No ha pasado mucho tiempo desde que el 2017 decidió entrar en el recorrido de nuestras vidas. Para algunos solo es un año más, sin ningún tipo de falsa expectativa. Para otros, quizá más ambiciosos, es un año lleno de nuevas metas y propósitos por alcanzar.

¿Año nuevo, vida nueva? Deberíamos estudiar más este término antes de lanzarnos a decirlo. Para empezar, no se trata de una “vida nueva”, ya que siempre estará ligada a lo que has vivido anteriormente. Y para comenzar a cambiar ciertos aspectos de esa vida, estás obligado -tanto si te gusta como si no- a recordar qué es aquello a lo que quieres dar un giro de ciento ochenta grados y el por qué.

Y después viene esa famosa lista de propósitos que todos alguna vez hemos hecho. Nos ponemos a escribir todas aquellas experiencias que nos gustaría vivir. Pueden ser propósitos como el de viajar más o viajar a un determinado lugar especial, pero que se suele quedar en los preparativos más que en otra cosa. O quizá propósitos como hacer más deporte, comer más sano, intentar dejar la nicotina… sí, esos que implican cuidarnos más. Sin embargo, o bien ni siquiera llegan a ponerse en marcha o bien se quedan estancados a mitad de año. Otros se proponen propósitos como el de estudiar más, o mucho mejor, el de “llevar los estudios más al día”.

De verdad, ¿a quién queremos engañar?

Sí que es cierto que a pesar de que seguimos siendo unos ingenuos por pensar que cumpliremos esa gran lista al completo y durante 365 días, el tener nuevas metas puede hacer que comencemos el año de mejor manera y más ilusionados. Y si no es este año, lo dejamos para el siguiente. Pero hay algo que no deberíamos olvidar, y es algo sobre lo que la mayor parte del mundo no tiene conciencia al hacer esa lista. Lo primero que debería aparecer en esa lista de propósitos sería conservar todo lo bueno que hasta ahora tenemos.

Porque, ¿qué hay de ese propósito? El de mantener a tu familia al completo, o a tus amigos, o a esa persona especial. Bien el de seguir manteniendo pasión e ilusión por lo que haces, o bien algo tan sencillo, como tener la suerte de vivir la entrada del siguiente año nuevo rodeado de los de siempre.

Porque todo eso querrá decir que seguimos aquí, presentes y dispuestos a seguir en el camino de nuestro propio viaje, que no sabemos a dónde nos llevará.

Y una vez que veamos que este primer propósito sigue su cauce, será cuando podremos ponernos en marcha con los otros.

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