Algo pasó el domingo 26 en Bilbo. Y no fue que el Athletic volviera a la senda de la victoria venciendo al Granada, ni siquiera que media ciudad siguiera de resaca por lo primeros carnavales sin una gota de lluvia desde hace, sin exagerar, mil millones de años. Estoy hablando del concierto ofrecido por La Oreja de Van Gogh. Y es que, el grupo donostiarra que tomó el nombre del órgano amputado más famoso de la historia, presentó, en el centenario Teatro Arriaga, su séptimo disco de estudio “El planeta imaginario”.

Una fila perfectamente dibujada señalaba la puerta de entrada al teatro, ya desde la otra orilla del Puente del Arenal. Todo apuntaba a una tarde llena de emociones para aquellos que se adentraban en el lugar en el que en escasos minutos iba a dar comienzo lo que muchos llevaban años esperando. Un escenario lleno de lámparas propias de las mesillas de noche de ama y aita, un suelo alfombrado y una especie de “farolas”, aguardaban la entrada en escena de los músicos. Cuando Pablo Benegas (guitarra), Xabi San Martín (teclados), Álvaro Fuentes (bajo) y Hariz Garde (batería), irrumpieron en el silencio alborotado del teatro todos los presentes supieron cuál sería la primera canción que Leire Martínez iba a interpretar.

Dcha a izda: Xabier San Martín, Pablo Benegas, Leire Martínez, Álvaro Fuentes y Hariz Garde / Asier Navío

Dcha a izda: Xabier San Martín, Pablo Benegas, Leire Martínez, Álvaro Fuentes y Hariz Garde / Asier Navío

“Verano”, que en Spotify lleva ya más de 8 millones de reproducciones, fue el sencillo que marcó el punto de partida de lo que sería un concierto que mezcló canciones del nuevo disco con clásicos del grupo. Dichos sencillos, los más reconocidos de la banda donostiarra (bien con Leire al frente, bien con Amaia Montero al frente) fueron los más aclamados por el respetable, que no dudó en despegar su trasero del asiento para bailar al ritmo que marcaban los instrumentos sobre el escenario.

Los momentos emotivos del espectáculo se cuentan con más de un dedo de la mano. Hacia la mitad del concierto, la vocalista quiso acordarse de Pablo Raez, el joven malagueño que falleció el pasado sábado víctima de la leucemia que llevaba meses sufriendo, haciéndolo como mejor sabe, dedicándole la canción “París”, aquella que reza “Ven, acércate. Ven y abrázame”.

Casi inmediatamente después, Leire y Pablo se quedaron a solas en el escenario y se sentaron en el borde del mismo para acordarse de la reciente maternidad de la errenteriarra con “Palabras para Paula”. El rechazo a los abusos machistas fue reivindicado con la canción más aclamada por el público. “No vales más que yo”, fue bajando los decibelios de las guitarras provocando el efecto inverso en los aplausos, que se mantuvieron durante al menos un minuto, inundando el Teatro Arriaga como en las grandes noches del mítico edificio bilbaíno.

Cuanto más se acercaba el final del concierto, más tiempo se mantenían las personas más efusivas del público de pie, haciendo que sus butacas se cerraran, provocando algún que otro traspiés cuando alguno se volvía a sentar, ignorando que estas ya no estaban abiertas. De esta manera, las canciones más reconocidas del grupo comenzaron a sonar, mezcladas con las cientos de voces que llenaban el teatro.

Así se llegó al final, después de los usuales amagos de abandono de escenario, puede que, en busca, únicamente, del aclamado grito popular “beste bat”. La Oreja de Van Gogh puso fin a su velada con la canción que da nombre al álbum del 2012 “Cometas por el cielo”.

De esta forma, y tras dos horas y diez minutos, como se advirtió antes de que comenzara el espectáculo, el público abandonó el Arriaga, con las manos sin llegar a estar en carne viva, pero sí rojas.  Salí del recinto analizando algunas de las estrofas que recordaba, salí del recinto inmerso en mi “planeta imaginario”.

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