Más de un millón de suscriptores en su canal de YouTube le avalan. Ha sido uno de los diez finalistas al Global Teacher Prize en 2017, y por si fuera poco, ha publicado su segundo libro, “¿Cuánto pesan las nubes?”. ¿Estás pensando en hacerte unos macarrones en la cima del Everest o te preguntas por qué el cielo es azul, aunque en Bilbao nunca lo hayamos podido comprobar con nuestro propios ojos?. Dedica el 0,0005% de tu vida en este libro, o lo que es lo mismo entre 7.200 y 14.000 segundos y podrás averiguar las “respuestas científicas de muchas sencillas preguntas”.


“Quien diga que las matemáticas son divertidas es un loco” pensarán muchos estudiantes de la ESO y bachillerato. Y así ha sido siempre, los genios locos que se han hecho un hueco en la historia han sido de los pocos en ver la cara divertida de la base de todas las cosas. Pero David Calle ha conseguido que sus alumnos sean capaces de interesarse en los números y en las ecuaciones. ¿La fórmula?. Enseñar de forma divertida, entreteniendo.

La primera pregunta es obligada. ¿Cuánto pesan las nubes?

Pueden pesar mucho o poco, dependiendo del volumen que tengan porque el volumen y la densidad te pueden dar la masa, pero lo realmente curioso, y por eso se llama así el libro, es que los científicos a veces son muy frikis cuando ponen nombres a las cosas y midieron la masa de las nubes, en lugar de en kilos en elefantes. No me preguntes porqué, supongo que vendrían de tomarse algo, no lo sé; y decidieron que un elefante eran 6.000 kilos, y esa es la excusa del título del capítulo para plantear que las nubes pueden pesar mucho para que luego la gente se pregunte “oye, y por qué no se caen”. Si le dices a un niño que las nubes pesan miles de elefantes y que no se caen encima de sus cabezas es la excusa para explicarles la densidad. Todos los capítulos van en esa línea, alguna pregunta importante para tratar de meter un tema divertido.

“Todo lo que pueda hacer para que los chavales y los no tan chavales tengan curiosidad por aprender, genial. Por eso el libro está lleno de referencias frikis y de los 80

Haces referencia a tu infancia, cuando veías películas de ciencia-ficción y a las películas que has visto ahora como Interstellar o series como Black Mirror. ¿Qué es lo que te llama la atención de ese tipo de películas?

A mí me encantan las películas de ciencia-ficción desde que era pequeñito y siempre flipaba con los efectos especiales, y eso que los de antes tampoco eran tan buenos como los de ahora, pero sobretodo haciéndome preguntas de todo tipo. Cuando vi Regreso al Futuro me pregunté si era posible viajar al pasado o al futuro; cuando vi E.T. pensé si habría vida extraterrestre; cuando vi Star Trek me pregunté si era posible teletransportarte… En aquel momento no pude encontrar una respuesta a todas esa preguntas pero siempre las he tenido ahí, y con el paso de los años he ido investigando, he ido preguntando a gente que sabe más que yo. Ha sido una excusa para aprender un poco más de ciencia, que es lo que a mí siempre me ha apasionado. Y son cosas que me han servido para meter en el libro o en mis vídeos de YouTube. Siempre intento hacer ver que la ciencia es mucho más divertida de lo que parece y que tiene relación con un montón de cosas de nuestro alrededor. Todo lo que pueda hacer para que los chavales y los no tan chavales tengan curiosidad por aprender, genial. Por eso el libro está lleno de referencias frikis y de los 80.

¿Si el libro no fuera tuyo, lo leerías?

Estoy convencido de que sí. Porque seguramente antes de escribir el libro me hubiera dado un montón de respuestas, aunque he tenido que investigar mucho para algunas de las preguntas y los cálculos; y segundo, porque el libro ya no es solo para darte las respuestas a las cosas, sino para inspirarte a que te hagas tú las tuyas propias y para despertar tu curiosidad.

¿Como se pasa de ser ingeniero de telecomunicaciones a uno de los diez finalistas al Global Teacher Prize?

La vida da muchas vueltas. Yo suspendía mates en COU, lo que ahora es segundo de bachillerato.

Pues, menos mal.

Y me apunté a una academia, me puse las pilas porque era muy vago y al final saqué un 10 en matemáticas en selectividad, pero suspendí la primera  y la segunda evaluación. El caso es que al año siguiente, me contrataron en esa academia para dar clases. Y mientras, estudiaba teleco, que es lo que me dijeron que era aquello para lo que estaba preparado y estaba de moda e iba a ganar mucho dinero. Mientras estudiaba en la universidad trabajaba en la academia, pero acabé ingeniería y me puse a trabajar de ingeniero. Con 30 años me quedé en el paro y me volvieron a llamar de la misma academia para que currara mientras me salía un trabajo mejor, con más prestigio, con más sueldo… El caso es que descubrí que lo que me apasionaba era dar clases, que no me importaba no ganar tanto dinero. Que lo que realmente me molaba era ayudar a los chavales con sus deberes y con sus dudas, porque yo empatizo mucho con ellos, me identifico con casi todo lo que les pasa por la cabeza. Monté mi propia academia y a pesar de ello, llegaba todos los días muy frustrado a casa porque no me daba tiempo a explicarles todo lo que necesitaban para sus exámenes, y porque me decían que estban solos por las noches cuando estudiaban o que nadie les ayudaba los fines de semana. Todas esas dudas que no me daba tiempo de explicar a los chavales me tenían muy culpabilizado. Comienzó el siguiente curso y la mitad de los chavales se desapuntaron de la academia porque sus padres se quedaron en el paro, y me daba mucha pena abandonarles porque yo sé lo que es estar en el paro. Entonces decidí que grabar vídeos para YouTube iba a ser la solución. Empecé pensando que me iban a ver 40 chavales y ahora me siguen millones.

Y los del Global Teacher Prize es casualidad. Hace dos años me llega un email de la Fundación Varkey que es la que organiza el premio y me dice que tres de mis alumnos me han nominado. Me mandan un formulario a rellenar para validar mi candidatura, y lo relleno pensando que no me iban a seleccionar. Pero finalmente me metieron en el Top 50, después en el Top 10 y fui a la final a Dubai. No me considero ni el mejor profesor de mi pueblo. Es muy difícil hacer un ránking de profesores porque habrá muchos profesores maravillosos que sus alumnos no tendrán Internet y no les habrán podido nominar. Pero me lo tomo con mucho honor y con mucho orgullo, porque me ha permitido hablar de que los profesores son importantes o que su figura llegue a las noticias. Y creo que ese es el problema de la educación en este país.

Es decir, que los profesionales son buenos, pero el sistema no.

No todos los profesores son buenos, porque como en todas las profesiones hay profesionales buenos y malos. Hay quienes eran muy buenos al principio porque tenían mucha energía pero la han ido perdiendo por el camino, y a esos les digo que no se rindan y que se pongan las pilas, porque nuestro trabajo es muy importante. Creo, humildemente, que el problema en este país, es que los profesores no tienen una profesión de prestigio social como sí que tienen en otros países. Hasta que no se prestigie la profesión docente y a los profesores se les mire con respeto, y a los padres se les quiten las ganas de ir a quejarse contínuamente a los profesores, cosa que antes no se hacía; el país no irá bien. Pero para eso los políticos deben ponerse las pilas.

Si yo te dijera, “David, a partir de mañana eres el ministro de educación con carta blanca”. ¿Qué harías?

Nada más empezar haría que la carrera de magisterio fuera una carrera en la que entraran no solo los más brillantes, como ocurre en medicina, sino también aquellos que, aunque no saquen las mejores notas en matemáticas, o en química o en la asignatura que sea, demuestren una vocación, unas ganas de hacer cosas diferentes y ganas de innovar fuera de toda duda. No hace falta que para ser profesor haya que sacar dieces en todas las asignaturas pero debería ser parte de los requisitos. Debería ser difícil entrar en la carrera de magisterio, y acabarla también. Magisterio es la segunda carrera con menos tasa de fracaso, y la nota de corte también es de las más bajas. Eso, y además, darles a los profesores el sueldo que se merecen porque será muy difícil ser profesor. Cuando ocurra eso ya habremos ganado mucho. Y lo siguiente es que todos los profesores hablen entre ellos, y todos los directores de los centros también, y que entre todos se llegue a un pacto estable por la educación. Que no cambie cada cuatro años y que solucione todos los gravísimos problemas que hay a día de hoy.

“Haría que la carrera de magisterio fuera una carrera en la que entraran no solo los más brillantes sino también los que demuestren una vocación fuera de toda duda”

Comenzaste con el canal de YouTube en 2011. Muchos de los chavales y chavalas que sacaron primero y segundo de la ESO gracias a tus vídeos hacen en un mes escaso selectividad. ¿Te sientes orgulloso de que futuros universitarios, lleguen ahí, en parte, gracias a ti?

Me siento orgulloso incluso si no llegan a la universidad. Me siento orgulloso de todos mis alumnos aprueben o no, lleguen a la universidad o no, que también está la Formación Profesional que defiendo mucho. Para mí, lo más importante es que todos se pongan las pilas, que se esfuercen al límite y que se dejen la piel en lo que hagan. Si luego consiguen buenas notas o no, o si consiguen entrar en la carrera que querían o no, eso ya es secundario. Lo que les diría a los chavales que se van a enfrentar a la selectividad ahora es que trabajen muy duro, que les queda muy poco y que a partir de ahí no se preocupen mucho por la nota que van a sacar, que lo realmente importante será que lo han dado todo. Sobretodo que estén tranquilos, que no vayan presionados por la nota. El peor enemigo de un estudiante para la selectividad son los nervios. Yo me tiré tres días con un tick en el ojo del estrés que tenía. Que vayan tranquilos, que lo que han estudiado durante segundo de bachiller es mucho más difícil que lo que van a hacer en selectividad, aunque no se lo crean.

Para acabar te voy a plantear lo que en el libro dices que es imposible: viajar al pasado.

Que putada.

Si lo pudieras hacer y visitar al David Calle de 13 años, ¿crees que necesitaría tu ayuda?

Probablemente sí. Aunque yo estoy muy contento de todos los errores que he tenido por el camino. Y creo que el profesor que soy ahora o el ingeniero que fui en su momento depende de ese chavalillo de 13 años al que no le dieron mucha caña y le dejaron jugar. Le diría que mintiera en el examen del ejército y dijera que no necesita gafas, porque yo no pude ser piloto por eso. Le diría que fuera ambicioso, que pensara en grande, que no le diera miedo hacer cosas, que no tuviera miedo por fracasar, que el fracaso no importa.

Eso es lo que dices en tu primer libro, “No te rindas nunca”.

Sí, pero me ha costado 40 años descubrirlo. A lo mejor si lo hubiera descubierto con 20… Le hubiera dicho que cuando terminara la universidad que se fuera a trabajar al extranjero y que aprendiera inglés. Cuando terminara incluso el instituto que se fuera un año o dos a vivir al extranjero para aprender inglés y otras culturas. Mi lacra es el inglés, y creo que es muy importante que los chavales de 20 años salgan de sus casa y descubran cosas nuevas. Eso le diría. Y que tenga cuidado con la espalda que he terminado muy mal con ella.

Dedicatoria de David Calle a Pepucomag

 

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