Juan, padre de Carlos, un niño de 8 años, sale conduciendo desde su casa de Madrid en dirección a Zaragoza. Carlos va con él. A la altura de Calatayud sufren un terrible accidente. Un camión que venía de frente les embiste. El impacto mata instantáneamente a Juan, pero Carlos sigue con vida. Una ambulancia llega rápidamente y el niño es trasladado al hospital de Calatayud.

Los médicos de guardia logran equilibrar sus constantes vitales, pero se dan cuenta de que no pueden resolver el problema de Carlos. Necesitan consultar con algún médico superespecialista. Además, se dan cuenta del riesgo de trasladar al niño, por lo que deciden dejarlo internado en Calatayud.

Después de las consultas pertinentes, se comunican con el Hospital de niños San Rafael de Madrid. Finalmente, de entre todos los médicos eligen a una eminencia en el tema, a quién ponen al día d lo ocurrido. Como todos están de acuerdo en que lo mejor es dejar a Carlos internado en Calatayud, la eminencia decide viajar directamente de Madrid al hospital. Y así lo hace.

Los médicos del lugar le presentan el caso y esperan ansiosos su opinión. Finalmente, uno de ellos es el primero en hablar: “¿Está usted en condiciones de tratar al niño?”, pregunta con un hilo de voz. Y obtiene la siguiente respuesta: “¡Cómo no lo voy a tratar si es mi hijo!”.

Bien, hasta aquí, la historia.

Trata de pensar de una manera que tenga sentido. Insisto en que no hay trampas, ni nada oculto. Y antes de que leas la solución, quiero darte un dato: Carlos no es adoptado ni ha sido fruto de un embarazo subrogado (vientre de alquiler).

¿Cómo es posible?


Una vez que has empezado a dar vueltas en tu cabeza sobre la solución, te habrás podido topar con la opción de que los dos padres son homosexuales, siento decirte que esa no es la solución correcta. También habrás pensado que el “padre” puede ser un sacerdote pero siento volver a decirte que no.

Antes de dar la solución, podríamos pensar que el lenguaje a veces es un poco sexista (pista) y muchas veces el género masculino engloba el femenino en nuestro idioma. Puede ser también, que en este acertijo utilicen el lenguaje de una forma que lleve a equívocos. Pero he de confesar, que este acertijo nos lo presentó un profesor el primer día de clase, y de 90 estudiantes (chicos y chicas) sólo consiguieron acertarlo 5 personas.

La solución, cómo ya habrás podido adivinar es: “La Madre”. La madre del niño es esa eminencia, ese experto en el tema.

Partiendo de lo que acabamos de explicar, debemos hacer una pequeña diferenciación entre las definiciones que da la DRAE de:

Sexo:

1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas.

2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino.

3. m. Órganos sexuales.

Género: Grupo al que pertenecen los seres humanos de cada sexo, entendiendo este desde un punto de vista sociocultural en lugar del exclusivamente biológico.

El castellano en este caso y según las reglas actuales de ortografía en la mayoría de términos el masculino engloba al femenino. Y en muchas ocasiones como en este acertijo, puede llevar a equívocos. Por ello, muchos profesionales han optado por utilizar palabras que no designen un género en concreto y que engloben los dos. Y en este caso, se podría haber optado por la utilización de desdoblamientos o de términos neutros como: “profesionales” o “todas las personas especializadas”.

Por otra parte, se plantea el tema del sesgo educacional. En el que las nuevas generaciones pueden llegar a evitar no sólo este problema de imprecisión en el lenguaje, sino que podrían llegar a evitar toda esa lacra social con la que convivimos las generaciones actuales. Como la discriminación por orientación sexual, la brecha salarial entre hombres y mujeres y como se ve en el acertijo; la nula percepción de que las mujeres puedan llegar a ser unas eminencias y ostentar grandes puestos de trabajo. Porque como recoge un informe del centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada, en un artículo de Deia; “En el País Vasco hay 1.196 facultativos residentes (el 4,4 % del total del España), de los que 856 son mujeres, el 71,6 %, cuando la media española es del 66,4 % y ninguna otra comunidad llega al 70 % de facultativas residentes”.

De manera que, aunque existen términos que agrupen a los géneros y otros que los diferencien, se está haciendo patente la posible utilización de un término neutro que se pondría con la “x” o con la “e”. Para conseguir alternativas que no diferencien los distintos géneros, que sean términos inclusivos y no discriminatorios.

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