Noche de sábado. Pero no uno normal. El primero de diciembre. Las luces de navidad de la Gran Vía encendidas y los abrigos de los transeúntes abrochados confirman la llegada tardía del invierno. El Athletic juega contra el Real Madrid en San Mamés y eso centra la inmensa mayoría de las miradas de la capital vizcaína. Pero a algo más de un kilómetro de la “Catedral”, el Kafe Antzokia llena su interior de gente deseosa de dar la bienvenida a Rayden, un rapero de nueva generación, dispuesto a hacer que los estereotipos que siempre ha habido alrededor del hip-hop se queden en la puerta de entrada.

A las 22.00, minuto arriba minuto abajo, comienza el show. El rapero Mediyama acompaña al artista de Alcalá de Henares sobre el escenario. La canción “Xtravaganzza” les une, aunque en esta ocasión le acompañará a lo largo de todo el concierto, haciéndole los coros y cantando varios temas a dúo. Una canción con un título mentiroso que oculta una segunda intención da la bienvenida al público que ha acudido a la sala. “No hago rap” da el pistoletazo de salida a una noche que promete ser calurosa, desoyendo el clima gélido del exterior.

Toda gira en torno al disco que presenta. “Antónimo” es el cuarto lp del artista madrileño. Dentro de la nueva selección de temas, “Pólvora mojada”, “Haciéndonos los muertos” o “Pequeño torbellino” son los más coreados por parte del público. En el caso de este último Rayden es acompañado por Mäbu, con quien también canta “Viviendo en gerundio”, del anterior disco “En alma y hueso”.

Entre canción y canción se muestra el lado más cercano del artista. Da su opinión sobre varios de los temas que copan las portadas de muchos de los periódicos nacionales. Lo hace con sus canciones, expresa sus ideas acompañando las palabras que mejor definen sus pensamientos con música producida por su banda. Pero es en esos momentos entre canción y canción cuando el público escucha con más atención a la persona que admiran. Dejan de acompañar a Rayden, cantando unas frases que ya conocen, para oír, y, sobretodo, escuchar a David Martínez.

Llega el final del concierto y a todos les sabe a poco. No porque haya sido corto en extensión temporal, sino porque nunca es suficiente. Nunca se sacian las ganas de disfrutar de Rayden sobre el escenario. Nunca se cansan de escuchar a un rapero que no hace rap. Siempre están dispuestos a pasar el máximo de horas escuchando a un rapero, que como ya dije, hace arte.

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