurpación laboral por gente no proveniente de carreras competentes para la tarea o la sucesión de distintos trabajadores que caen en un mismo puesto y cuya pretensión de durabilidad se ha visto mermada por los contratos temporales).

En fin, tal como el periodista Montañés recoge en este artículo de El País:

Reconstruir el trajín de piezas es complejo porque desde que se produjo el primer depósito hasta hoy ha pasado casi medio siglo en el que toda ha cambiado: El monasterio ha dejado de pertenecer a la diócesis de Lleida —que concedió permiso a las monjas para trasladarse a Barcelona, depositar y vender las obras—; las monjas de Sijena han fallecido todas en el exilio catalán y las que habitan el monasterio desde 1985 son de la orden de Belén que nada tiene que ver con las anteriores. Para colmo, Virginia Calatayud, heredera de las monjas de Sijena (según le reconoce el Vaticano), ha declarado ante el juez que desconoce “todo, absolutamente todo, de Sijena”; que “nunca había visitado las pinturas en el MNAC” y que “muy pocas veces, poquísimas, había visitado el monasterio de Sijena”, ya que Calatayud ha profesado en Gandía, Barcelona y Álava, pero nunca en Sijena.

Como vemos, nuestro ordenamiento jurídico también se dedica a mediar problemas provenientes de la cultura, ocupando una cantidad de páginas en las secciones culturales de los periódicos habitualmente (y desgraciadamente) demasiado extensa. 

3 Responses

  1. Xabier Aguirre Arana

    Kaixo Nacho: efectivamente mi fuente principal ha sido el periódico que mencionas, haciendo un histórico de sus publicaciones e intentando resumir todo el proceso litigioso en dos párrafos. Dado que mi conocimiento sobre este caso es relativamente reciente, no acudí a la fuente directa que suponen las sentencias, por lo que te agradezco absolutamente tu interés en aclarar en detalle el proceso. estoy de acuerdo en que la epidermis del caso que explico en el post no hace justicia a los avatares que dicho patrimonio está padeciendo. Por último, gracias por compartir el enlace del “Blog de Inde”, no dudes en que nos será de grata y mucha utilidad.

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  2. Nacho

    Hola Xabier.

    Como veo que te interesa el tema, comentarte que lo que escribes es incorrecto. Por lo que imagino, una de tus principales fuentes es el País, y en concreto los artículos de J.A. montañés, sólo que este articulista tiene una visión muy sesgada del tema, y no es una fuente fiable. Sus artículos en El País están plagados de errores. Mi recomendación es que leas las sentencias judiciales, están disponibles en Internet, y estarás de acuerdo conmigo en que una sentencia judicial sí que es una fuente fiable de información. Ambas sentencias recogen el histórico de los hechos, que dista mucho de lo que aquí explicas.

    Trataré de resumir. Hay dos pleitos, pero no no como los explicas arriba:

    El primer pleito es por 97 piezas que no fueron lícitamente vendidas como dices, ya que la venta fue hecha por la priora de Valldorreix, monasterio barcelonés que no tenia ninguna autoridad para vender bienes de Sijena. Por otro lado, tampoco parece que la Generalitat llegase nunca a pagar nada, ya que en el juicio no pudo presentar ningún justificante de pago. Sobre estas 97 piezas, tampoco fueron llevadas por las monjas a Barcelona, ya me dirás para que quieren las monjas llevarse un sepulcro del Siglo XIII a Barcelona con ellas… Estas obras estaban en el monasterio, y aprovechando que las monjas se fueron a barcelona por unas obras que había que hacer en los años 70, el obispo de Lérida se las llevó a Lérida, sin informar a nadie. El edificio era Monumento Nacional, y el obispo tampoco podía vaciarlo sin permiso del ministerio. Al poco de llegar a Barcelona, murió la priora de Sijena, y las monjas nunca volvieron a Sijena, y ya se quedaron allí. En cualquier caso, ni las monjas de Sijena autorizaron este traslado, ni vendieron nada. Todo esta historia fue montada por el obispo de lérida y la Generalitat para quedarse con este patrimonio. Puedes leerlo en la sentencia.

    Hay un segundo juicio, que es relativo a las pinturas murales. Estas pinturas fueron quemadas en la Guerra Civil, por una de las columnas que venían desde Cataluña a Aragón al frente. Tras el incendio, Josep Gudiol arrancó las pinturas y se las llevó a Barcelona, sin entrar en más detalle, aceptaremos que en este momento fue una intervención de salvamento. Acabó la Guerra y en los años 40, desde la Dirección General de bellas Artes se ordenó su retorno a Huesca, algo que en Barcelona lograron retrasar, y que finamente quedó aplazado hasta que el monasterio fuera restaurado. En los 60, desde el Museo de Barcelona llegan a Sijena y sin permiso de nadie (lo tuvieron un año después de llevárselas, no antes), arrancaron las pinturas que allí quedaban, y se las llevaron a lo que ahora es el MNAC. Entonces desde Madrid ya se les advirtió que sólo estaban allí en depósito, y que debían volver al monasterio. Desde los 90 el monasterio está restaurado, y el MNAC se niega a devolver estas pinturas, hasta el punto que ha sido necesario ir a juicio para recuperar algo que el propio MNAC reconoce que no es suyo, y que sólo tiene en depósito. Todo esto lo puedes comprobar leyendo la Sentencia también, J.A.Montañés nunca te lo contará en El País, ya que iría en contra de su objetivo en todo esto, que no es otro sino que todo este arte se quede en Cataluña.

    Lo de las 23 piezas adicionales, y que los inventarios no cuadran es una estrategia más del País para asustar a las monjas, y ver si dejan de reclamar que se levante el depósito de las pinturas. Me explicaré, lo que llegó a Sijena son 53 piezas, y algunos lotes tienen más de una pieza, pero eso está en el listado presentado en el juicio, no hay descontrol ninguno ahí. Lo que sucede es que el MNAC, que alega que en Aragón no sabemos conservar nuestro patrimonio, y que ellos sí saben, ha perdido dos piezas que no sabe donde están. Las otras 23 eran objetos de la vida diaria, cruces, un belén, cucharillas,…etc. Estas 23 fueron depositadas por la priora de Sijena (estas sí) en el Mnac al llegar a Barcelona. Eran objetos de la vida diaria (no un sepulcro del Siglo XII), y la priora no se fiaba de dejarlas en el monasterio de Valdorreix donde iban a estar. Al poco murió la priora de Sijena, y la priora de Valldorreix solicitó levantar este depósito (sin tener poder para ello), y el MNAC lo levantó. Quizás porque el MNAC estaría ya negociando con la priora de Valldorreix la venta del patrimonio de Sijena. Se ha perdido el rastro de muchas de estas 23 piezas, ya que ni la Generalitat ni la MNAC han tenido ningún interés por estas piezas hasta que ahora han visto que pueden ir contra la orden de San Juan y reclamarles estas piezas, a ver si así la orden de San Juan deja de reclamar las pinturas. Sjena y Valdorreix pertenecen ambas a la orden de San Juan, ya no hay monjas vivas de ninguna de las dos congregaciones, y ahora ambas están representadas por Maria Virginia Calatayud, de Salinas de Añana (Vitoria), que es la representante de todas las órdenes de San Juan en España. Es decir, aunque fuera la orden de Valldorreix la que perdiera las piezas, la persona que reclama en el juicio las pinturas de Sijena, y la persona a la que el MNAC puede reclamar estas 23 piezas es la misma. De ahí la importancia que ahora se le dan a estas 23 piezas que durante 20 años no han importado al MNAC o a la Generalitat.

    Y para acabar, hay dos sentencias judiciales que obligan al MNAC y a la Generalitat ha devolver este patrimonio a Aragón. La Generalitat está desacatando estas sentencias, ha dicho que no las acepta y que no las cumple, y mientras tanto el Ministerio de Cultura, la Fiscalía,..etc, miran hacia otro lado. Por no hablar de medios como El País o el Periódico que defienden abiertamente este desacato a las leyes y al poder judicial. Y esto es sólo la punta del iceberg de un tema que duran ya 30 años.

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