Lágrimas de Sangre hemos vuelto…” y de qué manera. No es que lo diga solo yo, es que lo demostraron las personas que abarrotaban una Sala Stage que agotó sus entradas una semana antes del concierto. El grupo de El Maresme llegó a Bilbo pisando fuerte, más bien, sonando fuerte. El motivo, o la excusa, de su vuelta a una ciudad en la que tienen al público totalmente entregado, como se pudo ver durante el espectáculo, no fue más que la presentación de su nuevo disco, Viridarquía.

De la misma manera que comienza esta crónica arrancó el concierto. Esas cinco palabras que se prolongan completando la primera canción de Viridarquía, calmaron el ansia de un público impaciente de desgañitarse aun a riesgo de perder la voz. No fue hasta la tercera canción cuando los cinco componentes de Lágrimas de Sangre fueron presentados por Microbio. Rama Lama, Neidos, Still Ill, Acid Lemon y el propio Microbio fueron intercalando canciones de los dos discos anteriores y de Viridarquía, todas con el mismo resultado, siendo acompañadas por la voz de todos los allí presentes que sin temor a influir en la meteorología de Bilbao dieron rienda suelta a sus cuerdas vocales.

De izq. a drch.: Rama Lama, Neidos, Still Ill y Microbio / Asier Navío

De izq. a drch.: Rama Lama, Neidos, Still Ill y Microbio / Asier Navío

La noche prosiguió, las voces se fueron quebrando y los corazones se fueron abriendo. Los órganos vitales alcanzaron su máxima apertura con La Gente, una canción que irradia “buenrrollismo” por los cuatro costados. Hubo tiempo para simular un apagón en mitad de Voy a celebrarlo, que según Microbio se ha convertido en una costumbre desde que les ocurriera uno real en un concierto anterior. Hubo tiempo para las reivindicaciones sociales, uno de los estilos de rap más característicos del grupo barcelonés. Hubo tiempo, incluso, para cantar Aire Pur, la canción híbrida de catalán y euskera. La parte principal, en catalán, la cantó Lágrimas de Sangre y fue murmurada por el resto de los presentes; la parte en euskera, sin embargo, a falta de Glaukoma, quienes compusieron la letra, fue recitada únicamente por el público, motivados por los artistas sobre el escenario que les apuntaban con el micrófono. De este modo, el respetable se sintió, aunque solo fuera por un minuto, el protagonista del concierto.

Blancs Wu-Tank fue la última actuación de la banda en una noche que daba comienzo para los que salían de sus casas con la intención de disfrutar de unas horas con sus amigos. Por el contrario, aquellos que habíamos presenciado la vuelta a un escenario bilbaíno de Lágrimas de Sangre, nos dábamos por satisfechos, exhaustos de emoción, incluso de cansancio, como consecuencia de una hora y media en continuo movimiento. Tanto el grupo, como el público lo dio todo, en cuerpo y alma, también en voz, por supuesto, aunque unos con más atino que otros. Pero así somos los de Bilbao, nos gusta desgarrarnos las cuerdas vocales en un concierto que nos eriza los pelos un sábado por la noche, aun a expensas de un domingo bajo la lluvia.

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