Redacción: Óscar Saiz

Aunque hayan pasado varios años desde su éxito culminante allá por el 2002 Sum 41 sigue siendo uno de los grupos referentes de la música pop-punk, capaz de agotar las entradas y hacer disfrutar al público como nunca. Así fue como lo hicieron el pasado sábado 21 de Enero en la sala Santana 27 de Bilbao, también conocida como Fever, los canadienses nos visitaron de nuevo con su gira Don’t Call It A Sum-Back World Tour .

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Los teloneros, la banda francesa Paerish, se encargaron de ir caldeando el ambiente antes de que Sum 41 saliese al escenario. Con su ritmo indie-rock hicieron más amena y divertida la espera de todos los fans ansiosos por ver a sus ídolos musicales. Muchos de ellos eran fans que habían crecido y desarrollado su adolescencia con su música, otros en cambio, más pequeños, acababan de descubrirla y por supuesto también nos pudimos encontrar con varios padres orgullosos del gusto musical de sus hijos e hijas.

No hizo falta mirar al escenario para saber que Deryck Whibley ya había salido, los gritos lo decían todo. Comenzaron fuerte con dos canciones de su nuevo álbum 13 Voices: A Murder of Crows y Fake My Own Death. Aunque no fuesen tan esperadas como las míticas canciones de sus álbumes de la década del 2000 la gente rompió a saltar y a cantar al unísono. Pero el público explotó más todavía cuando siguieron con uno de sus temas del álbum Does this look infected?(2002), The Hell Song.

Después de varios éxitos, el cantante se dispuso a tocar la canción War de su nuevo disco, pero antes dio un pequeño discurso en el que hablaba sobre su reciente hospitalización y lo duro que fue para él. Entre humo, luces y mucha caña siguió el concierto de Sum 41, hasta que de repente Deryck salió del escenario y atravesó toda la sala para tocar en medio del público con su guitarra la canción With me. Los fans que no tuvieron la suerte de llegar pronto y ponerse en primera fila agradecieron sin duda este gesto, y en cuestión de segundos la cara del cantante se vio rodeada de móviles. Cuando comenzó a tocar esta balada las luces se apagaron y una bola de discoteca de un considerable tamaño alumbró toda la sala, causando un ambiente romántico y calmado.

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Llegó el momento esperado para muchos, In Too Deep, con solo rozar las cuerdas del primer acorde la gente se puso a gritar de emoción, y es que esta divertida y pegadiza canción del álbum All Killer No Filler fue y será uno de sus mejores éxitos.
Cuando el concierto llegaba a su fin tocaron una última canción lenta, Pieces de su álbum Chuck del 2004. Esta balada la tocó al piano e hizo que media sala rompiera a llorar. Pero el concierto no podía terminar así, después de aplausos y lágrimas tocaron Fat Lip, otro de sus éxitos más cañeros. El público comenzó a saltar y el cantante exigió un último “pogo” de despedida.

Todos más que satisfechos de casi dos horas de concierto aplaudieron y dieron por finalizado el evento, pero no fue así, de repente salieron todos los integrantes del grupo para tocar una última canción, Pain for Pleasure. Estos iban disfrazados como en el videoclip y cantaron y vacilaron por última vez.
Sum 41 dio realmente un concierto completo y lleno de sorpresas, combinando la caña del punk y las letras sentimentales de muchas de sus canciones, siempre con una gran cercanía hacia el público.

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