De verdad que viajar en un avión durante 11 horas y verte todas las películas posibles que te ofrecen los vuelos de Iberia, merece la pena si vas a ver las maravillas que he visto yo en Panamá. No es fácil empezar a contar la experiencia de un viaje tan increíble y plasmarlo en un artículo con un límite determinado de palabras, pero por lo menos, voy a intentar transmitir la magia y el sentimiento que me ha producido viajar al otro lado del charco. Diez días son suficientes para que te dé tiempo a ver casi el 90% de los paraísos que existen en este país. Por lo menos, en mi caso. No perdimos el tiempo en ningún momento y nos pasamos el día de un lado para otro. Teníamos claro lo que queríamos hacer y qué queríamos ver.

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Ciudad de Panamá. Fuente: La Prensa.

El día de llegada siempre es el más aburrido y no sueles hacer nada, que digamos, aparte de organizar las maletas y adaptarte un poco al sitio en el que te instalas. Siempre se ha dicho que hay que “descontar” los días de ida y de vuelta porque son días perdidos, pero tengo que decir, que en mi caso uno de los mejores momentos fue ver el sol caer desde la planta nº 41 del edificio donde vivía mi hermana el mismo día que llegué a Panamá. Tengo claro que es la ciudad de las luces, que espera a que la luna se vaya a dormir para que todos los edificios puedan iluminar la ciudad por su cuenta, sin la ayuda de nadie, y eso es digno de ver.

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Ciudad de Panamá. Fuente: Panamá Tourism.

El segundo día ya estás mentalizado y preparado para coger la mochila e irte a las islas del Pacífico a visitar los pequeños rincones salvajes que se esconden por allí. Nosotros la primera excursión que hicimos fue a Santa Catalina, a una isla llamada Coiba. Por una vez, dejaba de ver todas esas imágenes paradisíacas en la televisión y las podía ver en persona, podía contar todas las palmeras de la isla si quería, rodear la isla buceando con peces y tortugas y tomar el sol entre roca y roca.  La excursión a Coiba fue de un día, pero nosotros estuvimos instalados tres días en un hotel llamado Santa Catalina, con vistas al mar y tuvimos la oportunidad de familiarizarnos con el pueblo y los alrededores, que también eran dignos de ver. Cada día que me levantaba parecía que estaba en un pequeño oasis, y agradecía de verdad tener tanta paz, dentro de mí como a mi alrededor.

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Isla Coiba. Fuente: TVN Noticias.

 

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Isla Coiba. Fuente: The New York Times.

 

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Isla Coiba. Fuente: Sara De Maintenant.

 

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Isla Coiba. Fuente: Propia.

Es mucho contraste volver a la ciudad cuando has estado durante tres días en un plan de desconexión total, sin acordarte de que, fuera de la isla, el reloj sigue corriendo y la gente sigue yendo a trabajar, como cada día. Pero como todo, es volver a acostumbrarte. Y digo esto, porque Panamá no es precisamente una ciudad fácil para vivir. Lo que más nos gustó de todo este caos fue la parte más cultural, un poco apartada de todos los grandes edificios y el barullo del tráfico: El Casco Antiguo, un sitio con bastantes lugares y rincones que visitar. Sobre todo, con bares agradables y con bastante vidilla en las terrazas, perfecto para un plan de tarde-noche sin duda.

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Ciudad de Panamá. Fuente: Mundo Tekwondo.

 

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Casco Antiguo de Panamá. Fuente: TVN Noticias.

 

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Casco Antiguo de Panamá. Fuente: Gogetit Noticias.

Todavía nos quedaban muchos días para disfrutar en Panamá y no perdimos ni un minuto de nuestro tiempo. También visitamos Isla Contadora, una isla del archipiélago de las Perlas situada en el Golfo de Panamá. A diferencia de las otras islas, esta era mucho más grande, y era más turística, no tenía ese punto tan salvaje. Había supermercados, pequeños hoteles, tiendas… y sobre todo, muchas playas, una en cada rincón de la isla. Sin duda, mi playa favorita fue Cacique. Aparte de la playa, que en sí era increíble, estaba rodeada de unas casas y una flora espectacular. Eso sí, las distancias eran bastante largas y para ir de las playas al hotel teníamos que andar bastante, pero de verdad que merecía la pena andar escuchando el ruido de los animales de la isla y rodeada de los árboles más bonitos que he visto hasta ahora, sin duda.

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Isla Contadora. Fuente: Propia.

 

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Isla Contadora, playa Cacique. Fuente: Propia.

 

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Isla Contadora. Fuente: PriceTravel.

 

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Isla Contadora. Fuente: OfertaSimple.

No todo el viaje fueron islas, playas y palmeras. También fuimos a visitar la ampliación del Canal de Panamá. Es un auténtico espectáculo ver cómo los grandes barcos pasan entre el mar Caribe y el océano Pacífico gracias a las esclusas, situadas a cada extremo del lago Gatún. Eso sí, no íbamos a visitar el Canal de Panamá sin pasar por Colón, una ciudad situada en la costa caribeña de Panamá. Es una ciudad bastante pobre, y se aprecia en cada callejuela y cada rincón. Donde ves a niños y niñas que con un par de chancletas están dando brincos de un lado para otro con una sonrisa de oreja a oreja rodeados de basura, pero es que a ellos les da igual. Les sobra todo y no les falta de nada, a esos sí que no les falta de nada. Para volver, cogimos el tren turístico de madera, que va en paralelo al Canal y al lago Gatún, atravesando la selva y los paisajes que rodeaban la zona de Colón. Quedé asombrada de nuevo, con aquel paraje increíble.

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Ampliación del Canal de Panamá. Fuente: Telemetro.

 

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Ampliación del Canal de Panamá. Fuente: Canal de Panamá.

Si algo ha caracterizado este viaje, ha sido sin duda el asombro cada vez que visitábamos una zona del país. Todo era muy diferente, con muchos contrastes, con paisajes totalmente diferentes y todo muy digno de ver. Es la segunda vez que vuelvo, y volvería mil veces más, porque el sentimiento que tienes cuando viajas a este tipo de países, no logras encontrarlo de ninguna otra manera. Todas las personas que conoces, las emociones que sientes al adentrarte en lo salvaje, el conocer otra cultura totalmente diferente, el adaptar y cambiar el chip para adaptarte a las circunstancias, desenvolverte, querer lo que hace la gente de allí y hacer que te quieran. Perderte entre todo el caos pero volver a encontrarte, que haya un apagón el segundo día y en vez de estirarte de los pelos, relajarte y salir a la terraza para ver que todavía hay luces que siguen en pie. Y tomarte un zumo de piña recién hecho en cualquier terraza, el mismo que echarás de menos en cuanto vuelvas a tu ciudad. Y caminar, caminar mucho para llegar a todos los sitios que quieres ver, porque nunca es suficiente, siempre quieres conocer más. Y aprender, aprender de la gente, de lo que te cuentan. Tener en cuenta que no todo tiene que estar planificado, que igual a última hora improvisas un viaje y es el mejor de todos. Y dejarte llevar, para que disfrutes y para que sientas, absolutamente todo, lo bueno y lo malo.

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Tren turístico Colón. Fuente: Panamá Logistics Portal.

Hay cosas que por mucho empeño que pongas no se transmiten a través de las palabras. O quizás sí. Sólo digo que si no has visitado  Panamá, estás tardando. Vas a conocer el paraíso, pero el paraíso de verdad.

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